Qué debemos hacer y qué no si nos sale un bulto duro cuando nos vacunamos

Mónica De Haro
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Las vacunas y, en concreto, los programas de vacunación son una de las estrategias preventivas más beneficiosas en salud pública. (Foto: Getty/adobestock)

Existe evidencia científica de que vacunarse salva vidas y ayuda a erradicar enfermedades. También de que puede haber reacciones locales (dolor, inflamación, enrojecimiento) o generales (fiebre, lipotimia, anafilaxia).

Los efectos secundarios de las vacunas se consideran normales y como le ocurrió con la vacuna de la gripe a Carmen Calvo, la mayoría de estas molestias aparecen uno o días después de haber recibido la dosis de la vacuna, suelen ser leves y desaparecen sola.

El nódulo subcutáneo, también conocido como quiste antigénico o granuloma, es una de las reacciones adversas a las vacunas más comunes y suele aparecer en el punto de inyección.

“Tras administrar muchas vacunas, queda un nódulo debajo de la piel, durante días o semanas/meses, sin ningún otro síntoma relevante”, explican desde el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP) Esto no representa ningún problema ya que se trata de una reacción local leve, incluso si hay hinchazón adicional, dolor o picor. Son molestias normales que no deben preocuparnos ya que casi nunca se complican, y suelen desaparecer espontáneamente al cabo de 1 ó 2 semanas.

Una relación temporal o causal

Según reconoce el grupo de trabajo sobre reacciones locales de la "Brighton Collaboration", una red mundial de investigación de seguridad de vacunas, “este o cualquier otro evento adverso experimentado tras la administración de una vacuna elaborada con microorganismos vivos o con componentes inactivados puede estar asociado temporalmente a la administración de una vacuna, pero no necesariamente es consecuencia de dicha administración”.

En realidad, estas reacciones pueden tener diversas causas como la presencia de adyuvantes, hipersensibilidad a componentes de la vacuna, baja temperatura del preparado vacunal o inadecuada vía o área anatómica de administración de la vacuna.

No obstante recuerdan que “ante cualquier reacción inesperada después de una vacuna, lo recomendable es consultar al especialista”.

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A veces, se desarrolla un bulto pequeño, duro e indoloro, también llamado 'nódulo', en el lugar donde se insertó la aguja. El nódulo puede durar semanas o incluso meses, pero desaparecerá por sí solo. (Foto: Getty)

Se caracteriza por:

  • Abultamiento de tejido blando, de límites no siempre bien definidos y de consistencia firme, en el punto de aplicación de la vacuna.

  • Puede rodearse de una tumefacción blanda, sobre todo al principio, y presentar dolor y prurito, pero sin formación de absceso (infección), calor ni rubor.

  • Se presentándose durante las primeras 48 horas tras la vacunación, y pueden variar de intensidad de forma individual.

  • Puede ir acompañados de dolor y enrojecimiento en el lugar de la punción.

La causa: el enquistamiento del antígeno

Lo que en realidad indica esta reacción es que la vacuna está haciendo efecto. Se trata de un proceso normal ligado al propio sistema inmunitario y el 'virus' introducido. Los antígenos son virus desactivados o 'muertos' que guardan cierto parecido con la enfermedad de la que nos hemos vacunado. Estas ‘porciones’ de microorganismos o toxoides responsables de estimular la respuesta inmunitaria.

Por eso, las molestias en el lugar de la punción son una señal de que el cuerpo se está defendiendo, combatiendo a los invasores y tratando de regenerar el tejido dañado.

La vacuna debe seguir su proceso de cicatrización sola, sin intervención de ningún tipo. Hay que dejar que siga su curso y evitar manipular la zona en lo posible.

La recomendación general, si hay presencia de bulto o hinchazón, es no tocar. Si se inflama, no hay que hacer nada, ya que desaparecerá a los pocos días. En caso de un absceso con posible infección por acumulación de pus, lo recomendable es consultar al médico. Es importante además no apretar para evitar una infección por manipulación.

El día de la vacunación, frío

Existe la creencia de que para aliviar la hinchazón provocada por el nódulo o quiste se puede aplicar calor, para aumentar la irrigación sanguínea, o frío, para evitar la inflamación. Es un tema controvertido entre la propia comunidad médica, ya que se deben valorar otros síntomas asociados antes de actuar.

Nuestra primera reacción en casa, cuando sentimos dolor e hinchazón en el brazo por ‘culpa’ de una vacuna, es poner hielo en la zona donde se pinchó la vacuna (se recomienda unos 15 minutos 3 veces al día) hasta que los síntomas desaparecen.

Sin embargo, este remedio solo funcionaría si se aplica prematuramente. Es decir, el mismo día de la vacuna (o al día siguiente) en cuanto notamos que el bulto empieza a tomar forma, y siempre hay que tener la precaución de cubrir el hielo con un paño de tela para que no entre en contacto directo con la piel.

Aún así, los pediatras no lo consideran necesario y prefieren que no se aplique calor o frío y tampoco un masaje en la zona. Simplemente aconsejan esperar, con el tiempo llegará a desaparecer”, y añaden que en principio, “el calor local está contraindicado”.

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En ocasiones el líquido de la vacuna, se encapsula, y provoca esa hinchazón. La solución es no tocarlo y en unos días desaparecerá. (Foto: Getty)

Tampoco ven con buenos ojos otros remedios caseros como aplicar paños calientes en seco (utilizando para ello la plancha, por ejemplo), ni masajear la zona de la induración durante 3-5 minutos, incluso aunque haya indicios de que esto podría acelerar la reabsorción del nódulo. Pero de nuevo aconsejan “no tocar y acudir o llamar al médico si tenemos dudas”.

Insisten en que los nódulos que aparecen en la zona del pinchazosuelen ser asintomáticos, de pequeño tamaño, duración variable (a veces varias semanas) e indoloros” y señalan que “puede ocurrir con cualquier vacuna, y no necesita tratamiento específico”.

¿Sirven de algo las cremas?

No, los antiinflamatorios tópicos (en crema) no tienen ningún efecto positivo demostrado por lo que tampoco se aconseja su utilización. Lo más eficaz es descansar tras la vacunación y evitar tocar la zona de dolor.

Si el médico lo aconseja, pueden emplearse medicamentos como paracetamol o ibuprofeno para aliviar el dolor y la inflamación.

Otras reacciones ‘normales’

Algunas personas pueden sentir fiebre moderada, dolor de cabeza, sensación de cansancio, además de náuseas, vómitos, diarrea o dolor estomacal después de aplicar algunas vacunas como el tétanos o la difteria.

Por precaución, siempre se ha recomendado que las personas que presentan mayor sensibilidad a las vacunas acudan acompañadas y permanezcan en el centro de salud un tiempo prudencial. Medidas actualmente en desuso debido a la pandemia de coronavirus. No obstante, si te sientes mareado, aprecias cambios en la visión o tienes un zumbido en los oídos debes acudir cuanto antes a tu centro de salud.

En los casos más graves, los efectos secundarios causados ​​por la vacuna pueden incluir shock anafiláctico, comezón y bolitas en la piel o inflamación en el cuello, estos son motivos para llamar con urgencia una ambulancia o ir directamente a urgencias hospitalaria. No obstante, estos síntomas no son habituales y suelen surgir ante una alergia grave a alguno de los componentes de la vacuna.

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