'Un, dos, tres... ¡Splash!', la comedia que resultó ser una pesadilla para Tom Hanks y Daryl Hannah

Además del famoso Thriller de Michael Jackson, la aparición del walkman y las hombreras XXL de los jerseys, si hay algo por lo que recordaremos los 80’s es por las comedias románticas como Un, dos, tres… ¡Splash!, aquella con la que Ron Howard lanzó a la fama a Tom Hanks. Este año se cumplen nada menos que 36 años del estreno de esta película familiar que narra el romance entre un humano y Madison, esa bella sirena protagonizada por la actriz Daryl Hannah. Aunque resulte increíble, las aventuras y fechorías de la mítica cinta la llevaron a estar nominada al Óscar por Mejor Guión Original. Sin embargo, detrás de las risas y momentos cómicos, se esconde una historia poco conocida y menos divertida de la que nos imaginamos. Al menos así lo cuentan sus protagonistas.

Daryl Hanna en la película Un, dos, tres... ¡Splash! (© 1984 Buena Vista)

Como suele ocurrir muy a menudo, nada es lo que parece. Sí, es cierto que muchas familias llamaron a sus recién nacidas Madison y que el éxito de taquilla fue brutal superando los 70 millones de euros (una cifra nada despreciable por entonces) pero, ¿a qué precio? Que se lo pregunten a Daryl y Tom que fueron los encargados de sufrir las consecuencias de un rodaje lleno de retos y momentos límite. Empecemos con el traje de sirena. No hace falta decir que a su protagonista le sentaba como un guante debido a su espectacular figura pero llegar hasta ahí era una tortura china.

Según contó la propia Hannah verse hecha toda una sirenita suponía ocho horas de preparación. No consistía en ponerse el disfraz y ya, resulta que el trajecito en cuestión estaba hecho de látex y las escamas y demás detalles de la cola estaban pintados a mano. “Fue un proceso de aprendizaje no solo el conseguir llevarlo y que se viera bien, sino lograr el equilibrio para mantenerlo debajo del agua pero sin llegar a hundirme”, explicó a la publicación Empire.

Eso sin mencionar la tragedia griega que suponía que le entraran ganas de ir a hacer sus necesidades. “Si tenía que ir al baño eso arruinaba el día completo de rodaje porque implicaba quitármelo y volvérmelo a poner”, recuerda la actriz de 59 años. Era un proceso tan largo y agotador que casi era mejor aguantarse. Y lo mismo para comer. Daryl prefería almorzar con el traje puesto y metida en la playa que pasar por el calvario de desvestirse. “Prefería quedarme en el agua o la piscina. Cuando estaba fuera se me hacía imposible moverme, estaba ahí quieta donde la grúa me dejara, estaba a expensas de todo el mundo”, rememora de esos momentos detrás de cámara.

Menos mal que a su vera estaba Tom, esa joven de 28 años que se daba a conocer en la pantalla grande con este título. Antes había participado en otra comedia, Despedida de soltero, una cinta que pasó sin pena ni gloria en la que los críticos aseguran que lo único llamativo era él por su gracia y salero. Su sentido del humor y desparpajo ya apuntaba maneras. Daryl todavía recuerda el gesto caballeroso de su excepcional compañero en estos momentos de crisis con la maldita cola de sirena. “Él se acercaba y me ponía una patata frita en la boca”, contó entre risas a la misma publicación. Ahora se ríe pero entonces casi lloraba de la impotencia. Ni siquiera estar en un paraíso como las Bahamas, donde se rodó la curiosa historia, aliviaba la tensión.

Una situación que también salpicó al ganador de dos estatuillas por Filadelfia y Forrest Gump. Tom sufrió en sus propias carnes las terribles consecuencias de enamorarse, aunque fuera en la ficción, de una sirena. Para los que vieron la película seguro que lo recuerdan, para los que no, les contamos que hubo un beso de tornillo debajo del agua. Aunque el resultado final fue de enmarcar, hacerlo bien fue una auténtica pesadilla para ambos. “Se ve bien pero fue super duro de llevar a cabo. Debes tener en cuenta los problemas de oxígeno y además no quieres que se vean las burbujas saliendo de tu nariz cuando te estás besando. El romanticismo del sexo debajo del agua está sobrevalorado”, bromeó Daryl y ella sabe de lo que habla.

Para ninguno fue un paseo por las nubes. Aún así lo bordaron y la escena quedó de diez. Es lo que tiene editar, solo se ve lo bueno. Lo que tampoco vimos los espectadores de esta historia en la que participaron actores de la talla de Eugene Levy o Dody Goodman, es la visita de alguien que no estaba invitado. “Una vez tuvimos por allí a un tiburón”, confesó Daryl. Por muy exótico que fuera el lugar y cristalinas sus aguas, estar en medio del triángulo de las Bermudas tenía sus riesgos. “Recuerdo a Ron dándome instrucciones de bajar al fondo y yo pensar ‘aquí debe haber tiburones enormes’”.

Daryl Hanna y Tom Hanks en Un, dos, tres... ¡Splash! (© 1984 Buena Vista)

Lo de estar debajo del mar era el pan nuestro de cada día así que no les quedó más remedio que aprender a bucear, algo que a Tom le costó un mundo. “Bucear para mi era como escalar una montaña o practicar el ala delta, algo que ves en el canal de deportes una aburrida tarde de domingo”, reconoció el también director al programa Merv Griffin Show en aquel entonces. “Jacques Cousteau bucea, yo nado en la piscina”, dijo con ese sentido del humor que le acompaña hasta hoy. El esfuerzo valió la pena y gracias al curso que tuvo que hacer hoy en día es un buceador certificado. 

A pesar de las aventuras y desventuras de sus actores, la cinta fue maravillosamente acogida por los espectadores que llenaron las salas de medio mundo. Tal es así que cuatro años después tuvo una secuela, Splash otra vez, con un cast totalmente diferente. En esta ocasión no contó con el beneplácito del público y pasó desapercibida. Con la actual moda de los remakes de exitosas cintas de los 80 y 90, se barajó la posibilidad de hacer una nueva versión con esta inolvidable historia de la mano de Channing Tatum y Jillian Bell. La actriz llegó a decir a Indie Wire que el guión estaba en curso y que en dos años esperaban hacerla. “Va a suceder y estoy muy emocionada por ello”, expresó.

Mientras el proyecto sale a flote, nosotros nos quedamos con la original que tan buenos recuerdos ochenteros nos trae. Los astros se pusieron de acuerdo para tener a Hannah y Hanks en el reparto, y eso que el protagonista de Náufrago no era el candidato favorito para el rol de Allen. Menos mal que John Travolta, Michael Keaton y Bill Murray lo rechazaron antes, con todos los respetos a estos grandes de la escena, nada hubiera sido lo mismo.

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