Zapatillas de baloncesto icónicas: Reebok the Pump

·3 min de lectura
Photo credit: Reebok
Photo credit: Reebok

El All-Star de la NBA de 1991 se celebró en Charlotte, casa de los Hornets. Se trató de una edición histórica en la que participaron una mezcla de las estrellas de la NBA de los 80 como Larry Bird, Magic Johnson o Michael Jordan, junto a las nuevas estrellas emergentes como Charles Barkley o Chris Mullin. Pero quizá lo que más se recuerda de aquél año, es el concurso de mates.

El concurso en principio estaba un poco descafeinado debido a la ausencia de las estrellas que en los años anteriores habían competido. No quedaba ni rastro de Jordan, Dominique Wilkins o Spud Webb, y todo el mundo sabía que se acabaría decidiendo entre el jugador de los Celtics, Dee Brown, que todavía era casi un novato, y el ala-pívot de los Seattle, Shawn Kemp.

Finalmente sería Brown quien saldría victorioso, pero no son precisamente sus mates lo que más se recuerda, sino lo que ocurrió justo antes de que realizara el primero de ellos. Antes de dirigirse hacia la canasta, el jugador se paró un momento, se agachó, dejó la pelota en el suelo y comenzó a llenar de aire sus zapatillas mediante unas diminutas bombas en forma de pelota de baloncesto que tenían sus zapas en las lengüetas.

Tanto el público, como los comentaristas, como el resto de jugadores que presenciaron la escena, empezaron a vitorearlo. Con ese sencillo gesto, el jugador había realizado uno de los anuncios más sencillos y efectivos de la historia del marketing deportivo. Al día siguiente, cualquier fan del baloncesto solo tenía una cosa en su mente: “quiero unas Reebok the Pump”.

En realidad, las zapatillas ya llevaban un tiempo a la venta, habían sido lanzadas en 1989 como respuesta a los avances tecnológicos de Nike con sus Air Jordan. Reebok había perdido mucha cuota de mercado en el segmento del baloncesto y su presidente, Paul Fireman, había contratado a un nuevo ingeniero para que diera con algo que les hiciera recuperarse. El hombre elegido fue Paul Litchfield, y desde el principio todos estuvieron de acuerdo en que frente a la amortiguación mejorada de Nike, ellos querían ofrecer una mayor sujeción. Para ello se inspiraron en un modelo de botas de esquiar que se ajustaban por aire de la marca Ellesse, que recientemente haba sido adquirida por Reebok.

El diseño inicial no requería que el usuario hiciera nada, pues se hinchaba solo con el movimiento de sus pasos. Pero Litchfield y sus ayudantes se dieron cuenta de que a los usuarios les gustaba mucho más otro prototipo que requería que la bota se hinchara manualmente. A quienes las probaron les encantaba el sonido que producía el aire al entrar y salir y lo evidente del mecanismo que tenían entre manos.

Photo credit: Focus On Sport - Getty Images
Photo credit: Focus On Sport - Getty Images

Para redondear el modelo, al diseñador Paul Brown (el número de Pauls implicados en estas zapatillas es realmente llamativo), se le ocurrió que la bomba para inflar el mecanismo tuviera forma de balón de baloncesto: habían nacido las Reebok the Pump.

El modelo, a pesar de resultar mucho más caro que el promedio de zapatillas de la época, fue un éxito brutal, especialmente tras el All-Star del 91 y la marca hizo más de 500 millones de dólares con las ventas de este modelo.

Con el tiempo, Reebok extendió la tecnología the Pump a otros deportes como el tenis, el atletismo, el golf o el fútbol americano, y la tecnología, aunque pasó ya su momento de gloria, sigue utilizándose en muchos modelos de Reebok de la actualidad.