TVE recibe una lección sobre qué se debe contar y qué no en televisión

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Por Lucas Ferreira.- El trepidante ritmo de producción de un programa de televisión -y más en uno de varias horas de duración y emisión diaria- suele obligar a tomar decisiones de manera extraordinariamente rápida. Quizás haber cogido aire y pensado dos veces lo que iban a contar, le hubiera evitado a La Mañana de Televisión Española haber elaborado una pieza poco acertada y cuyo enfoque ha terminado por ser considerado delito por un juez.

En marzo de 2017, el programa presentado por María Casado -hoy ya fuera de la cadena pública- conectó en directo con una reportera que estaba en el domicilio de una vecina de Salamanca. La noticia era que a la inquilina del piso de arriba la habían multado “por superar los decibelios permitidos”, lo que dio pie a explicar que el ruido “provenía de su cama”.

La mañana (RTVE)
La mañana (RTVE)

"Se oye de todo, los ruidos de la cama, golpes, las tortas, de todo" decía la vecina que aseguraba que llevaba tiempo sin poder dormir. Y con consecuencias más que evidentes, tanto a nivel de explicaciones -“provocaba que cayeran cosas de la estantería… el radiador vibraba por la fogosidad que se vive en el piso de arriba…”- como de imágenes, con la cámara enfocando a unas grietas que según la entrevistada habían sido provocadas por “los meneos que pegan los de arriba”.

Si no fuera un asunto serio, la transcripción de aquel directo podría pasar por una comedia ligera de los tiempos en que la programación para mayores tenía uno y hasta dos rombos. “Se tira todo el día y toda la noche chichi, chiqui” o “los vecinos llevan meses sin dormir”, fueron algunas de las sentencias que surgieron a partir de las preguntas de la reportera.

El reportaje se puede ver aquí, en la hora 1:02 del programa, donde incluso preguntan a la vecina cómo eran los azotes que escuchaba, en qué horario del día oía los ruidos, qué frases específicas escuchaba durante las relaciones... Hasta se imaginaban la situación cómica de tener a la policía y a la vecina escuchando los sonidos para medir los niveles de ruido. Todo esto en una emisión “en horario protegido”, como indica el presentador desde el estudio central.

Han pasado más de cuatro años desde aquel reportaje que convirtió en noticia una reclamación vecinal a través de la intimidad de otra, pero la aludida denunció y ganó, dando una lección a TVE sobre los límites de qué se puede contar en televisión. La vecina en cuestión perdió el primer juicio, pero apeló y ahora el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León le ha dado la razón alegando una serie de motivos que bien podrían servir de guía para que muchos programas y responsables televisivos hagan autocrítica.

En primer lugar, la autoridad judicial destaca que se lesionó el honor de la denunciante -la vecina de arriba- al permitir que se la pueda identificar con las imágenes de recurso con que se ilustró la pieza: las calles del barrio, la suya propia, las tiendas contiguas y el portal donde vivía. A continuación, y punto importante, “la información y las expresiones emitidas no se refieren a asuntos de relevancia pública o interés general” unido al hecho de que “la joven no es una persona pública por lo que no prevalece la libertad de información”.

La sentencia, a su vez, señala el morbo con el que se trató el asunto, suponiendo el origen sexual de los ruidos para, a partir de ahí, transmitir una determinada imagen personal de la aludida. Es decir, no solo hace noticia algo que no es, sino que especula a partir de ello y crea una idea determinada de alguien anónimo. Ahora, TVE y la vecina (de abajo) tendrán que pagar a su vecina (de arriba) 10.000 €.

Más allá del debate sobre los límites del derecho a la información -asunto que dejamos en manos de los expertos- hay cuestiones que, en muchas ocasiones, se pueden resolver apelando al sentido común, preguntándonos a nosotros mismos si nos gustaría ser protagonistas de una noticia así. Está claro, según el juez, que una televisión no debe emitir informaciones como esta.

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