Los errores de ‘Unorthodox’ según varias mujeres que escaparon de la religión

Pedro J. García
·10 min de lectura

Desde que la crisis del coronavirus nos dejó confinados en casa, los servicios de streaming se han convertido en nuestro refugio y válvula de escape al exterior. A lo largo de este último mes, miles de espectadores han devorado la miniserie de Netflix Unorthodox, que cuenta la historia real de una mujer judía que escapó de su estricta comunidad ultraortodoxa en Nueva York para iniciar una nueva vida en Berlín.

(Anika Molnar/Netflix)
(Anika Molnar/Netflix)

Basada en las memorias de Deborah Feldman, Unorthodox: The Scandalous Rejection of My Hasidic Roots, esta miniserie ha despertado la curiosidad de muchos alrededor del judaísmo jasídico y sus costumbres, convirtiéndose en uno de los temas de conversación del momento en Internet. Sin embargo, el éxito de la ficción de Netflix, que lleva desde su estreno entre sus títulos más vistos, tiene un reverso oscuro: según los testimonios de varias mujeres que también escaparon del jasidismo, la serie no cuenta la verdad sobre esta religión y está llena de inexactitudes.

Esta miniserie alemana de cuatro episodios y dirigida por Maria Schrader (Deutschland 83), cuenta la historia de Esther Shapiro (Shira Haas), conocida cariñosamente como Esty, una jovencísima mujer judía que huye de su comunidad Satmar en Nueva York, mientras nos habla de cómo la religión y la educación -o la falta de la misma- pueden utilizarse como herramientas de opresión para la mujer. Según las vivencias de Esty, la tradición jasídica reduce a la mujer a una sirvienta del hombre que debe ser modesta, sumisa y cumplir la única función de servir a su marido y tener hijos. Vemos a Esty sometida a rituales y tradiciones que desvelan un sistema patriarcal de valores basado en el miedo, la culpa, la vergüenza y la ignorancia. De esta manera, la serie nos muestra una comunidad terrorífica a los ojos modernos o ajenos a esta religión, de la que muchas mujeres han decidido huir, aunque esto suponga ser repudiadas por su propia familia y tener que rehacer su vida completamente desde cero, sin educación o preparación alguna.

Unorthodox ha sido alabada por su retrato estremecedor de la comunidad ultraortodoxa y su impacto social se está notando en todas partes del mundo. Según ha desvelado la autora en cuya vida real se basa la miniserie en una entrevista con El País, la historia de Esty ha inspirado a muchas mujeres que están atrapadas en la comunidad jasídica a tomar la decisión de, o bien de escapar o permanecer en ella pero intentar cambiarla desde dentro. El equipo de Feldman recibe miles de mensajes a diario de personas que han vivido o están atravesando la misma experiencia que Esty, dando las gracias a la autora y a Netflix por haberles dado voz y animado a seguir los pasos de la protagonista.

No obstante, no todo son felicitaciones y elogios. Como sucede con toda serie o película que se convierte en un fenómeno de audiencia, y más cuando esta se basa en hechos reales y destapa el aspecto más controvertido de una religión, las críticas no tardan en aparecer. Según Feldman, ha habido una reacción crítica por parte de los ultraortodoxos, como era de esperar. La escritora explica que estos “se repliegan hacia dentro y se vuelven más estrictos” (El País), es decir, que en lugar de reflexionar sobre su comunidad y el trato que da a las mujeres, ha servido para reafirmarse aun más en sus creencias.

(Anika Molnar/Netflix)
(Anika Molnar/Netflix)

Pero lo que los hombres judíos jasídicos opinen de Unorthodox no nos sorprende -para empezar porque no hace falta que nos digan que no debe haberles gustado mucho la serie por cómo los retrata. En realidad, lo que nos interesa son las críticas que provienen de mujeres que han realizado un éxodo similar al de Esty pero no se han visto reflejadas en su historia; mujeres que también escaparon de su religión pero no creen que la miniserie explique con exactitud o realismo lo que de verdad es vivir en esas comunidades. Es más, que consideran que está llena de errores, omisiones y representaciones incorrectas.

Unorthodox ha inspirado a varias mujeres a escribir su propio relato de huída de la comunidad ultraortodoxa, aportando testimonios que amplían o directamente contradicen la experiencia de Esty. El primero que destacamos es el de la periodista Chava Gourarie, quien como la protagonista, también dejó su comunidad atrás para empezar una nueva vida, especificando lo que no muestra la serie y apuntando a un proceso mucho más complejo detrás de la decisión de renunciar a la religión.

En un artículo para Independent, Gourarie afirma que la serie muestra este proceso “como una elección binaria y heroica” o una “dicotomía falsa entre pasado y futuro”, y se lamenta de que le falte complejidad y sutilidad. “La serie describe su vida jasídica como opresiva y solitaria, sin apenas un solo personaje compasivo, mientras que en Berlín es inmediatamente acogida con los brazos abiertos”, escribe la autora, “Por tanto, priva a los espectadores de las partes más interesantes de la historia: el porqué de su huída y cómo salir adelante en un universo completamente extraño para ella”.

Para Gourarie, la mayor omisión de Unorthodox tiene que ver con la fe. Según ella, la serie nunca te muestra “la relación de Esty con Dios, con la religión o consigo misma”, sino que el conflicto que lleva a su decisión gira en torno a la comunidad y los familiares que la obligan a casarse e ignoran sus deseos y su sufrimiento. La autora, que especifica que ella perteneció a la comunidad Chabad, más abierta que los Satmar, también critica que la serie pasa muy rápido por detalles que ella vivió de forma mucho más intensa, como la primera vez que se puso unos pantalones vaqueros. “Tenía 27 años”, recuerda, “Lo que me había impedido hacerlo hasta ese momento fue una mezcla de culpa y que no sabía cómo funcionaban las tallas”. A Gourarie le chirría que en una escena Esty se pruebe sus primeros jeans, le queden bien y salga tan contenta a la calle.

Anika Molnar/Netflix
Anika Molnar/Netflix

Unorthodox retrata la tradición jasídica de forma inequívocamente crítica y a sus miembros como personajes con los que es difícil empatizar. Quizá con excepción del marido de Esty, Yanky (Amit Rahav), que a su manera también está caracterizado como víctima de la religión, los judíos jasídicos aparecen representados en la serie como villanos, para algunos espectadores incluso de forma maniquea. Esto plantea un problema para Frieda Viezel, otra mujer que abandonó su comunidad Satmar, y que no parece guardar tanto rencor hacia las personas con las que vivió durante aquella etapa de su vida.

En un artículo para Forward, Viezel opina que la serie plasma a las mujeres jasídicas como “brujas extranjeras de Disney con trajes extraños”, impresión que comparte Izzy Posen, de 25 años, otra mujer judía que vivió una historia similar, en este caso en Londres, cuando solo tenía 18. En sus palabras, recogidas en Dazed, Unorthodox “representa a una comunidad de personas sin dimensiones, desprovistas de emoción y eternamente amargadas. La comunidad no es así. Es cierto que hay mucha supresión de la libertad personal, pero también hay alegría, corazón, empatía, amabilidad y humor”.

Según Posen, en la vida real, la comunidad habría mostrado mucha más empatía hacia Esty, aludiendo a su propia experiencia: “Cuando yo me marché, hubo mucho dolor, lágrimas, acusaciones y amenazas, pero el amor de mis padres brilló a través de todo eso”. Por el contrario, la serie no explora las emociones de las personas que criaron a Esty y lo que sienten cuando esta los abandona. “Es una historia humana, pero creo que la humanidad está bastante ausente en la parte jasídica”, concluye.

Volviendo al artículo de Viezel, según esta autora, la versión que la serie nos ofrece de la comunidad jasídica de Williamsburg, Brooklyn está llena de errores. Por ejemplo, en la primera escena, que tiene lugar durante el Sabbat (día sagrado de la semana judía), Esty recoge varios objetos y se dispone a escapar, pero un grupo de mujeres la detienen a la salida del edificio y le dicen que “el eruv está roto”, con lo cual no puede marcharse. El eruv es una demarcación de alambre que rodea un lugar público e indica que los judíos pueden cargar objetos personales durante el Sabbat. Al estar roto, Esty debe volver y dejar sus pertenencias para poder salir del lugar, cosa que consigue con éxito. El problema es, según Viezel, que en la vida real, Williamsburg no acata la norma del eruv y llevar objetos durante el Sabbat está prohibido siempre, por tanto la serie se lo inventa para añadir efecto dramático y forzar la metáfora de la fuga de Esty.

Viezel también critica la inexactitud en la representación de las costumbres, rituales y vestimentas y expresa horror por la “fea ropa diaria que lleva Esty durante el Sabbat, su horrible apartamento y su atroz peluca jasídica”. En cuanto al resto de mujeres jasídicas que aparecen en el primer capítulo, Viezel considera que llevan los pañuelos de la cabeza demasiado bajos y sus acentos en Yiddish no son buenos.

Para ella, “ninguno de los personajes parece real” y todos son “incoherentes”. Como Esty, Viezel también creció en una comunidad Satmar, pero dice no reconocer el entorno “poco ortodoxo” que se ve en la serie, como tampoco a las personas frías, sin humor y obsesionadas con seguir las reglas que aparecen en ella. “Por supuesto que hay gente mala en la comunidad jasídica, y yo misma soy crítica con muchas de sus prácticas, pero eso no quiere decir que todos vayan por ahí en silencio, serios, acatando las reglas y mencionando el Holocausto”, sentencia.

(Anika Molnar/Netflix)
(Anika Molnar/Netflix)

Por último, Viezel tampoco cree que la serie acierte a la hora de representar las relaciones entre mujeres, un entorno femenino que recuerda con cariño como “un mundo vibrante de mi infancia en Williamsburg”, y que en la ficción de Netflix aparece de forma muy gris. Al igual que Posen, Viezel cree que hay una manera de hacer llegar el mensaje de denuncia sin necesidad de construir a sus personajes como monstruos de una sola dimensión: “Está bien mostrar el lado oscuro del jasidismo, pero aun así, el retrato debe ser humano”, resume.

Las críticas negativas en este caso nos ayudan a ver el problema desde varias perspectivas, en lugar de quedarnos con una única versión de los hechos. Unorthodox cuenta una historia inspirada en la realidad, pero no todo lo que vemos en ella es real. La miniserie está muy ficcionalizada, especialmente en la sección que transcurre en Berlín (os lo explicamos más en profundidad en este artículo), donde los productores se inventan las tramas del conservatorio y el diverso grupo de amigos de Esty para hacer llegar más claramente su mensaje, otorgarle universalidad y darle ese toque de biopic hollywoodiense que tan bien funciona en el cine y la televisión.

A pesar de las voces discordantes, no cabe duda de que Unorthodox está calando hondo en la audiencia. La miniserie ha conquistado a los espectadores y el boca-oreja la mantiene en las listas de lo más visto en Netflix. Es fácil ver por qué cada vez más gente se está apuntando a verla. Incluso aquellos que señalan sus defectos o carencias reconocen que es una obra digna de ver entre otras cosas por su valioso mensaje y sus magníficas interpretaciones, especialmente la de Shira Haas.

Pero lo más importante es que, más allá de ser una historia conmovedora con la que personas de todo el mundo han conectado, Unorthodox está creando una conversación en torno a la comunidad jasídica y la necesidad de cambio y actualización de una religión que sigue anclada en el pasado. La historia de Esty está llevando a los espectadores a investigar sobre este mundo que suena tan ajeno pero que está tan cerca de nosotros en las grandes ciudades y, por consiguiente, a escuchar a esas mujeres que piden ayuda, ya sea para escapar o para cambiar la tradición que las ha oprimido hasta ahora.

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