'Un puente hacia Terabithia', la película que traumatizó a toda una generación

Cine 54
·5 min de lectura

Por Alberto Cano.- Corría el año 2007 y desconocía por completo el libro Un puente hacia Terabithia de Katherine Paterson, no sabía nada de su argumento, del mundo fantástico que proponía ni de todos los matices que su historia traía consigo. Lo único que sabía era que el mismo equipo tras Las Crónicas de Narnia iba a estrenar su adaptación en cines, que las aventuras fantásticas juveniles me encantaban y que debía ir a ver esa película.

Su tráiler avanzaba el relato de dos amigos que descubren un mundo mágico en el que viven todo tipo de peripecias repletas de espectacularidad. Pero lo cierto es que la película no tenía nada que ver con esto. Sino que en lugar de una tierna aventura fantástica, nos topamos con un giro inesperado que, para muchos, resultó ser de lo más traumático.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Cuando me acerqué al cine a verla, por aquel entonces yo era un crío de 12 años recién cumplidos, me encontré ante la historia de dos jóvenes que en su rutinaria vida deben enfrentarse a problemas de exclusión, soledad y acoso escolar, lo que les lleva a forjar una bonita amistad y a evadirse creando un mundo mágico imaginario.

La película estaba lejos de las inocentes aventuras y espectacularidad visual que se nos había vendido en sus avances. Nada tenía que ver con Las Crónicas de Narnia, Harry Potter o cualquier otra adaptación de una novela fantástica juvenil. Un puente hacia Terabithia era un drama sobre los problemas del día a día de muchos jóvenes y no se cortaba un pelo a la hora de tratarlos en profundidad desde un inteligente enfoque creativo.

Se trataba de una fábula sobre cómo el poder de la imaginación nos ayuda a evadirnos, a superar las dificultades y a seguir nuestro camino hacia la madurez, un tema muy relevante para las edades a las que iba dirigida la película pero tal vez un enfoque para el que los espectadores no estábamos preparados en el momento de su estreno.

Que su campaña de marketing nos vendiera una amena cinta de aventuras y magia hizo que el impacto durante su visionado fuera muy grande. Y cuando llegó el momento de ver en pantalla la muerte del personaje interpretado por AnnaSophia Robb el trauma que nos dejó a muchos fue indudablemente inmenso. No hay más que hacer un repaso por redes sociales para ver la cantidad de homenajes que todavía le siguen haciendo a su escena más impactante.

El personaje, una niña llamada Leslie, era la coprotagonista de la historia junto a un jovencísimo Josh Hutcherson (Los juegos del hambre), que moría de repente y de manera brutal (sobre todo para el imaginario infantil) al golpearse la cabeza tras intentar saltar un río colgándose de una cuerda, como hacía siempre, pero esta se rompía. Una muerte inesperada que removió emociones similares a las que vivimos con el caballo de Una historia interminable o el trágico fallecimiento del personaje de Macaulay Culkin en Mi chica.

Recuerdo sentirme bastante confundido durante la película, sin saber qué pensar sobre lo que estaba viendo. Cuando me di cuenta de que no me estaban contando el relato que venía buscando empecé a sentirme frustrado, convenciéndome a mí mismo de que la historia giraría hacia otro enfoque más espectacular y blockbustero en algún momento. Pero no. En su lugar la película me ofreció un enorme sentimiento de tristeza tras matar a su protagonista en un giro totalmente inesperado.

Intenté autoconvencerme de que esa muerte no había ocurrido, que no tenía cabida en una cinta “para críos” como Terabithia, que el personaje reaparecería tras una nueva vuelta de tuerca de los acontecimientos. Pero eso no pasó. La película resultó ser tan dura como la propia realidad a la que se enfrentaban sus personajes.

Como decía al principio, este impacto fue fruto de una campaña de marketing que "vendía" otro tipo de película y que incluso tomó por sorpresa al guionista, David Peterson, e hijo de la autora de la novela. Fueron muchos los que criticaron esta táctica engañosa de los encargados de la promoción del filme, desde fans del libro a críticos de cine y los propios cineastas detrás de la película. Y el resultado se notó en una taquilla muy por debajo de Las crónicas de Narnia o Harry Potter: $137 millones.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Más tarde, cuando pude volver a ver Terabithia siendo más grande, la miré con otros ojos y mi percepción cambió. Ya sabía lo que iba a ver y pude centrarme en analizar más detenidamente sus temas y me percaté de que, efectivamente, estábamos ante una muy inteligente propuesta con uno de los enfoques más insólitos vistos en el cine comercial juvenil.

Y no es realmente extraño, porque mirando los créditos se pueden encontrar nombres como el del director Gábor Csupó, uno de los creadores de Los Rugrats. Y si recordamos, aunque aquella se tratara de una serie enfocada a un target infantil, no menospreció a su público e incluyó temas muy destacables, como una de las mejores caricaturas feministas vistas en la animación en una época en la que la temática aún parecía ser un tabú en el audiovisual.

Puede que a nivel técnico Terabithia fuera una película más bien floja, que tuviera un presupuesto ínfimo y que no luciera todo lo bien que se podría esperar de una producción de fantasía, pero aquellos que en nuestra juventud nos servimos de historias fantásticas para desconectar de los problemas reales encontramos aquí una inmensa historia donde vernos reflejados. Sí, era dura. Y sí, tal vez no supimos apreciarla del todo por su engañosa campaña de marketing. Pero ojalá el cine juvenil apostara más a menudo por aventuras tan interesantes, reflexivas e impactantes como esta.

Más historias que te pueden interesar: