Ya puedes brindar a gusto: la cerveza sube de categoría y pasa de bebida saludable a ‘alimento funcional’

Las bebidas fermentadas tienen un efecto protector siempre y cuando su consumo sea moderado y se combine con un estilo de vida saludable

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La cerveza nos aporta vitaminas, minerales y sustancias con propiedades funcionales. (Foto: Getty Images)

Que si alimenta tanto como un filete, que si podríamos vivir solo de este brebaje milagroso, que no es (en absoluto) responsable de la curva de la felicidad masculina, que si se la dan a los bueyes para que su carne sea más jugosa y menos grasa… Podríamos pasarnos toda la mañana elucubrando sobre las bondades de la bebida más popular del mundo, porque dichos ‘saludables’ sobre sus beneficios los hay a tutiplén, aunque lo que te traigo hoy es mucho más interesante.

A partir de 2020, en Estados Unidos, será obligatorio que aparezcan los valores nutricionales en los envases de cerveza, según publica Quo. Así todos sabremos lo que estamos bebiendo.

Según el Centro Médico de la Universidad de Maryland esta bebida contiene importantes minerales y vitaminas. Por eso, el departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), organismo encargado de publicar los valores nutritivos de alimentos y bebidas, ya tiene preparado lo que veremos cuando compremos una lata de cerveza.

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Algunos nutrientes que pueden encontrarse en la cerveza inhiben la pérdida de masa ósea y enlentecen la osteoporosis. Por ejemplo, las flavonas. (Foto: Getty Images).

La cerveza es una bebida resultante de fermentar, mediante levadura seleccionada, el mosto procedente de malta de cebada, solo o mezclado con otros productos amiláceos transformables en azúcares por digestión enzimática, cocción y aromatizado con flores de lúpulo.

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Estos son sus ingredientes principales:

  • Agua. Representa entre un 85 y 92% de la composición de la cerveza, pero claro, esto depende del tipo de cerveza que se vaya a fabricar. En general, por cada litro de cerveza se utilizan en torno a los 3 y 5 litros de agua. Pero si hablamos de la ‘huella hídrica’ de la cerveza, la totalidad de agua utilizada en toda la cadena de suministro (desde el campo hasta el bar donde te sirven tu cerveza bien fría), la cosa se desmadra.

  • Lúpulo. Es un sedante suave y al mismo tiempo de sabor amargo que estimula el apetito. Sus frutos, desecados, se emplean para aromatizar y dar sabor amargo a la cerveza. Además actúa como una especie de tónico estomacal que evita problemas de tránsito lento o digestión débil, y está considerado un potente afrodisíaco.

  • Malta. Es el producto final del tratamiento que recibe la cebada (materia prima de la cerveza). Esta ‘cebada germinada’ aporta a la fórmula carbohidratos, minerales, trazas y ácidos orgánicos, vitaminas y aminoácidos.

Pero además en la cerveza encontramos alcohol (unos 4,5 gramos por cada 100 mililitros), anhídrido carbónico, que facilita que ésta carezca de microorganismos patógenos, y fibra alimentaria en cantidades pequeñas que provienen de la malta.

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Si queremos ahondar en la materia y ser más exactos tendríamos que decir que la cerveza contiene hidratos de carbono, etanol, proteínas y aminoácidos, minerales, ácidos orgánicos, vitaminas, compuestos fenólicos, componentes amargos de lúpulo y derivados, aceites esenciales y derivados, purinas, compuestos alcohólicos y aminas biógenas.

Y todo esto, ¿nos alimenta? Así es, incluso aunque contenga alcohol porque un consumo moderado tiene efectos positivos para el organismo ya que aumenta el colesterol asociado a las lipoproteínas de alta densidad (HDL), reduciendo los riesgos de enfermedades y accidentes cardiovasculares.

De acuerdo con la Escuela de Salud Pública de Harvard (EE.UU.), los bebedores moderados tienen entre un 30 y un 35 por ciento menos posibilidades de sufrir un ataque cardíaco que los no bebedores. Otro estudio asegura que los bebedores de cerveza se cuidan más y comen mejor.

En el caso de las mujeres, según recoge el libro “Mujer, Ginecología y Cerveza”, editado por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), el consumo moderado de cerveza, por los ingredientes naturales con los que está elaborada, puede tener efectos beneficiosos para la salud de la mujer en diferentes etapas de su vida como el embarazo, la lactancia, la menopausia o la vejez.

Sobre todo, gracias a su efecto estrogénico reduce el riesgo de sufrir lesiones coronarias o osteoporosis, la enfermedad más común en mujeres.

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El consumo moderado de cerveza, en adultos sanos, produce un efecto beneficioso. (Foto: Getty Images)

Sin embargo, a pesar de todo esto, es necesario tener en cuenta que, en cantidades excesivas, el alcohol modifica las pautas de comportamiento, causa trastornos hepáticos y pancreáticos, cardiovasculares, del sistema nervioso y digestivo y cirrosis hepática.

Por otro lado, cabe recordar que al ser una bebida natural, su contenido en alcohol es bajo. Además la cerveza contiene muy pocas calorías (42 Kcal), menos que un vaso de jugo de manzana, leche o un refresco, y carece de azúcar y grasas. Funciona como diurético, por que es rica en potasio y baja en sodio, lo que ayuda a limpiar el organismo.

La versión con alcohol aporta 45 kcal por 100 ml y 19 la sin alcohol. No hay diferencias sustanciales entre las calorías de los distintos tipos de cerveza: negra, de trigo, de cebada… Todas son similares en cuanto calorías.

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Sin embargo, sí que existen otras diferencias a tener en cuenta. Por ejemplo, las “rubias” no tienen cafeína, azúcar, ni vitaminas A, D o C, y tampoco aportan ningún tipo de ácido graso. Pero sí tienen un alto contenido en minerales y en vitaminas del grupo B.

El silicio es el más importante de los minerales que aporta la cerveza, un elemento que favorece los procesos de formación ósea. La cerveza contiene aproximadamente 36 mg/l de silicio biodisponible. Otros minerales que contiene son magnesio, potasio y muy poco sodio.

Pero quizás el más importante de los minerales que aporta sea el silicio. Un estudio de la Universidad de Tufts afirma que dos latas de cerveza contribuyen a mejorar la densidad ósea. Aunque también señalan que aquellos que bebían más de esta cantidad tenían una menor densidad mineral en los huesos.

También hay que destacar su aporte en flavonoides, que actúan como antioxidantes previniendo el daño celular. De hecho el Instituto Linus Pauling de la Universidad Estatal de Oregon, señala que la cerveza, especialmente la lager, tendría una mayor concentración de antioxidantes que el té verde, lo que no quiere decir que beber cerveza sea más sano que dicha infusión, ya que también hay que tener en cuenta las calorías (153 kilocalorías en una lata) y el contenido del alcohol de la cerveza.

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Por otro lado, la cerveza contiene unos antioxidantes naturales (los polifenoles) que nos protegen frente a enfermedades cardiovasculares reduciendo la inflamación de las arterias y limpiando el cuerpo de sustancias oxidantes que son responsables del envejecimiento del organismo. Además tienen una alta capacidad anticancerígena.

Un estudio realizado por la Universidad de Barcelona específicamente sobre vinos y cerveza destaca que estas bebidas reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes y ciertos tipos de cáncer, como el de ovarios, próstata o colon.

De hecho, la Escuela de Salud Pública de Harvard asegura que “los bebedores moderados tienen entre un 30 y un 35% menos posibilidades de sufrir un ataque cardíaco que los no bebedores”.

Por último, nos quedarían las maltodextrinas, unos carbohidratos que se metabolizan lentamente y liberan poco a poco unidades de glucosa en la sangre. Gracias a esta liberación lenta no se produce un pico elevado y puntual de glucosa en sangre, lo que evita que aparezcan episodios de hiperglucemia o hipoglucemia.

Por este motivo, la cerveza, y especialmente la que no contiene alcohol, es una bebida muy recomendada para deportistas.

Por cierto, para los despistados, medio litro de cerveza contiene 25 gr de alcohol, una cifra por debajo de los 30 gr, que es el límite a partir del cual el alcohol es perjudicial para la salud.

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Así que un consumo moderado se traduce en tres cañas en los hombres (el equivalente a medio litro) y dos en las mujeres (un tercio de litros). No matéis al mensajero, que no se trata de una recomendación de un grupo de expertos machistas, sino de factores metabólicos y genéticos que hacen que la mujer metabolice más lentamente el alcohol favoreciendo el efectos tóxico del mismo.

“Las mujeres tienen solo una encima en la pared del estómago que para metabolizar el alcohol, mientras que los hombres tienen más. Por esto, a ellas les sube más el alcohol en sangre”, concluye el Dr.Ramón Estruch, consultor de Medicina Interna del Clínic de Barcelona.

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