Uma Thurman y su relación tóxica con Tarantino

Uma Thurman cumple 50 años convertida en icono del cine moderno gracias a un solo director, Quentin Tarantino. Para qué engañarnos, pueden gustarnos muchas de sus películas y haber estado tremenda en unas cuantas, pero por mucho que lleve más de treinta años en el mundo del cine, su imagen danzando con el cabello negro azabache junto a John Travolta o buscando venganza con una catana en un traje amarillo ya son sinónimo de su filmografía.

Lo suyo con Tarantino es una historia plagada de mucho cariño pero también de enfado y perdón. Una relación de más de 25 años en donde ella fue la musa a merced del artista, disfrutando de los aplausos del mundo, coronándose como icono pero también sufriendo accidentes, escupitajos y estrangulaciones para la cámara. Una musa que, según Tarantino, “está a la altura de Greta Garbo y Marlene Dietrich en el territorio de las diosas” del séptimo arte.

Quentin Tarantino y Uma Thurman en el Festival de Cannes (Thibault Camus; Gtres)

Recuerdo descubrir a Uma siendo una cinéfila principante a través del VHS, dando vida a una jovencísima Cécile de Volanges en la adaptación de Las amistades peligrosas (1988) dirigida por Stephen Frears, aunque siendo su tercera producción, no logró cautivarme tanto como lo hizo Michelle Pfeiffer en aquella película. Y es que si bien se mantuvo en el candelero durante los años siguientes (y casada con Gary Oldman entre 1990 y 1992, que ya nadie lo recuerda), su carrera comenzó el día que conoció a Quentin Tarantino. Fue en aquel encuentro que Tarantino supo que había encontrado a su Mia Wallace para Pulp Fiction. Ya nunca hubo otra actriz en su mente, ese papel era solo para ella.

Era la primera película que Miramax financiaba al completo -el estudio independiente de Harvey y Bob Weinstein que acababa de ser adquirido por Disney- y fue todo un éxito. No solo fue aplaudida de manera unánime por la crítica, sino que cosechó 193 millones de euros ($213 millones) sobre un presupuesto de 7,2€ millones ($8 millones) y supuso la única nominación al Óscar que ha conseguido Uma hasta ahora. Pero, para ella, el papel de Mia fue mucho más que eso. Aquel personaje de esposa de un mafioso de Los Angeles es uno de los personajes femeninos más icónicos de los 90s y sus bailes con John Travolta con peluca negra de por medio ya son historia del cine.

Acomodada ya en el firmamento de las estrellas, Uma se tomó su tiempo para elegir proyectos y disfrutar de su vida personal junto a Ethan Hawke, con quien estuvo casada desde 1998 a 2005, y su primera hija nacida en 1998 (la también actriz Maya Hawke). Por eso, la siguiente década la vivió entre éxitos y fracasos -cómo olvidar su hiedra Venenosa de Batman y Robin (1997)- hasta que Tarantino la catapultó de nuevo. Fue en 2003 cuando el cineasta dijo a Times que ella estaba a la altura de otras diosas como Greta Garbo mientras rodaban las dos entregas de Kill Bill. La asesina Beatrix Kiddo con sed de venganza es, sin dudas, su papel más icónico, siendo un personaje que ella misma ayudó a crear tras concebir la idea juntos en el set de Pulp Fiction. Solo habían imaginado una novia cubierta de sangre y durante los siguientes nueve años, la imagen comenzó a cobrar forma. El rodaje fue el más demandante de su carrera, durando nueve meses y entrenando durante tres en artes marciales, esgrima y japonés. Ambas entregas se convirtieron en un clásico de culto por excelencia, coronándola como referente entre las heroínas del cine de acción moderno.

Pero no todo ha sido de color de rosas entre ella y Tarantino. Detrás del éxito, de los posados cómplices, de los halagos mutuos y a pesar de los eternos rumores de haber sido más que amigos -que nunca confirmaron- por entonces Uma vivía la otra cara de la moneda que a veces persigue a las musas. Y es que esa imagen a merced de la imaginación del creador a veces puede convertirse en objeto, como si fuera propiedad de ese artista que ve en ella su máxima fuente de inspiración. Mientras nosotros aplaudíamos a Kill Bill Vol. 1 y 2, ellos se distanciaban por culpa de los acosos sexuales y accidentes que vivió por trabajar a su lado.

Conocimos la historia en 2018 cuando ella misma la hizo pública en un artículo durante el nacimiento del #MeToo para The New York Times. Era su confesión: había sido sexualmente acosada por Harvey Weinstein, violada por un actor 20 años mayor que ella cuando tenía 16 y y puesta en peligro por el propio director en quien había depositado toda su confianza.

A pesar de sus reticencias iniciales en sumarse al movimiento #MeToo, finalmente confesó que había sido acosada por Weinstein en el Hotel Savoy de Londres a mediados de los 90s. Confesó que “la empujó”, que “intentó forzarla y exponerse” e “hizo todo tipo de cosas desagradables” y al día siguiente le envió rosas amarillas forzándola a aparecer de nuevo en el hotel, esta vez junto a una amiga, donde lo amenazó con destruir su carrera si le hacía lo mismo a otra mujer. Pero el ex productor de Hollywood continuó sus tácticas de depredador sexual, actualmente convicto por violaciones y a la espera de otros juicios, haciendo que Uma asegurara sentirse culpable por esas mujeres que cayeron en su trampa dado que debido al éxito cosechado con las películas que él produjo con Tarantino, ella misma es una de las razones por la que muchas mujeres entraron a solas a su habitación.

En el mismo artículo, la periodista Maureen Dowd explica que Uma fue víctima de algunas de las tácticas grotescas que Tarantino a veces emplea, aunque se tratara de su musa. Por ejemplo, fue él quien la escupió en la cara en una escena con Budd (Michael Madsen) y quien la estranguló con una cadena en lugar de la adolescente Gogo Yubari (Chiaki Kuriyama) -lo mismo que hizo en la escena de estrangulación de Diane Kruger en Malditos bastardos (las manos que se ven son las suyas)-. Mientras que, al mismo tiempo, expresaba el descontento de la actriz con su amigo por no protegerla y casi matarla. Es así cómo detalla el incidente que la dejó con dolor crónico en el cuello y las rodillas: un accidente que sufrió en el set de Kill Bill por la negligencia de Tarantino que Uma definió como “la deshumanización hasta el punto de la muerte”. Y todo acompañado por el vídeo del momento.

Tarantino reconoció su culpa a Deadline, admitiendo que como explicó la actriz, la obligaron a conducir a alta velocidad para que se viera su cabello al viento a lo largo de una carretera que no había sido comprobada en uno de los últimos días de rodaje en México. En teoría iba conducir hacia el lado contrario por un camino en línea recta que el propio Tarantino había testado que era seguro, pero un cambio en la luz hizo que giraran la toma a último momento. El accidente hizo que ella perdiera la confianza que había depositado ciegamente en él y hasta su marido por entonces, Ethan Hawke, se enfrentó al director por lo que había hecho. “Es el mayor arrepentimiento de vida” dijo Tarantino en su momento, quien era consciente que Uma pensaba hacer una confesión por escrito y para ayudarla a cerrar página 15 años después, él mismo le entregó el footage del accidente que Harvey Weinstein le había negado ver, probablemente para evitar una demanda. Incluso ella está convencida que Weinstein hizo desaparecer el vehículo, mientras Tarantino afirma no saber nada porque él no se involucra en cuestiones de seguros.

En cuanto a escupirla, Tarantino explicó a Deadline que lo hizo él porque no confiaba en que Michael Madsen lo hiciera bien y no quería que Uma fuera escupida en el rostro toma tras toma. Y en cuanto a la estrangulación, afirmó que, aunque el artículo original lo señale como “sádico”, la idea fue de Uma para que “el rostro se le pusiera rojo y las lágrimas saltaran de sus ojos”.

Esa pérdida de confianza afectó la relación entre los dos durante los siguientes tres años, pero ahora ya es agua pasada. El director asegura haberse disculpado por lo ocurrido y actualmente ella está dispuesta a volver a ponerse en sus manos.Si escribe un papel magnifico y estamos los dos en el momento adecuado, seria increíble” dijo Uma cuando Entertainment Weekly le preguntó si volvería a trabajar con él tras el incidente. Y ella dio un rotundo sí porque aunque hayan tenido sus peleas, lo conoce, lleva 25 años colaborando creativamente a su lado. “¿Tuvimos tragedias? Seguro. Pero no puedes reducir el legado con ese tipo de historias”.Mi capacidad para perdonar existe y las cosas pasan. El accidente estuvo mal, pero intenté explicar que fue el ambiente alrededor lo que me hirió más”, añadió.

Lo único que se interpone en el camino de otra colaboración es el supuesto plan de retirada de Tarantino, quien ha repetido varias veces que piensa dejar la dirección cinematográfica cuando llegue a su décimo largometraje. Y teniendo en cuenta que Érase una vez en… Hollywood, fue el noveno; pues solo queda uno. Muchos esperan que sea Kill Bill Vol. 3, y según confesó el director en un podcast a mediados de 2019, los dos han hablado sobre la idea de volver a la historia de la Novia.

En resumen: sí, Uma hizo más películas. Muchas. En varias ha brillado como en Nymphomaniac (2013) o La casa de Jack (2018), por nombrar algunas; pero otras han sido infumables, como Mi superexnovia (2006) o Marido por sorpresa (2008). Pero ninguna jamás logró igualarse al poder de icono que ostentan Mia y la Novia. Y a sus 50 años recién cumplidos, Uma puede celebrar que pase lo que pase, ese rol de icono femenino del cine moderno, jamás dejará de tenerlo.

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