Valdés Leal se aleja de la muerte y la corrupción en su cuarto centenario

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Sevilla, 2 ago (EFE).- Tras la exposición conmemorativa del cuarto centenario de Juan de Valdés Leal (1622-1690), celebrada en Sevilla entre diciembre y marzo pasados con más de cien mil visitas, el mayor especialista en su obra, el catedrático de Historia del Arte Enrique Valdivieso, lo ha alejado del tópico que aún lo tiene como el pintor de la muerte y la corrupción en una monumental monografía.

Con el título de "Juan de Valdés de Leal", este estudio editado por la Universidad de Sevilla y la Consejería de Cultura de Andalucía, cataloga más de trescientas obras del pintor sevillano, además de dibujos -algunos atribuidos- y grabados, en un solo volumen en gran formato de casi 650 páginas.

El estudio es una actualización del primer trabajo sobre Valdés Leal que Valdivieso, quien durante cuarenta años ejerció de catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Sevilla y es especialista en otros pintores del barroco como Murillo, Zurbarán, Pacheco y Herrera El Viejo, publicó en 1988 y al que ahora ha añadido 60 nuevas obras que habían permanecido sin estudiar.

Con este nuevo estudio y el incremento del catálogo artístico de Valdés Leal, Valdivieso se ha propuesto "eliminar la leyenda" que otorga a este artista "la condición de pintor de la muerte y de especialista en plasmar aspectos macabros y desagradables, emanados de la ideología barroca hispana" al considerarlo un creador que no es otra cosa que "un afortunado intérprete de una faceta del sentimiento espiritual vigente en su época".

Durante el Romanticismo se atribuyó de manera errónea a Valdés Leal cualquier cuadro que representara a la muerte con más o menos truculencia o cualquier lienzo que hiciera profusión de calaveras y esqueletos, de ahí que Valdivieso denuncie en el arranque de este estudio que fueron precisamente escritores lejanos a la época del pintor los responsables de "distorsionar por completo su figura".

A esa distorsión ayudó también, según Valdivieso, la de quienes lo compararon con Murillo incurriendo en un "ingenuo maniqueísmo" al considerar a éste una persona bondadosa y prudente en contraposición al carácter temperamental de Valdés Leal.

Son numerosas las obras, muchas de gran formato, reproducidas en este estudio que ofrecen una visión alejada de ese tópico, como las tituladas "Cristo disputando con los doctores en el templo", "Los desposorios de la Virgen y San José" o "El arcángel San MIguel", de una luminosidad, un colorido y un movimiento que no se corresponden con la calificación de "el famoso pintor de los muertos" con que Enrique Romero de Torres calificó a Valdés Leal a principios del siglo XX, una época en la que ya se le había colocado el adjetivo de "pestífero", por el asunto y la oscuridad de algunas de sus obras más conocidas.

La mitad de la producción artística de Valdés Leal que ha llegado a nuestros días se conserva en Sevilla, y entre ella figuran las que se consideran algunas de sus obras más importantes, como el conjunto pictórico que hizo para la iglesia del Hospital de la Caridad o las conservadas en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, como las procedentes del antiguo monasterio de San Jerónimo.

La breve semblanza de Valdés Leal y de la Sevilla de su época con la que Enrique Valdivieso acompaña el estudio de sus obras concluye afirmando que el pintor "en modo alguno estuvo obsesionado por la muerte, sino todo lo contrario, su gran preocupación fue poder sobrevivir y solucionar los continuos problemas materiales que la realidad le fue planteando", lo que le obligó a aceptar también trabajos de índole decorativa, a hacer esculturas y casi cualquier encargo propio de pintor secundario que le ayudara a mantener a su familia.

Alfredo Valenzuela

(c) Agencia EFE

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