Vientres de alquiler y jets privados: dos negocios muy diferentes que pueden ir de la mano en la crisis del coronavirus

La propagación del coronavirus en el mundo ha afectado de muchas maneras a las sociedades. Una de las más señaladas ha sido el frenazo en la movilidad internacional. Para evitar contagios, los países han cerrado sus fronteras y la mayoría de los vuelos se encuentran en tierra. Viajar al extranjero solo es posible en casos de extrema necesidad y tras pasar por la burocracia. Algo que ha influido notablemente en la gestación subrogada, tal y como revela Wired.

Cada año, miles de padres y madres de todo el mundo viajan a países como Ucrania, Georgia, Canadá o Estados Unidos para asistir al nacimiento de estos bebés. Son los lugares en los que esta práctica, que se ha convertido en un fenómeno global en los últimos años, es legal y está permitida.

La gestación subrogada ha crecido mucho en los últimos años (AP Photo/Allison Joyce, File)

La gestación subrogada, también llamada vientre de alquiler, consiste en que una mujer se queda embarazada, lleva la gestación a término y da a luz a un bebé para otra persona o pareja, que se convierten en los progenitores del bebé. Las dos partes firman un contrato económico en el que se especifica la cantidad que esta mujer va a recibir. Una cifra alta que suele ascender a unos 60.000 euros.

Pese a que este negocio mueve millones de euros al año, lo cierto es que en muchos países, como es el caso de los europeos, suscita fuertes controversias sociales, ya que hay voces que la consideran una forma de explotación moderna, muy relacionada con factores como la etnia, la raza o la clase social.

Ante las dificultades de poder desplazarse por la pandemia y la falta de aviones comerciales, algunos de estos padres y madres que quieren viajar en mitad de la situación actual para recoger a sus bebés o asistir al nacimiento de estos están considerando una solución ingeniosa (aunque costosa) para poder hacerlo. En el Reino Unido varios se han juntado para fletar un avión privado que les lleve a Ucrania a finales de mayo.

Pese a que no es una opción nada barata, lo cierto es que se trata de personas que ya han pagado unas elevadas cantidades de dinero por la gestación subrogada, por lo que parecen estar dispuestas a desembolsarlo. Para ellas “solo es una gota en el océano”, tal y como recoge Wired.

Una circunstancia que puede abrir un nuevo modelo de negocio en mitad de la crisis del coronavirus. Con los aviones comerciales en tierra y con grandes dificultades para operar en los próximos meses, es posible que la industria de los jets privados tenga mayor demanda para este tipo de situaciones.

De hecho, las previsiones en el sector son positivas, ya que se considera que el COVID-19 hará que los ricos recurran más a este tipo de transportes por seguridad en vez de apostar por la primera clase de las aeronaves tradicionales.

Los aviones privados pueden verse beneficiados con la crisis del coronavirus. (Photo by Robert Alexander/Getty Images)

Más problemas

Más allá de las dificultades de viajar que hay actualmente, los padres que recurren a la gestación subrogada también se están enfrentando a la burocracia. La mayoría de los países no están facilitando los permisos para poder viajar porque no se consideran casos prioritarios, especialmente en aquellos lugares en los que la gestación subrogada no es legal.

Robin Pope, abogado estadounidense especializado en fertilidad, representa actualmente a tres grupos de padres chinos cuyos bebés nacieron en Estados Unidos en febrero. Considera que los gastos adicionales del viaje, problemas con el visado, honorarios legales y demás circunstancias excepcionales harán que aumente la factura para estas personas en unos 15.000 dólares (algo menos de 14.000 euros).

Entre marzo y mayo, meses en los que hasta ahora han permanecido cerradas las fronteras, han nacido cientos de niños de gestación subrogada que no están pudiendo ser recogidos por sus nuevos padres y de los que se están haciendo cargo la persona que ha hecho de vientre de alquiler o su familia.

Una situación extraña para un modelo de negocio relativamente nuevo que había florecido con la globalización y ahora sufre las consecuencias de la pandemia.

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