Tamara Falcó deja de ser la ‘hija pija de’ para coronarse como la ganadora más natural de MasterChef

La predicción de muchos se hizo realidad y Tamara Falcó se alzó como ganadora de MasterChef Celebrity 4. Llegó a la final junto a su compañero Félix Gómez que no se lo puso nada fácil, pero el amor con el que aderezó sus últimos platos se ganó una vez más el paladar y el corazón de sus jueces, que no dudaron en hacerle entrega del gran premio.

Esa pequeña gran mujer de 38 años que entró a las cocinas del programa con la etiqueta de pija, creída y niña de papá ha sido la gran sorpresa y revelación televisiva. Y no porque se le de bien cocinar, que también, sino porque con su carácter cercano, cariñoso y cero engreído se ha ganado a pulso el cariño de sus compañeros y del grupo más severo de todos, el público.

De su participación en MasterChef se ha dicho de todo y más, que si era tongo, que si estaba amañado, que si su coqueteo con Jordi Cruz era puro teatro, etc, etc, etc. Pero Tamara ha hecho caso omiso y ha seguido poniendo, literalmente, el alma en cada creación culinaria para demostrar con hechos que ella es más que ‘la hija de’.

Tal es así, que en el último programa cocinó una ensalada dedicada especialmente a su madre, Isabel Preysler, su gran apoyo e inspiración. Un amor tan grande que obró el milagro de tener en plató, nada más y nada menos, que la reina del papel couché. Isabel llegó acompañada de su novio, el premio nobel Mario Vargas Llosa que no suele pisar platós de televisión, para apoyar entre gritos y aplausos a su hija con el Marqués de Griñón.

Tenerles en plató es una misión imposible, el sueño de cualquier programa rosa, y sólo Tamara ha sido capaz de obrar ese milagro. “Abrazar a mi madre después de haber ganado Master Chef es una auténtica victoria porque a mi madre si hay algo que le gusta es ganar”, expresó sencilla y emocionada.

Esta mujer emprendedora ha demostrado con creces que ser de alta cuna, pertenecer a la alta sociedad y tener el futuro asegurado no es incompatible con ser genuina, de verdad y sin máscaras. Una joven que demostró una concentración digna de un chef profesional y una competidora nata que, para añadirle más humanidad al asunto, consigue rezando el rosario.

Tamara culminó su concurso con un postre dedicado a su abuela materna de 96 años, celebrando “a las mujeres fuertes de su familia”. “Es una mujer muy bella por fuera pero sobre todo por dentro” describió, titulando su postre como “lo dulce está dentro”.

Y el público lo ha agradecido con una legión de seguidores que apoyaron su victoria desde España y rincones de Latinoamérica que siguieron el programa.

Hasta Jordi Cruz, a quien se le caía la baba en la final, admitió haber tenido prejuicios antes de conocerla como ahora. “Pensé: ‘a ver la niña pija qué va a hacer. No se va a tomar en serio el concurso’. Se llaman prejuicios. En ti he descubierto una persona transparente, eres de las personas más nobles que he conocido en mucho tiempo y para mí has sido un descubrimiento bestial”, expresó emocionado.

Y claro, ese final llegó con el momentazo de la gala: Tamara lanzándose a plantarle un beso en los labios a Jordi Cruz. Un beso espontáneo que no ha hecho más que humanizarla y, de paso, disparar aún más los rumores por el coqueteo televisivo que llevaban semanas protagonizando.

A base de esfuerzo y mostrarse tal y como es, conquistó a los jueces y a la audiencia, dejando de ser “la hija pija de” para coronarse como Tamara Falcó. Sin más. Si es que no todo es lo que parece.

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