El paso de Cristina por la cárcel en 'Veneno' nos vuelve a dejar en un charco de lágrimas

Pedro J. García
·9 min de lectura

A solo a una semana del final de Veneno, estábamos temiendo este momento: el paso de Cristina por la cárcel. Si ya habíamos asistido a recuerdos muy tristes y dolorosos en la vida de La Veneno, la serie de Javier Calvo y Javier Ambrossi nos tenía reservado lo peor para su recta final, que inevitablemente nos llevará hacia el fatídico desenlace de su protagonista que todos conocemos. Se nos acaban los Kleenex para ver esta serie.

Pero si los años de Cristina en prisión son duros de ver, en este episodio estrenado el domingo los Javis no se olvidan de darle ese toque de magia y esperanza que están imprimiendo en toda la miniserie, y que nos ayuda a digerir mejor las partes más difíciles de su biografía. Y es que la de Cristina Ortiz ‘La Veneno’ es una historia de luces y sombras, y en su caso no existiría una cosa sin la otra. Así nos han vuelto a hacer llorar Los Javis con el penúltimo capítulo, otra exhibición de poderío narrativo, visual, interpretativo y emocional que sirve como antesala perfecta al final.

Fuente: Twitter.com/venenolaserie/; Imagen de Atresmedia
Fuente: Twitter.com/venenolaserie/; Imagen de Atresmedia

El sexto episodio de Veneno nos sumergía en uno de los pasajes más turbios de su vida, marcado por los maltratos a manos de su novio, Angelo Petruzzelli, su incursión en el porno ante el declive de su fama y finalmente los actos delictivos que la llevaron entre rejas en 2003, cuando tenía 39 años. Cristina fue condenada a tres años de cárcel por estafa al seguro de su piso, permaneciendo encerrada durante tres años, hasta su salida en libertad en 2006.

El capítulo, titulado Fue más o menos así, retoma la acción donde la dejaba el anterior. Tras su arresto, Cristina ingresa en prisión. En el interrogatorio previo, la psicóloga de prisiones (Anna Allen en un nuevo cameo con Los Javis después de que estos resucitaran su carrera en Paquita Salas) le pregunta si se siente hombre o mujer y si está “operada de los genitales”, pero la (obvia) respuesta no importa, ya que legalmente sigue siendo José Antonio y su destino es el módulo de hombres. Si la vida es difícil para una mujer trans fuera, es fácil imaginarse cómo será en un entorno tan hostil e íntegramente masculino como el de una cárcel. Casi imposible.

Recordemos que el sexto episodio de Veneno desató el debate en redes sociales sobre los límites de lo que se puede o debe mostrar en televisión. La escena de la paliza a Cristina por parte de Angelo que culminaba en la muerte de un perro dentro del microondas despertó muchas críticas y fue tildada por un sector de la audiencia de innecesariamente cruel y excesiva. Personalmente, la escena en cuestión, aunque difícil de ver, sobre todo me hizo sentir auténtico pavor por lo que Los Javis nos podrían haber preparado en la recta final de la serie, y concretamente durante los años de Cristina en la cárcel.

Calvo y Ambrossi ya nos han demostrado en muchas ocasiones que no se han puesto límites para contar la historia de La Veneno, como tampoco Atresmedia los ha coartado creativamente. Al contrario, han tenido absoluta libertad para reconstruir la vida de Cristina a su manera y sin mojigaterías. A su vuelta por los platós de televisión tras su calvario en la cárcel, Cristina contó en varias ocasiones que fue constantemente agredida sexualmente y maltratada por parte de los funcionarios, en sus propias palabras, “fui violada sistemáticamente cada noche” (El Periódico). Reconstruir esta parte de su vida era especialmente delicado, pero afortunadamente Los Javis han sabido tratarla sin huir de lo incómodo, pero con todo el tacto que se podía tratar.

En Fue más o menos así somos testigos de los tres años de humillaciones y vejaciones que Cristina sufrió en la cárcel, donde hizo lo que pudo para sobrevivir. Su condición de mujer trans la convirtió en el blanco sexual de otros presos, con los que se vio obligada a utilizar su cuerpo como moneda de cambio. Con la complicidad de los funcionarios, Cristina fue víctima de violación en repetidas ocasiones.

En este capítulo Los Javis reconstruyen una de esas emboscadas que resultaron en una brutal agresión sexual a manos de varios hombres. Pero en esta ocasión, optan por no mostrarla explícitamente. El episodio contiene varias escenas sexualmente gráficas igualmente impactantes y demoledoras, pero esa violación en concreto ocurre fuera de nuestro alcance visual. Otra cosa habría sido excesivamente gratuita. No necesitábamos verlo para entender el alcance del sufrimiento de la protagonista en aquel horroroso momento de su vida y la factura que pasó en ella.

Afortunadamente, el capítulo también contiene momentos de alegría y optimismo (aunque siempre diluidos en la tristeza de la figura trágica de La Veneno y el conocimiento de lo que le espera a la vuelta de la esquina). En prisión, Cristina encuentra algo de luz en la oscuridad gracias a varias personas, su nuevo interés amoroso y protector, Juanillo (interpretado por el cantante de trap Kaydy Cain), y otra mujer trans, Yolanda (Yolanda Sola), que llega al módulo después que ella. Al principio, Cristina rechaza a Yolanda, recordándole que no por ser trans tienen que ser obligatoriamente amigas, pero cuando esta descubre que lo único que quiere de ella es un autógrafo, se le ilumina la mirada. Así, la serie nos recuerda una vez más cuál era el motor de toda la existencia de Cristina: ser aceptada y admirada, tener el cariño de los demás y sentirse especial después de una vida que la ha tratado a patadas.

Como en todos los episodios hasta ahora, la historia cabalga entre varios tiempos. Fue más o menos así continúa desarrollando la trama de Valeria, que volvió a adquirir más peso en el capítulo anterior de cara al desenlace. Con el libro sobre La Veneno terminado, la dificultad para encontrar una editorial interesada en publicarlo la hace entrar en punto muerto. Valeria recurre a su antigua profesora de universidad, ahora doctora en género, que la ayuda a autoeditar la biografía. Mientras, Cristina está desaparecida. Ya muy alejada de la “gloria” que le había dado El Mississippi y tras un traumático paso por la cárcel que ha acelerado su deterioro físico, se vuelca en los hábitos autodestructivos, lo que resulta en la enemistad con Paca La Piraña, uno de sus principales pilares en la vida. Verla volver a la tele para calumniar públicamente a su amiga es uno de los golpes más bajos que recibimos por su parte. Valeria sabe que Cristina ha caído en una espiral de la que es imposible sacarla y la publicación del libro se vuelve más urgente que nunca.

El capítulo termina con la presentación de Digo! Ni puta Ni Santa. Las memorias de La Veneno en un club gay de Madrid. Cristina vuelve bajo los focos, aunque sean los de un local pequeño, donde recibe todo el cariño y la atención que necesita para vivir. Allí, Valeria pronuncia un conmovedor discurso sobre la motivación para escribir el libro y lo que Cristina significa en su vida, una “prostituta trans semi-analfabeta”, como ella la describe, que no pretendía ser modelo de conducta ni abanderada de nada, pero fue todo un ejemplo de visibilidad en los 90. Lola Rodríguez vuelve a bordar su interpretación (la serie también es un maravilloso homenaje a la mujer que creyó en Cristina y decidió contar su historia) y Los Javis nos recuerdan con sus motivadoras palabras cuál es el objetivo de su serie. No se trata de endiosar a La Veneno, sino de darle el lugar que se merece en la historia de la cultura popular y el desarrollo de los derechos LGBTQ+. Si bien es verdad que Cristina no es el mejor ejemplo de conducta, no se puede negar que ella también representa la lucha por la libertad para ser quien eres en un mundo que no te acepta. Qué triste que no esté con nosotros para disfrutar de este reconocimiento.

Hay dos momentos concretos en el séptimo episodio que confirman de nuevo la impresionante labor que Los Javis han llevado a cabo con el casting de esta serie, y que los diferentes departamentos artísticos han elevado a la categoría de brujería. El primero ocurre en prisión. Durante una agresión a Cristina, uno de los golpes que recibe la tumba en el suelo, convirtiendo a Daniela Santiago en Isabel Torres en un cambio de plano magistral con el que los directores simbolizan el efecto que causa la cárcel en ella (apenas se notan las costuras entre una actriz y otra, que se fusionan progresivamente en la misma persona). El segundo es la escena con la que termina el capítulo, una de las más hermosas y emocionantes de toda la serie.

Durante la firma de autógrafos del libro -que no tiene lugar en El Corte Inglés como ella soñaba, pero no por eso es un momento menos feliz para ella-, Cristina oye su canción y entusiasmada sale a la pista a bailar. Ahí la vemos envuelta en el éxtasis al ritmo de la preciosa versión de Pet Shop Boys de Always on My Mind de Elvis Presley, cuando su imagen da paso a un montaje de todas las Cristinas de la serie, una a una (incluidos los dos actores que hacen de Joselito de niño y adolescente), bailando en la pista, feliz y arropada por el calor de la gente. La piel de gallina. Un momento de catarsis inolvidable que sin duda es una de las mejores escenas de toda la serie.

Sin embargo, la realidad es muy distinta: la firma terminó hace tiempo y Cristina está bailando sola en el local. Es una escena tremendamente agridulce que nos vuelve a dejar en un charco de lágrimas. “Déjala bailar un rato más”, dice Valeria embargada de emoción, como nosotros. Y eso hacemos. Así queda Cristina en nuestra memoria mientras esperamos el final, para el que solo quedan unos días: bailando, alegre en un instante de despreocupación entre un pasado de luz y oscuridad y un futuro que se acortará abruptamente. Si Veneno nos ha hecho reír, llorar y emocionarnos tan consistentemente durante siete episodios, no quiero ni imaginar lo que nos espera en el último. No estamos preparados.

Más historias que te pueden interesar:

Imagen: Twitter.com/venenolaserie/