“Yo también me hubiera montado en el helicóptero de Kobe”

Kobe Bryant invitó al helicóptero a amigas de su hija y sus padres.

Si en las inmediaciones al Staples Center se percibe el luto silencioso de miles de personas que guardan sus respetos a Kobe y Gianna Bryant, en las instalaciones de la Mamba Sports Academy, en Thousands Oaks, se palpa la conmoción de unos habitantes que todavía están petrificados. Padre e hija nunca llegaron a su destino, pero tampoco lo hicieron dos compañeras de equipo de la pequeña de 13 años de edad, Alissa Altobelli y Payton Chester; la entrenadora asistente de Kobe, Christina Mauser, también se quedó en el camino. Cinco de las nueve víctimas, cuyos cuerpos ya han sido recuperados, jugaban o entrenaban al equipo. 

Dos días después del accidente, el goteo de locales que se acercan a recordar a los fallecidos sigue siendo constante. Las ofrendas florales son mayoría entre las muestras de cariño que ocupan el flanco derecho de la entrada a la academia. La estampa está llena de colorido y el recuerdo no es exclusivo para Kobe y Gigi

“Preferí no venir el domingo ni el lunes”, confesó a Yahoo! Gaby, una de las personas que acudieron este martes a mostrar sus condolencias. “Tampoco he ido aún al Staples Center, porque no me vi con fuerzas, quizás vaya mañana. Lo que más admiraba de Kobe es su compromiso con la comunidad. Construyó estas instalaciones hace poco tiempo y aquí se le quería mucho porque puso facilidades para que los niños pudieran hacer deporte”, señaló. 

Su hermana asiente y expande la tragedia a las otras personas que iban dentro del helicóptero. “Lo que es la vida. Si a mí me hubieran dicho de ir en helicóptero con Kobe Bryant, yo también me hubiera montado. Cómo iban a imaginar que acabarían así”. 

La reflexión de esta local es compartida por varias de las personas. Si Kobe te hubiera invitado a subir al helicóptero, ¿hubieras accedido? Ninguno de sus amigos y conocidos que se encontraron en el parking dieron una respuesta negativa. 

Gente rinden homenaje a las víctimas en el Mamba Sports Academy.

A Kobe se le había visto el día anterior al accidente en el polideportivo, precisamente haciendo lo mismo que tendría que haber hecho el domingo: entrenar al equipo de su hija. Su presencia solía causar expectación, pero según los vecinos que vivían cerca de este área de comercios, no se generaban episodios de fanáticos que trataban de acceder a él para hacerse fotos de manera irrespetuosa. Coinciden en que el vínculo entre Kobe y Gigi era “especial”, porque era la única hija con la que compartía su pasión: el baloncesto. 

“Aquí siempre se hablaba de que Gigi tenía futuro”, afirmó otro de los amigos de Gaby mientras buscaba imágenes de la segunda hija de los Bryant en YouTube. En pocos segundos, la pantalla del celular ya mostraba sus dotes, sus movimientos, sus certeros lanzamientos y su desparpajo. Esa niña alta con cierta semblanza a su padre apuntaba para ser una de las integrantes de la plantilla de las Huskies de la Universidad de Connecticut, su equipo preferido, cuando terminara el instituto. Bromeamos cuando comprobamos que Kobe también aparecía en el vídeo mientras dirigía al equipo. “Eso sí tiene que imponer a los rivales y a los árbitros”, afirmó este local.

Kobe creó un espíritu de comunidad en Thousand Oaks con su centro deportivo, ya que el complejo no solo cuenta con cinco pistas de baloncesto, otras tantas de voleibol, dos de volley playa y dos zonas para batear. También hay un gimnasio al que acuden vecinos de la zona a realizar planes de ejercicios personalizados o que forman parte de un paquete. Ser socio cuesta entre 150 y 450 dólares al mes. Pero la Mamba Negra también creó comunidad a menor escala. Todas las personas que viajaban junto a él y a su hija en el helicóptero eran parte del equipo de baloncesto o padres de jugadoras. Una vez retirado, Kobe solo tenía una cosa entre ceja y ceja: pasar tiempo con su familia. Eso implica tener cierta relación con las personas que comparten actividades con sus hijas. En el caso de Gigi, sus compañeras de equipo y sus familiares fueron los que formaron parte de este círculo. Eran gente normal que nada tenía que ver con el tipo de personas con las que se codeaba Kobe en general. Se trataba del tipo de personas a las que probablemente les hacía ilusión viajar en helicóptero con un personaje de tal calibre. 

No llegaron a Thousand Oaks el domingo y el equipo de baloncesto ha quedado roto. El centro deportivo estaba en plena ebullición el día de la tragedia. Equipos jugando, otros a punto de comenzar sus partidos, otros finalizando.

“Los fines de semana, este parking está lleno”, agregó uno de los presentes en el corrillo. 

A medida que el rumor se convirtió en realidad, todos los entrenadores comenzaron a aglutinar a sus equipos, hincaron la rodilla y algunos rezaron mientras otros simplemente pensaban en los que faltaban, en los que nunca llegaron. Desde ese momento, la energía cambió en Mamba Sports Academy. Pasaron de la fiesta de los partidos al vacío más inexplicable. Será a través del deporte como los asistentes al complejo deportivo consigan erguir la cabeza de nuevo. A la larga, ése será el mejor homenaje que Kobe, Gigi y el resto de fallecidos puedan recibir. Las flores se marchitan pero el espíritu deportivo nunca mengua.

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