Un 'uribismo' en declive deja al oficialismo colombiano sin candidato, tras 20 años de hegemonía (3/8)

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Las elecciones presidenciales de este 29 de mayo tienen un condimento particular: el partido oficialista de derecha llega a la primera vuelta sin candidato propio y su líder y fundador, Álvaro Uribe Vélez, está en camino de perder el predominio político que ha ostentado durante las últimas dos décadas.

“¿Y los de Orión dónde están? (…) La gente no te quiere”. Lejos de los multitudinarios recibimientos a los que ha estado acostumbrado a lo largo de toda su vida política, el expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez fue recibido con frases como esta y entre abucheos en la Comuna 13 de Medellín.

Su visita en enero pasado al que hoy es uno de los sitios turísticos más emblemáticos de la segunda ciudad del país coincidió con una poco honrosa conmemoración: este año se cumplen dos décadas de una serie de intervenciones militares diseñadas para erradicar la violencia en la zona que, entre mayo y octubre de 2002, dejaron decenas de muertos, heridos y desaparecidos.

También se cumplen 20 años del ascenso al poder de este político antioqueño de derecha de 69 años -presidente entre 2002 y 2010- quien, desde entonces, dominaría por años la escena política colombiana.

La “Operación Orión”, una de esas intervenciones, ilustró con acierto lo que el exalcalde de Medellín presentaba como el proyecto bandera de su gobierno: la seguridad democrática, una política que él mismo denominó de “mano firme y corazón grande”, con la que prometió luchar contra los grupos al margen de la ley y devolver la seguridad al país, históricamente azotado por el conflicto armado.

“Durante su primer mandato fue el momento en que el Estado logró victorias decisivas sobre las Farc y relegó a la guerrilla a las regiones más periféricas del país”, explica a France 24 Yann Basset, profesor de Ciencia Política de la Universidad del Rosario.

Álvaro Uribe ostentó la Presidencia por dos periodos consecutivos y fue senador, tras conquistar varios hitos: fue el hombre más votado en la historia del país, el primero en ser reelegido, tras una reforma constitucional que él mismo promovió, y el único en ganar en primera vuelta en las dos contiendas presidenciales, con números récord.

Sus simpatizantes le atribuyen el retorno de la seguridad, y con ella la inversión extranjera y, en general, una economía saludable, logros que le garantizaron una popularidad superior al 70% durante sus mandatos.

"Gracias al presidente Uribe pudimos volver a las fincas, se recuperó la inversión y la confianza en el país", reconoce Rodrigo Mejía, un ganadero de la región de Urabá que no duda en plantear que, en un escenario hipotético en el que Uribe volviera a la contienda, "no solo yo votaría por él, le aseguro que volvería a ganar".

Pero ni las encuestas, ni las urnas, lo respaldan. La hegemonía de Uribe, así como la de su partido Centro Democrático, fundado por él mismo en 2013, se ha ido evaporando con el pasar de los años y ahora su aprobación no llega al 38%.

El desgaste del uribismo es cobrado en las urnas

Aunque hay quienes dicen que el aspirante presidencial de centro-derecha Federico Gutiérrez es la ficha política del expresidente para estos comicios, lo cierto es que Uribe no ha querido comprometerse públicamente con un candidato en específico después de que Óscar Iván Zuluaga, su candidato, se retirara de la contienda.

Así las cosas, por primera vez desde que dejó el poder en 2010, un contendor apadrinado abiertamente por Álvaro Uribe Vélez o su partido Centro Democrático, no está en la baraja de opciones para la primera vuelta presidencial de este 29 de mayo.

Para algunos analistas consultados por France 24, a su debilitamiento contribuyeron varios factores: las investigaciones en su contra, los llamados "falsos positivos" ocurridos durante su mandato, su oposición al acuerdo de paz y un impopular mandato de Iván Duque, el actual gobernante que llegó a la Casa de Nariño bajo la sombrilla del Centro Democrático.

“Uribe ha perdido una batalla esencial que fue destruir el proceso de paz, pero su debilitamiento también se debe a las batallas judiciales que ha perdido”, expone el senador de izquierda Iván Cepeda, su contraparte en una investigación por presunta manipulación de testigos que tuvo al expresidente en prisión domiciliaria durante varias semanas en 2020.

En 2008, el delfín político de Uribe, Juan Manuel Santos, llegó al poder con su apoyo, pero cuando ganó el Nobel de Paz y buscó su reelección en 2012, ya eran rivales. El legado de Santos fue el acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc, al que Uribe siempre se opuso.

“Uribe comprometió su capital político en la lucha contra el acuerdo de paz, lo que finalmente llevó a debilitar un poco su base política porque incluso en el momento de su mayor popularidad los colombianos eran mayoritariamente favorables a una solución negociada del conflicto”, agregó Yann Basset.

La descendiente impopularidad del “uribismo”, como se le conoce al movimiento que le simpatiza, ayudada por la cuestionada gestión de Iván Duque, hizo que el Centro Democrático perdiera un buen número de curules en las elecciones legislativas del pasado 13 de marzo, una derrota inversamente proporcional al histórico avance del movimiento de izquierda.

Aunque el “uribismo” no ha desaparecido del todo, que Álvaro Uribe no tenga candidato propio y que uno de sus herederos políticos no esté dentro de los dos grandes bandos de la contienda presidencial, son hechos que hablan con elocuencia del mal momento por el que está pasando el considerado político más influyente de la historia reciente colombiana.

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