William Haines, el actor que desafió a Hollywood abandonando el cine por el hombre de su vida

Hollywood está arrasando en Netflix. Lo nuevo de Ryan Murphy ha devuelto la pasión por las anécdotas de la meca del cine a través de un cuento idealizado del Hollywood que nunca fue. En esta serie de 7 episodios vemos cómo una joven afroamericana logra protagonizar un largometraje y cómo personajes homosexuales se atreven a salir del armario logrando un apoyo que no tuvieron en los años 40s. Por aquel entonces, los artistas de la comunidad queer vivían en secreto su condición para no ser relegados por la industria. Sin embargo, y aunque la serie sea el reflejo soñador de un idealista, sí hubo un actor que se atrevió a romper los moldes de la era y puso en riesgo toda su carrera por amor.

Durante el tercer capítulo de la serie, cuando tiene lugar una fiesta en casa del director George Cukor, el personaje de Jim Parsons, el agente Henry Willson -que existió en la vida real- cuenta brevemente al protagonista masculino, Jack Castello (David Corenswet) la anécdota de William Haines, un actor que había dejado el cine cuando el estudio lo amenazó con destruir su carrera si no dejaba al hombre que amaba. Y esta es su magnífica historia real.

William Haines en Show People (1928)

Pocos lo recuerdan a pesar de haber sido una gran estrella del cine mudo. Pero muchos deberían. William Haines fue uno de los reclamos de taquilla de los años 20 que lo dejó todo para vivir libremente cuando Hollywood le dio un ultimátum: regresa al armario o deja tu carrera.

Él escogió al amor de su vida.

Existen cientos de historias en Hollywood que nos hablan de estrellas bisexuales u homosexuales que pasaron casi toda su vida encerrados en el armario. Con llave y candado. Durante mucho tiempo, tanto que parece que fue ayer, ser gay era veneno para los estudios de cine. Y William Haines fue la primera estrella abiertamente homosexual.

Fue uno de los pocos artistas que tras triunfar en el cine mudo tuvo una transición fácil hacia el sonido, cuando la mayoría se perdió en el camino sin encontrar su lugar cuando las voces comenzaron a contar historias. William “Billy” Haines era una de las estrellas que más dinero recaudaban para las arcas de la industria entre 1920 y 1930. El público lo adoraba.

Pero su vida personal no era del agrado de Louis B. Mayer, el gran jefe de MGM. A comienzos de 1926, el actor comenzó a vivir abiertamente su vida como hombre homosexual compartiendo su hogar con Jimmie Shields. Es más, eran una de las parejas más populares entre la socialité de Los Angeles; los famosos de la industria eran sus amigos más cercanos, como Joan Crawford, Marion Davies, Jean Harlow y Gloria Swanson. Eran invitados a todas las fiestas, y en el circuito cerrado de las estrellas, a nadie le importaba su sexualidad. Pero aquellos que ponían el dinero para hacer sus películas no estaban conformes con su faceta privada, repitiendo el prejuicio de siempre de quienes creen que la sexualidad de un artista define su relación con el público.

Entre 1926 a 1931, y gracias a éxitos como La estudiante (1926) y Tell it to the marines (1926), William era una de las 10 estrellas más taquilleras de Hollywood. Según uno de los jefes de MGM, Irving Thalberg, Haines era el símbolo de la masculinidad juvenil de la época y el nuevo modelo del héroe romántico del cine. Pero mientras él decía esas palabras, como recoge Slate, todo Hollywood sabía la verdad: Billy era un hombre feliz junto a otro hombre.

Joan Crawford y William Haines en Fiebre de primavera (1927, MGM)

Pero un día de 1933, en la cresta de la ola, Mayer lo llamó a su oficina para darle un ultimátum. Lo habían visto con otro hombre y querían callar los rumores sobre su sexualidad. El productor le propuso que contrajera matrimonio. Uno ficticio con una actriz y así mantenían “su imagen” intacta y la del estudio. Si no lo hacía, Mayer no seguiría dándole lugar en sus películas.

Cuenta la historia que en ese momento, Haines lo miró a los ojos y le dijo: “Pero ya estoy casado”. Por supuesto, él no hablaba de una boda secreta, sino de su relación de siete años con ese hombre, Jimmy Shields.

Nacido en Staunton, Virginia, un 2 de enero de 1900, William se enamoró del cine siendo pequeño y llegó a Hollywood tras ganar un concurso de talentos en 1922. Al año siguiente ya hacía su primer largometraje Tres solterones discretos y los ejecutivos de MGM se quedaron tan impresionados que enseguida comenzaron a ensalzar su imagen de estrella.

Cuatro años después conocía a Jimmy en Nueva York. Nadie sabe la historia exacta de cómo se conocieron, solo que Haines le prometió llevarlo a Hollywood a trabajar como extra y enseguida se enamoraron viviendo como pareja. Haines triunfaba en su carrera y en el amor, pero Louis B. Mayer sabía que el público era tan conservador como él por entonces, y creía que su estilo de vida podía llevar a la ruina al estudio. Pero cuando le dio el ultimátum, William y Jimmy eran inseparables.

Y en su caso, solo veía una sola salida: ser fiel a sí mismo. William decidió aceptar el despido y su carrera como actor llegó a su fin.

No sabemos lo que habrá sufrido en las paredes de su hogar al decirle adiós a su carrera, pero ni corto ni perezoso, no se quedó en casa encerrado sufriendo por un tiempo que no volvería. Junto a su pareja abrieron una empresa de decoración de interiores llamada ‘William Haines Designs’. ¿Y, adivinan?

Fue todo un éxito.

Daban consejos gratuitos a sus amigos famosos y muchos de ellos se convirtieron en sus clientes. Como Joan Crawford, que les pidió que redecoraran toda su casa. Según ella, William y Jimmy formaban “el matrimonio más feliz de Hollywood”.

Su historia tomó un tono oscuro cuando en 1936 fueron arrastrados fuera de su casa en Manhattan Beach hasta la playa, donde 100 miembros del Ku Klux Klan los golpearon violentamente. Al parecer, un vecino los había acusado de ofrecer una propuesta indecente a su hijo. El suceso enfureció a Hollywood que enseguida se puso de parte de la pareja y pedían el encarcelamiento de todos los involucrados, incluso el vecino, por acusarlos sin fundamentos ni pruebas. Al final, la pareja no presentó cargos y ellos tampoco fueron procesados debido a la falta de evidencia.

Jimmy y William siguieron juntos el resto de sus vidas hasta la muerte de Haines en 1973 por cáncer de pulmón. Pero Jimmy no pudo superar su ausencia. Tras 47 años juntos, se puso los pijamas de su pareja y tomó una botella entera de pastillas, dejando una nota que decía: “Adiós a todos los que intentaron con todas sus fuerzas reconfortarme por la perdida de William Haines, con quien estuve desde 1926. Ahora me resulta imposible seguir solo, me siento muy solo”.

Sus restos están enterrados, uno al lado del otro, en el Cementerio Woodlawn de Santa Monica.

Lo cierto es que si bien la comunidad LGBTQ hoy vive, por fin, su momento de mayor reconocimiento y oportunidades en Hollywood -aunque todavía queda camino por recorrer- la lucha fue ardua y dura. Sin embargo, la comunidad homosexual del Hollywood más clásico y su Edad Dorada es completamente invisible. Como si nunca hubiera existido. Se sabe poco o más bien nada y siguen siendo un enigma. Y de los que se sabe algo queda el rumor de “bisexualidad”, como si así fueran más aceptados. (Si les interesa, existe un documental de 1995 titulado El celuloide oculto sobre la presencia y el retrato de personajes homosexuales en el cine).

Sin dudas, una historia maravillosa, romántica e inspiradora que nos recuerda que el amor no conoce de fronteras. Lo triste es imaginar cuántos actores habrán pasado por lo mismo, quizás viéndose obligados a vivir una vida de mentiras; e incluso aquellos que todavía están sintiendo el estigma creyendo que su sexualidad los define como artistas. Conozcamos y compartamos entonces la historia de William Haines que nos inspira a todos a seguir nuestro corazón, sin importar tu condición.

Si un día te encuentras de paseo por el Boulevard de Hollywood, busca su estrella. Está en el 7012 Hollywood Blvd.

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