He visto la mitad del primer capítulo de 'Élite' y salí despavorida

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Élite regresó a Netflix el pasado 8 de abril con una quinta temporada que ha vuelto a coronarla como uno de los mayores fenómenos de la ficción española. Es decir, solo hay que entrar a la plataforma y ver lo rápido que se ha acomodado en la primera posición del ranking de lo más popular del servicio. Sin embargo, confieso que no termino de comprenderlo.

A sabiendas del fenómeno que rodea a esta serie volví a darle una oportunidad dando ‘play’ al primer capítulo de la nueva temporada. Pero no tardé ni 30 minutos en apagarlo y salir despavorida.

Fotograma de la quinta temporada de Élite (cortesía de Netflix)
Fotograma de la quinta temporada de Élite (cortesía de Netflix)

Élite devuelve a los espectadores al colegio Las Encinas con otro misterio criminal en un entorno de adolescentes privilegiados con un apetito sexual insaciable. Vamos, que mi adolescencia fue de cuento Disney al lado de estos chicos. De esta manera, la quinta temporada retoma los dramas personales que quedaron inconclusos en la temporada anterior mientras suma nuevas historias a una trama que desde su arranque no parece aportar nada nuevo o no visto hasta ahora. Relaciones tóxicas, amistades rotas, nuevos alumnos guaperas, un director de instituto ridículamente villanesco y la intención sexual en las duchas vuelven a rellenar los minutos de esta serie que, básicamente, repite la misma fórmula que la hizo flaquear con su cuarta temporada.

Solo hay que ver las reacciones de los espectadores en sitios de recopilación de críticas para tener una noción de la recepción opuesta. La primera, segunda y tercera temporada fueron recibidas con los brazos abiertos por sus seguidores, como recogen las altas puntuaciones de RottenTomatoes. Sin embargo, la cuarta cayó en un pozo profundo de decepción y hartazgo mientras la quinta enfila por el mismo camino.

Cuando una serie estrena nueva temporada se suele buscar el enganche definitivo con ‘ganchos’ suficientes como para dejar a los espectadores pendientes del desarrollo de la historia. Existen muchos ejemplos que lo demuestran, desde Sex Education, La casa de papel, You, Los Bridgerton, La maravillosa Sra. Maisel y tantas series modernas que han sido fenómenos a lo largo de varias temporadas con éxito merecido. Pero la quinta temporada de Élite comienza con personajes traumatizados o enfadados con la vida (según el caso), un director de instituto que repite la misma fórmula de señorita Rottenmeier, nuevos personajes privilegiados y subidos en la nube del club de los guapos con los que es imposible empatizar o sentirse representado, y más sexo o insinuaciones sexuales como mera estrategia para el desfile gráfico morboso. Y eso lo recopilé en tan solo en treinta minutos.

Fotograma de la quinta temporada de Élite (Cr. Matías Uris/Netflix © 2021)
Fotograma de la quinta temporada de Élite (Cr. Matías Uris/Netflix © 2021)

Y sí, lo confieso, a mitad del primer capitulo la sangre me pedía que apagara. Que la cosa no era para mí. De todos modos me gustaría aclarar que no me considero una espectadora mojigata. Es más, con la cantidad de historias que pasan por las retinas de los críticos de cine y series, no creo que sea una cualidad que encaje precisamente con nuestra profesión. Sino, lo que quiero decir, es que mi reacción no tuvo solamente que ver con las insinuaciones sexuales de Patrick (Manu Ríos) al nuevo del instituto (André Lamoglia) en la ducha mientras están rodeados de compañeros y en pleno colegio, ni su necesidad de usar el sexo sin ataduras como desahogo emocional con la escena que comparte con Omar (Omar Ayuso). No van por ahí los tiros. Sino que me topé con el arranque de una serie que me proponía más de lo mismo. Y eso aburre a cualquiera, sobre todo al espectador mayor de 18 años con muchas series y películas en el bolsillo.

Más drama juvenil, misma fórmula con un misterio criminal a lo Riverdale o El internado y más sexo que juega a lo explícito entre adolescentes. En mi opinión, creo que el problema con la serie es que no termina de definir a quién está dirigida. Sus protagonistas son adolescentes que se ven involucrados en misterios criminales una y otra vez, que trapichean, consumen drogas, van a fiestas y mantienen una vida sexual tan activa como la de un adulto que hace tiempo dejó de cumplir reglas parentales.

Sin embargo, teniendo en cuenta que la serie tiene una calificación para mayores de 18 años resulta lícito preguntar a los creadores ¿a quién quieren dirigirla? Porque se supone que los adolescentes no tienen acceso a Élite si sus perfiles de Netflix están parentalmente ajustados a su edad, pero resulta evidente que si a alguien le pica la curiosidad por verla es precisamente a esa audiencia. Más o menos como nos pasó a muchos adultos que fuimos niños en los 90s y no nos dejaban ver Instinto básico. No obstante, para muchos adultos estos jóvenes no representan ni una décima parte de nuestra adolescencia. Y si bien las tres primeras temporadas jugaban con la baza de la novedad, ahora la frescura se queda en el tintero al repetir más de lo mismo.

Además, he de reconocer que ver series con adolescentes privilegiados victimizando sus vidas mientras despilfarran y se pegan las juergas del siglo me saca de mis casillas. Al final, da la sensación que los creadores de Élite se han quedado sin ideas y toca repetir la misma fórmula para exprimir el fenómeno todo lo que haga falta. Pero deberían tener en cuenta que a los espectadores de 18 años no nos gusta que nos subestimen. Next.

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