Un giro radical pone en jaque el final ideal de Juego de Tronos

ATENCIÓN: ESTE CAPÍTULO CONTIENE SPOILERS DEL QUINTO EPISODIO DE JUEGO DE TRONOS

Un capítulo y Juego de Tronos se termina. Para siempre. Y el gran temor de Varys y Tyrion se hizo realidad en “La última guerra”. La sed de venganza y el dolor de la traición han convertido a Daenerys en la “reina loca”. Y el final, ahora, es más grande de lo que habríamos imaginado.

El penúltimo capítulo de la aclamada serie de HBO ha sido el más brutal y sangriento de esta última temporada, sentenciando que el juego final por el Trono de Hierro no está entre Cersei y Daenerys, sino entre la Madre de los Dragones y Jon Snow.

Liam Cunningham como Davos Seaworth y Kit Harington como Jon Nieve (Autor: Helen Sloan/HBO)

Desde que quemara vivos a los Tarly, comenzamos a ver el lado tirano en ella. Un lado que ha ido in crescendo a medida que su futuro en el trono se ha visto amenazado. Hace tiempo que comenzaron a circular las teorías sobre el cambio definitivo en la Rompedora de Cadenas; pero una cosa es imaginarlo y otra cosa muy distinta fue verlo. Aquella reina que sobrevivió al fuego, la misma que tuvo el corazón de liberar a pueblos y supo conquistar un reino tras otro, ya no es la misma.

La traición se paga caro en Juego de Tronos, y en el quinto episodio, Varys lo descubrió en carne propia cuando Daenerys cumplió su promesa de quemarlo vivo si algún día la traicionaba. Dany descubrió su conspiración para apoyar a Jon a alcanzar el trono, aunque el héroe no lo quiera, y con apenas un “dracarys” acabó con la vida del eunuco que sirvió al Trono de Hierro durante generaciones. Esto ya hizo despertar el temor de Jon y Tyrion ante la posibilidad de que Dany haya caído en la locura final. Pero tras el final del episodio, los dos ya están convencidos. Ahora la guerra final estará entre Dany y los Stark.

En esta ocasión, Daenerys ya estaba preparada y sabía a lo que se enfrentaba y atacó Desembarco del Rey por los cielos destruyendo con fuego todo lo que se interponía en su camino. Su furia y la de Drogon abrieron el camino a su ejército, permitiendo el avance seguro y firme. El trono era suyo. Jon y Gusano Gris tenían la rendición de los soldados de Cersei. La victoria estaba sellada sin provocar la destrucción del pueblo. Pero la ira de Daenerys contra Cersei, la muerte de Rhaegal y Missandei; sumado a la soledad y a la rabia de la traición, llevaron a la Reina Targaryen a la locura. Lo quemó todo. Absolutamente todo, provocando el rechazo definitivo de Tyrion, Jon y Arya, que lo vivieron todo de primera mano.

Tyrion le dio una oportunidad de salvación a sus hermanos, al liberar a Jamie (había caído prisionero de Daenerys en su intento por llegar al castillo) y pedirle que le ayudara a salvar a Desembarco del Rey sonando la campana y escapara de una vez por todas con ella. Lo intentó, pero el ataque de Euron Greyjoy lo dejó moribundo. Acorralada, Cersei se quedó sola. Y a pesar de los intentos de Jamie por sacarla del castillo con vida (su amor por ella era más fuerte que Brianne y cualquier cosa), ambos murieron como nadie esperaba. En brazos, aplastados por los cimientos del castillo en ruinas.

Arya pudo haber llegado hasta Cersei y darle la muerte que muchos esperaban, pero El Perro la convenció de que le diera una oportunidad a la vida y olvidara la venganza. Y a cambio, lo que vio la héroe del Norte fue la destrucción de la que Daenerys es capaz.

Ahora, el trono es de Daenerys. Ha conseguido lo que lleva ocho temporadas buscando, pero el precio ha sido demasiado alto. Ya no es la liberadora de pueblos. Ahora es una tirana. Tyrion, Jon y Arya fueron testigos de ello y el último capítulo marcará el destino final de los amantes Targaryen. El “vivieron felices y comieron perdices” no parece ser el final destinado a la parejita de la serie.