Ya tenemos la primera especie extinta de la década

Ya tenemos la primera especie extinta de la década

El debate sobre si 2020 empieza una década o un decenio tal vez no tenga fin. Lo que por desgracia sí ha tenido fin es la existencia del pez espátula del Yangtsé (Psephurus gladius), que ha sido declarado oficialmente extinto.

Tampoco podemos decir que sea algo que haya pillado por sorpresa a los científicos. Esta especie llevaba ya mucho tiempo amenazada, y finalmente, después de varios años sin encontrar ningún individuo, se puede hacer oficial su extinción.

Pero ¿quién es el pez espátula del Yangtsé, y por qué es importante? Se trata de un pez de unos tres metros y medio de longitud y 250 kilos peso, que tenía su hábitat en uno de los mayores ríos del mundo.

Pertenecía a un grupo biológico, el de los peces espátula, que fueron relativamente numerosos en la antigüedad pero del que hoy en día sólo quedaban el del Missisippi y el del Yangtsé. Este grupo apareció hace 75 millones de años, y compartieron espacio y sobrevivieron a los dinosaurios.

Pero el pez espátula del Yangtsé no ha sido capaz de sobrevivir a los humanos. Porque nuestro papel en su desaparición es claro y evidente. Esta especie ha desaparecido por los impactos humanos sobre su ecosistema.

El Yangtsé es un río enorme, pero también uno muy modificado por el hombre. La calidad del agua del río es muy baja, debido a la polución y contaminación provocada por el ser humano. La presencia de embarcaderos y puertos fluviales en el río impide que la fauna, incluyendo al pez espátula, puedan usar todo el ecosistema, y evidentemente la pesca – tanto del pez espátula como de otras especies de las que depende – tampoco ayudan.

Pero tal vez el factor que más haya contribuido son los embalses que se han construyendo en el Yangtsé. El pez espátula es – o mejor dicho, fue – una especie anádroma. Es decir, que vive principalmente en agua salada, pero para remonta los ríos para aparearse. Vaya, la misma estrategia que siguen los salmones.

Y al igual que los salmones, si se encuentran obstáculos como presas o embalses, no consiguen llegar a sus lugares de freza o puesta. Y si no remontan no se reproducen, lo que al final lleva a la extinción de la especie. Por mucho que se trate de criar a esta especie – o alguna similar – en cautividad, no es posible si no se soluciona este problema.

La desaparición de cualquier especie es un fracaso para la conservación de la naturaleza. Pero el caso del pez espátula al menos puede servirnos para aprender de los errores y estar mejor equipados para los siguientes casos. Sea o no la primera de una década.

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