La vida se abre paso en las cumbres del Himalaya, pero es una malísima noticia

La vida se abre paso en las cumbres del Himalaya, pero es una malísima noticia

Si algo hemos aprendido sobre el cambio climático es que las plantas ayudan a paliarlo. Retiran CO2 de la atmósfera, reduciendo el problema del calentamiento. Entonces, ¿por qué va a ser una mala noticia lo que se explica en un artículo reciente, que hay partes del planeta donde antes no crecían plantas y ahora sí?

Pues porque estas plantas están creciendo en lugares donde no deberían hacerlo. Como consecuencia del cambio climático, la parte vegetada de la cordillera del Himalaya llega cada vez a mayor altitud. Una muy mala noticia.

Cuando se estudian comunidades vegetales en las cadenas montañosas, normalmente se dividen las montañas en franjas de vegetación. Son distintas – y reciben distintos nombres – en cada cadena montañosa. Pero hay algunas que son iguales en todas.

Si la montaña es suficientemente alta, o el clima suficientemente riguroso, tenemos una línea de bosque, una zona de nieve, y entre ella una franja conocida como “subnival”. En esta zona, que queda cubierta por nieve durante parte del año y despejada el resto del tiempo, encontramos vegetación herbácea y arbustiva. Hierbas y arbustos bajos, vaya.

Pues bien, en la cordillera del Himalaya la zona nival – la de nieves perpetuas – cada vez es menor. Por lo tanto, la franja subnival aumenta, y las hierbas y arbustos crecen a mayores altitudes. Claro, que no ocurre por igual en todas las montañas. Existen diferencias en función de la orientación de las caras de la montaña, los vientos dominantes, la pendiente y un largo etcétera. Pero como norma general, aumenta la franja cubierta por hierbas y arbustos.

Caso especial es el del Monte Everest. En esta montaña, tan mítica y simbólica, la vegetación subnival ha aumentado en todas las franjas consideradas. Es el ejemplo más claro de lo que está pasando.

¿Y qué está pasando? Que las temperaturas han aumentado, y al hacerlo las nieves y hielos se derriten. Queda más terreno despejado que puede ser colonizado por vegetación, y la naturaleza siempre se acaba abriendo paso.

Es una demostración más de cómo está cambiando nuestro planeta. Y acelera el reloj del cambio climático. Malas noticias.

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