‘Will y Grace’ termina por segunda vez con un final más frío y decepcionante que el primero

ESTE ARTÍCULO INCLUYE SPOILERS DEL FINAL DE ‘WILL Y GRACE’

En plena ola de nostalgia televisiva son muchas las series que han vuelto después de muchos años, ya sea en forma de secuela como Twin Peaks o Las chicas Gilmore, spin-offs como Madres forzosas o remakes para las nuevas generaciones como Embrujadas. En 2016 le tocó el turno a Will y Grace, mítica sitcom de los 90 que originalmente se emitió durante ocho temporadas, entre 1998 y 2006. La serie regresó con una nueva temporada en un principio “limitada”, pero la acogida del revival, emitido en España por Movistar+, fue tan buena que se extendió a dos más. 

Cortesía de Movistar+

Ahora toca despedirse por segunda vez de Will, Grace, Jack y Karen. El segundo y ahora sí definitivo final de Will y Grace ha llegado. Y lo ha hecho envuelto de polémica por la pelea que han vivido sus protagonistas en la vida real y la decepción de los fans por una última temporada que se ha visto evidentemente afectada por los problemas detrás de las cámaras. La intención era corregir el desenlace original, que dividió fuertemente a los fans de la serie, pero el resultado no ha sido el deseado. En su lugar, Will y Grace se despide dejándonos a muchos con mal sabor de boca.

Para quien no esté muy familiarizado con ella, Will y Grace es junto a Friends una de las comedias más exitosas de la historia de la cadena NBC. Aunque en España no fue tan popular como en su país, su espíritu transgresor revolucionó el prime time estadounidense con dos protagonistas abiertamente gays y una labor de visibilización de la homosexualidad que recibió muchos elogios (también críticas por caer en demasiados estereotipos) y marcó un antes y un después en televisión. El genial cuarteto protagonista, formado por Eric McCormack, Debra Messing, Sean Hayes y Megan Mullally, se convirtió en una institución de la comedia, recibiendo todos ellos premios Emmy (Mullally en dos ocasiones).

Después de ocho temporadas, la serie se despidió en 2006 con un final ambicioso y arriesgado en el que Will y Grace se peleaban y pasaban veinte años sin verse. Después de romper su amistad por culpa de sus parejas, ambos tomaban caminos separados, reencontrándose dos décadas después, al dejar a sus hijos en la universidad. La serie terminaba originalmente con los cuatro protagonistas (todos envejecidos menos Karen, que como todos saben, es inmortal) juntos de nuevos en un bar, dispuestos a recuperar el tiempo perdido.

Cuando los creadores de Will y Grace, David Kohan y Max Mutchnick, decidieron traer de vuelta la serie, estudiaron las posibilidades de continuación para aquel final y se dieron cuenta de que era imposible mantener las dinámicas originales de los personajes con hijos, por no hablar de que Will y Grace perdieron el contacto durante veinte años, lo cual complicaba las opciones. ¿Cuál fue la solución? Recurrir al típico “todo fue un sueño” y fingir que aquel final nunca había ocurrido.

Al principio funcionó, sobre todo gracias a la química entre los cuatro protagonistas, que permanecía intacta once años después. McCormack, Messing, Hayes y Mullally volvieron a sus personajes como si el tiempo no hubiera pasado por ellos. Además, la serie aumentó su carga reivindicativa y política (anti-Trump) para justificar su regreso y hacerla más actual, lo cual le añadía valor más allá de la mera nostalgia. La audiencia respondió y el revival, inicialmente planeado para solo 10 episodios, fue renovado para dos temporadas más. Todo marchaba sobre ruedas y parecía que a Will y Grace le quedaba cuerda para rato. Pero entonces ocurrió algo con lo que no contábamos: sus protagonistas se pelearon en la vida real.

Cortesía de Movistar+

El pasado mes de julio se anunció que la tercera temporada del reboot (undécima en total) sería la última. Los índices de audiencia habían caído bastante, pero más tarde se achacó la decisión a una intensa disputa entre Mullally y Messing. Según los rumores, Hayes se habría puesto de parte de Messing (los dos dejaron de seguirla en redes sociales), mientras McCormack se mantuvo neutral intentando llevarse bien con todos. Como resultado de esta pelea, cuyos motivos no han sido desvelados, la tensión en el set de Will y Grace se hizo insostenible y Mullally decidió tomarse dos semanas libres antes de volver para grabar el final. Inmediatamente, se extendió entre los fans el miedo a que la serie se viera perjudicada por la ausencia de Karen en varios episodios y las desavenencias entre los actores. Aunque los intérpretes y productores trataron de quitarle hierro al asunto, un año después, Will y Grace ha llegado a su fin por segunda vez y podemos confirmar que se cumplieron nuestros peores miedos.

Esta última temporada ha sido la peor del revival. Y probablemente de toda la serie. El primer capítulo ya nos hacía sospechar lo peor al ver que los cuatro protagonistas aparecían juntos en una sola escena. En otro contexto, esto no tenía por qué significar nada, pero en los siguientes episodios continuó esta tendencia, manteniendo a Karen separada de muchas de las tramas principales, eliminando las escenas en la oficina de Grace, utilizando al personaje de Vanessa Bayer, Friday, como su sustituta y lo que es peor, alejando a Karen de Jack, con el que había formado hasta ese momento la que es para muchos la pareja más divertida de la serie. Will y Grace son los que dan título la serie, pero Jack y Karen son los que le dan ese toque tan especial. Sin ellos no es lo mismo.

Claramente, el reparto no supo resolver sus diferencias y los guionistas se vieron obligados a escribir los 18 episodios finales teniendo esto en cuenta. Personalmente, ver la última temporada de Will y Grace ha sido doloroso, porque en cada capítulo se puede ver que la relación entre los actores ya no es como antes. Sabiendo lo que ha ocurrido detrás de las cámaras, es inevitable fijarse en pequeños detalles como el hecho de que Mullally apenas tiene diálogos con Messing o que, las pocas veces que comparten escena, parecen evitar tocarse por todos los medios. Llamadme paranoico, pero se puede ver en estas fotos promocionales del episodio homenaje a I Love Lucy, que incluía varios abrazos grupales en los que Mullally parece hacer lo posible por no tocar a Messing mientras el resto se abraza efusivamente.

Y lo más triste es que eso no es lo peor. Ver a Karen separada de sus compañeros, en especial de Jack, ha hecho mella en la serie y en los espectadores, pero lo que ha terminado de truncar esta última temporada ha sido el devenir de sus tramas centrales y su último capítulo. En este momento creo que es necesario aclarar que yo soy defensor a ultranza del final original de Will y Grace, por lo que reconozco que esto podría haber influido en mi valoración. Muchos fans consideraron que el primer final traicionaba el espíritu de la serie al separar a los protagonistas durante veinte años por una pelea. En mi opinión, no es así para nada

La amistad entre Will y Grace nunca brilló por ser muy sana, al contrario, siempre fue tremendamente disfuncional. Por muy asentada que estuviera su relación, es lógico que en algún momento se rompiera y se separasen. Pero no solo eso, sino que su separación era fiel a la realidad, por muy triste que nos parezca. En el mundo real, incluso las mejores amistades se deterioran y las personas se distancian, es ley de vida. Lo bueno es que, a pesar del golpe que suponía la pelea entre Will y Grace, el tiempo acababa poniendo las cosas en su sitio y ambos acababan retomando su amistad, poniendo un broche de oro optimista a la serie. Es decir, a pesar de todo, Will y Grace tuvo su final feliz.

Pero fue para nada, porque según el revival, ese final nunca existió. Kohan y Mutchnick han aprovechado esta segunda oportunidad para enmendar lo que para ellos fue un error durante la emisión original de la serie. Lo que han hecho ha sido reciclar la trama en la que Will y Grace deciden ser padres, solo que eliminando un elemento importante de la ecuación: sus respectivas parejas. La decisión viene motivada por un deseo de actualizar la historia para hablar de familias alternativas, algo completamente loable y en línea con el espíritu reivindicativo de la serie y los tiempos que vivimos. En el final original, Grace volvía con su exmarido, Leo (Harry Connick Jr.), anteponiendo el deseo de una familia tradicional a su amistad con Will. En el nuevo final, Will y Grace deciden mudarse a las afueras para criar a sus hijos juntos. La familia puede tener muchas formas, y esta sería una de ellas.

Según Kohan y Mutchnick, el primer final “está escrito desde la versión ideal de una relación heterosexual”, es decir, “la fantasía definitiva de una historia de amor entre un hombre y una mujer” (Deadline). Esto es cierto. Lo que frustraba la amistad entre Will y Grace era la idea de que el único futuro posible para ellos, y más concretamente para Grace, era tener una familia nuclear tradicional. En 2020, las cosas han cambiado y ambos se dan cuenta de que hay más opciones. Como dicen sus creadores, “ahora es más aceptable que estas dos personas vivan juntas bajo el mismo techo y tengan amantes, y aun así puedan considerarse a sí mismos una familia americana, un hombre gay y una mujer heterosexual que se adoran y hablan el mismo idioma, así que deciden criar a sus hijos juntos”.

Es un mensaje bonito y oportuno, pero viene empañado por todo lo mencionado anteriormente. La última temporada de Will y Grace ha estado marcada por tramas repetitivas y rancias (el manejo de la bifobia de Will fue especialmente criticado), episodios sin gracia y el distanciamiento de Karen. En estos capítulos finales hemos visto a Grace lidiando con el miedo a ser madre soltera de más de 40, a Will afrontando las mismas dudas, en su caso después de decidir ser padre vía gestación subrogada (tema cuyas implicaciones morales no han sido apenas exploradas, quizá porque en Estados Unidos está más socialmente aceptado que en otros países), a Karen dirigiendo un equipo de béisbol mientras asumía su divorcio de Stan y a Jack disfrutando de la vida de casado y emprendiendo nuevas aventuras profesionales. Ha sido como revivir el pasado, pero sin la misma magia.

Y así llegamos al último capítulo, un final desganado y frío que ha dejado a muchos fans con la sensación de estar incompleto. En solo 20 minutos (el primer final duró el doble), los guionistas despachan a los personajes dándoles sus finales felices de la forma más precipitada. Jack por fin tiene su debut en Broadway, pero no vemos la actuación, Karen vuelve con Stan, reduciendo su personaje a una relación que se agotó hace mucho tiempo, y Will y Grace se mudan juntos a una nueva casa con la idea de criar a sus hijos como una familia, dejando la puerta abierta a una posible reconciliación de Will y McCoy (Matt Bomer) o una futura pareja para Grace (para eso tienen dos habitaciones de matrimonio). Sin embargo, no vemos a Grace dar a luz, no vemos a los bebés, ni siquiera los vemos instalarse en su nueva casa, haciendo que este desenlace se antoje incompleto e insatisfactorio. Falta emoción, falta cierre, falta una segunda parte. Da la impresión de que esta vez no se están despidiendo de los personajes que empezaron a interpretar hace 22 años, sino simplemente cumpliendo un contrato para terminar cuanto antes.

Aun recuerdo la emoción a flor de piel de Megan Mullally cantando Unforgettable junto a Sean Hayes al piano en el final de 2006, la felicidad de ver a Will y Grace resolviendo sus diferencias y volviendo a ser amigos, y en definitiva, las lágrimas por un final agridulce pero totalmente genuino y honesto. El nuevo final de Will y Grace lanza un precioso mensaje, representando una sociedad más avanzada en la que la idea de la familia ha evolucionado. Una mujer heterosexual y un hombre gay pueden ser padres y pueden dar a sus hijos un hogar lleno de amor, aceptación y tolerancia. Sin embargo, es inevitable sentir que esta idea no llega a materializarse con el sentimiento que debería. Es un segundo adiós que suena menos sincero que el primero. Y lo peor es que esta vez es definitivo. Es para siempre.

En 2016 celebré el regreso de Will, Grace, Jack y Karen, pioneros de la sitcom que nos hicieron reír y contribuyeron a que la televisión fuera un lugar más tolerante e inclusivo. Seguían siendo ellos y seguían siendo necesarios. Siempre estaré agradecido a esta serie y guardaré mucho cariño a sus personajes, pero después de un final de revival decepcionante y manchado por la enemistad de sus protagonistas, me pregunto si Will y Grace debió volver. Por eso he tomado la decisión de que para mí, este segundo final también ha sido un sueño

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