El momentazo del cuarto capítulo de 'Veneno' que la confirma como una serie magnífica

·12 min de lectura

La saga de La Veneno continúa. Después de emitir sus dos primeros episodios muy separados en el tiempo a causa del coronavirus y tras el estreno en salas de cine del tercero -llegando a ocupar el número 1 de la taquilla- el resto de la serie de Atresmedia por fin prosigue con su emisión semanalmente. Y con el cuarto episodio de Veneno llegamos al ecuador de la apasionante historia de Cristina Ortiz y a una escena que nos ha dejado perplejos. A nosotros y al público.

En este capítulo, titulado La maldición de las Onassis, la serie de Javier Calvo y Javier Ambrossi nos muestra varios pasajes clave en la biografía de La Veneno: el momento definitivo en el que Joselito se convirtió en Cristina, el origen de su nombre y su famosa visita al polígrafo de Antena 3. Pero sin duda, el momento que más nos impacta es el de una Cristina desatada hoz en mano en una escena que parece sacada de una película de terror y que sirve para seguir construyendo su leyenda.

Pero antes de hablar de ella, recapitulemos. El tercer capítulo marcaba la introducción de Jedet como Joselito. La actriz, cantante y personalidad pública se estrenaba interpretando a Cristina antes de su transición y en su traslado a Madrid, donde entraba en contacto con el mundo de la prostitución. Aunque su casting despertó dudas, principalmente por su escasa experiencia interpretativa ante un reto tan grande, Jedet sorprendió a todo el mundo con una interpretación que, además de asemejarse al personaje en todos los aspectos, estaba llena de emoción y profundidad.

Tras este excelente debut, el cuarto episodio continúa explorando los primeros años de Joselito en Madrid a mediados de los 90 y su decisión de iniciar la transición para dejar atrás a aquel muchacho de Adra. Al ritmo de una preciosa versión de Pongamos que hablo de Madrid de Joaquín Sabina cantada por Amaia, el espectador sigue a la protagonista mientras esta trata de desenvolverse en la capital. Una gran ciudad que según ella está hecha a su medida, pero que sin embargo no la trata lo bien que espera. Durante estos primeros años en Madrid, Joselito disfrutó de la fiesta y el sexo, pero también descubrió la cara menos amable de la ciudad y se encontró con muchos problemas en el camino por su condición de mujer transgénero.

En el capítulo vemos cómo Joselito empieza a trabajar en la cocina de un hospital. Allí conoce a Cristina Onassis, una prostituta del famoso Parque Oeste de Madrid que desempeñará un rol esencial en su futuro. La protagonista sigue haciendo gala de su chispeante personalidad en su nuevo trabajo, pero la dirección del centro no está cómoda con su transición y la despide. La homofobia y la transfobia dejan a Joselito literalmente en la calle. Aquí es donde los Javis nos muestran ese momento decisivo en el que, paradójicamente, no hay decisión. Como a tantas y tantas mujeres trans rechazadas por su determinación de ser quien ellas son, la única opción para subsistir en este mundo es la prostitución.

Joselito se introduce en el peligroso mundo del trabajo sexual en el Parque Oeste, donde Cristina Onassis es una de las mujeres más respetadas del lugar. Cristina se convierte en su mentora y consejera, viendo en sus ojos el mismo destello que ella sintió años atrás. Pero también la misma marca de la tragedia. Cristina le explica que tomó su nombre de la heredera de los Onassis que murió en 1988 a los 37 años. Y cuando Joselito le pregunta por qué se pone el nombre de una muerta, ella responde que para recordarle que está viva. En el Parque Oeste, nuestra protagonista se encuentra con un ambiente hostil y territorial en el que ser la recién llegada no es nada fácil. Pero nada le hará dar marcha atrás: Joselito es ahora Tania y aunque todavía le queda mucho por aprender, nadie se interpondrá en su camino.

Allí cuenta con el apoyo de Cristina Onassis y se reencuentra con su amiga Paca La Piraña (interpretada en su juventud por la concursante de Gran Hermano 14 Desireé Rodríguez), pero también se topa con su primera gran rival, otra prostituta trans que no ve con buenos ojos su llegada al lugar y hará todo lo posible por echarla de allí. Tania va ganando terreno con los clientes y empieza a exhibir el desparpajo y la sexualidad exuberante por la que más adelante se conocería a La Veneno. Pero todavía le queda un objetivo: conseguir suficiente dinero para operarse los pechos.

Como hasta ahora en la serie, la historia de La Veneno está siendo contada por ella misma a Valeria Vegas, la autora de su biografía. El capítulo realiza varios saltos temporales de nuevo en un alarde de dominio en la elipsis para narrarnos la transición de Joselito a Tania y de Tania a Cristina o La Veneno. Y lo hace reconstruyendo su regreso a la televisión para someterse al famoso polígrafo. Cuando recibe la llamada de Antena 3 para ser entrevistada en un programa, Cristina vuelve a Madrid acompañada de Valeria y llena de dudas porque ya no es la mujer despampanante que era cuando España entera asistió a la creación de su mito en Esta noche cruzamos el Mississippi. Pero el apoyo de su amiga y el recuerdo de la estrella que fue la anima a volver a ponerse bajo los focos.

No obstante, esta experiencia tampoco es como ella esperaba. El capítulo recrea una versión ficticia del espacio En antena con Ángel Garó como presentador y Mabel Redondo, Sergio Alis y Laura Fa como colaboradores, donde Cristina queda como mentirosa tras responder las preguntas de la máquina de la verdad. El polígrafo determina que miente en sus historias del pasado, concretamente en un episodio de su vida en el que, supuestamente, se enzarzó en una pelea con otra prostituta del Parque Oeste y le arrancó el pezón de un bocado. Ella insiste en que ocurrió de verdad, pero en el programa nadie se lo cree y se convierte en objeto de burla y ridículo. Es así como su relato pierde crediblidad ante toda España, un país que ya no la mira con los mismos ojos.

En este sentido, los Javis -que escriben el guion del episodio- exploran un elemento muy interesante: la idea de que lo que nosotros estamos viendo como espectadores de 2020 no sea del todo cierto. Si bien esta es una noción que se sugiere desde el primer episodio y la audiencia es consciente de que la serie, como la mayoría de biopics, se toma muchas licencias creativas, en La maldición de las Onassis se nos plantea directamente la pregunta: ¿Está mintiendo La Veneno? ¿Ocurrió de verdad aquel sangriento enfrentamiento en el Parque Oeste o es una fantasía de venganza de Cristina?

Sea cual sea la verdad, los Javis deciden que en su crónica de la vida de La Veneno, no solo ocurrió, sino que ese fue el momento en el que nació el mito. En el tramo final del episodio, Cristina Onassis ha muerto, dejando en herencia a Tania su nombre de pila y su lugar en el parque. Tras este último encuentro con su mentora, Tania consigue por fin el dinero suficiente para operarse los pechos. La serie lleva a cabo entonces una de sus mejores transiciones hasta el momento al mostrarnos a la que creemos que es Jedet convaleciente en la cámara después de la cirugía, resultando ser Daniela Santiago, que toma su relevo. En ese exacto momento, La Veneno emerge vendada de entre sus sábanas dispuesta a ocupar el lugar que le pertenece.

La última escena del capítulo nos lleva de nuevo al Parque Oeste. Una Cristina llena de garra y poderío llega para reclamar lo que es suyo y enfrentarse a su rival en una encarnizada pelea bajo la lluvia, que acaba con la materialización en pantalla de la historia del polígrafo: Cristina le arranca el pezón con la boca en una escena de gore que parece pertenecer a una película de zombies. Y en este momento convergen pasado, presente y futuro.

La violencia encuentra su reflejo en el recuerdo de su madre maltratándola; la hermana de Cristina le recuerda recién operada que su pasado siempre formará parte de ella (“Venimos de un lugar oscuro, pero no podemos huir de quienes somos, es nuestra herencia”); y ya en el futuro, la vemos perdiendo los papeles tras su paso por el polígrafo, dándose cuenta de que se ha quedado obsoleta ante las nuevas modas y el cambio generacional, y peleándose con Valeria. La fuerza y el dolor. La fantasía y la tragedia. Tres actrices en estado de gracia. Es así como Veneno vuelve a hilar con absoluta maestría los diferentes tiempos que componen esta historia para seguir poniendo las piezas en el fascinante puzle que es La Veneno.

El capítulo termina con una Cristina arrebatada de rabia alzando la hoz de su pasado al grito descarnado de “¡Que vayan pasando!” mientras carga contra un grupo de nazis que llega en acto de violencia. En este momento, los vellos se erizan y el impulso de levantarme a aplaudir y vitorear a Cristina me embargan. Veneno contra los nazis. Veneno contra la opresión, contra el mundo que quiere hundirla a ella y a las que son como ella. A pesar de sus diferencias, las prostitutas se unen para luchar contra un enemigo común y después de sacudir las emociones como en los tres anteriores, la historia de este capítulo se cierra en un clímax de esos que aceleran el corazón y te dicen que estás ante algo grande. Muy grande.

Una imagen explosiva, poderosa y contundente que si lo pensamos, nos da la respuesta a la pregunta que antes planteábamos. Después de poner en duda su historia, los Javis nos recuerdan que todo esto, sea verdad o no, forma parte del mito. Podemos elegir creerla o no, pero lo que importa no son tanto los detalles que están ahí para enriquecer la historia, sino la leyenda, lo que representa y simboliza. Lo que nos hace sentir y nos anima a levantar el puño como Cristina para defender lo que es nuestro. Porque Cristina es muy suya. Pero también es nuestra.

Puede que este impactante y excesivo momento de transformación, entre la heroína de acción y el icono del terror, no ocurriera exactamente así. O puede que sí. Pero no importa. Con lo que hay que quedarse es con lo que hay detrás de esa escena, con el juego entre realidad y ficción, con la idea de que en ese preciso instante nació La Veneno, una figura que los Javis han decidido reconstruir desde la mitificación en la cultura popular y el amor a lo que representa, con sus virtudes y defectos. Lo demás solo son detalles. Lo importante es este veneno que sentimos en ebullición debajo de la piel al ver su emocionante historia desarrollarse ante nuestros ojos.

Más historias que te pueden interesar:

Imagen: Twitter.com/venenolaserie

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente