Con tapabocas en lo ojos y vociferando: la crítica portada que resume la reacción de Trump al coronavirus

¿Está Donald Trump abrumado, confundido o descolocado ante el riesgo de una epidemia de coronavirus en Estados Unidos? La portada de la edición de la próxima semana de la revista The New Yorker plantea esa posibilidad de modo jocoso y crítico.

La reacción y la actitud que Donald Trump ha tenido ante la amenaza de una epidemia de coronavirus en Estados Unidos ha sido problemática. Mensajes como que el virus “va a desaparecer, un día milagrosamente desaparecerá” formulados por Trump han planteado severas dudas sobre si el presidente de Estados Unidos conoce y valora la magnitud del reto que esa enfermedad podría plantear al país.

La portada de la revista The New Yorker critica con humor la actitud y el mensaje de Donald Trump sobre el coronavirus y sus posibles efectos en EEUU. (The New Yorker)

La portada de The New Yorker, elaborada por Brian Stauffer,  expresa con humor esas críticas: muestra un Trump vendado por un tapabocas y gritando, en alusión a que el presidente no está prestando atención a la realidad, o está incluso confundido, mientras opta por el ruido de tonos politizante. Critica, con ironía, que la Casa Blanca quiera mostrar que todo “está bajo control” y señala que el mensaje que Trump y su gobierno han dado sobre los riesgos del coronavirus en Estados Unidos es, por lo menos, “no enteramente persuasivo”, como comenta esa revista.

La caricatura es ciertamente eso, pero tiene punzantes ligas con la realidad.

Se ha comentado que el gobierno de Trump, posiblemente temeroso de que una alteración sustancial en la actividad económica resultante de una epidemia mayor de coronavirus en Estados Unidos pudiera mermar las posibilidades de reelección del presidente, quiere controlar todo lo que desde las autoridades y las instituciones públicas de salud se comunica al respecto, incluso –de acuerdo a versiones difundidas en los medios– requiriendo que funcionarios de entidades de salud reciban previamente el aval oficial antes de expresar sus datos o valoraciones.

Así, por un lado se afirma que Trump no desearía que se tomasen medidas a gran escala contra el coronavirus, como suspensión a gran escala de labores y de escuelas o incluso contención de regiones enteras como ha sucedido en China o, en menor grado, en Italia, porque eso afectaría la economía. Y dado que el buen desempeño económico presente es su mejor carta rumbo a la elección de noviembre, Trump no desearía minar sus opciones de reelección al aplicar medidas que, aunque presumiblemente necesarias desde el punto de vista de salud pública, causarían un freno económico y alterarían la vida cotidiana de los estadounidenses.

Algo que podría costarle votos.

Y, en paralelo, se ha criticado que la reacción del gobierno federal ante el coronavirus ha sido lenta, dubitativa e insuficiente, y que la petición de 2,500 millones de dólares en fondos de emergencia se queda corta y no sería suficiente para atender las necesidades en caso de una epidemia considerable en Estados Unidos.

La insuficiencia y hasta irritación de funcionarios del gobierno federal al abordar el asunto han mostrado en sus respuestas a cuestionamientos al respecto de parte de la prensa o de políticos demócratas suma a esa sensación de que la administración no está muy bien parada, al menos hasta ahora y en el contexto de sus altos funcionarios, en el tema del coronavirus.

Trump mismo parece distraído de los datos o afanoso por responsabilizar a los demócratas y a los medios de las incertidumbres ante el coronavirus con gritos y desplantes, como se expresa en la portada de The New Yorker, pero sin el foco y la serenidad que una crisis de salud pública exige y requiere.