El true crime, el género que terminó por atraparnos en 2019

Valeria Martínez

Qué cantidad de series hemos visto en 2019. ¿Se dan cuenta que si calculamos un promedio de un episodio de 60 minutos al día (por poner una media), terminaremos el año habiendo dedicado 21.900 minutos a plataformas streaming? Y eso sin sumar películas. En mi caso, debido a mi trabajo y debilidad por las historias, esa cifra se triplica fácilmente (o más). Y lo curioso es que si en otros años la adicción estaba variada entre series familiares, dramas o sitcoms -o incluso la moda del thriller nórdico que nos duró un tiempo- este año hubo un género que se robó toda la atención del streaming: el true crime.

True crime, el género que llegó para quedarse en 2019 en todas sus facetas (Hulu, Netflix)
True crime, el género que llegó para quedarse en 2019 en todas sus facetas (Hulu, Netflix)

El true crime o la crónica negra como formato televisivo lleva décadas en nuestras vidas. Desde los 70s existen programas de televisión de investigación que intentaban relatar detalles de casos de todo tipo -desde America’s most wanted a True Hollywood Story y otros- pero nunca se vivió un boom como el de este año. El aluvión de propuestas ha sido tremendo y no hubo una plataforma que no intentara tener su propio fenómeno. Al final, tras llevar unos años echando raíces, regándolas con docuseries de éxito como Fabricando un asesino (2015) o The Keepers (2018) , en 2019 se arraigó como nunca.

Para los espectadores con cierta tendencia hacia el thriller y las historias de misterio, como es mi caso, que el true crime haya expandido sus alas hacia tramas interesantes y con alta calidad documental ha sido todo un regalo. Es cierto que el misterio y lo desconocido nos fascina, y aun más cuando se trata de descifrarlo y comprenderlo. Agatha Christie supo explotarlo hace mucho, mucho tiempo. Al fin y al cabo es parte de la curiosidad innata del ser humano, y en ella radica el éxito de las historias de asesinos en series, casos policiales no resueltos, condenados injustamente o crónicas sociales.

Comprender por qué nos gusta ver historias reales de rincones macabros es una de las preguntas que se han hecho muchos especialistas, psicólogos, antropólogos, autores del género, etc. Y si bien cada uno tiene su opinión, la mayoría coincide que todo se reduce a la curiosidad por entender qué lleva a un ser humano a hacer algo inimaginable. “Todos poseemos un lado oscuro” explicó la autora del libro A voice of nowhere: inside the mind of a mass murderer, Janice Holly Booth a Rasmussen, quien cree que nuestra fascinación por el true crime radica en la curiosidad de comprender el funcionamiento interno de la mente. Es decir, el por qué, en lugar del qué. “La deconstrucción del misterio, llegar al oscuro centro de sus acciones, es lo que hace que muchos estén cautivados por las historias de true crime”, añadió. Mientras la psicóloga forense Katherine Ramsland afirma a Bustle que la curiosidad está en conocer quién lo hizo y “saber algo de la mente aberrante”.

Queremos conocer todos los detalles, sin importar lo perturbador que sean” dice una profesora asociada de psicología llamada Marissa Harrison a Bustle. “He revisado casos de asesinos en serie con mis estudiantes, y quieren oír todos los detalles”. Todo esto sumado a la adrenalina básica que provoca el miedo, así como el interés por conocer qué hay realmente ahí fuera, qué nos acecha en la oscuridad en los rincones del mundo real, podrían definir el auge que nos hace ver una docuserie criminal, una tras otra. Pero también el hecho de que suelen ser series cortas de entre 4 y 8 episodios cada una, con historias que atrapan y se pueden ver en un maratón de fin de semana. Esto permite captar la atención del seriéfilo en busca de una serie que no le ocupe mucho tiempo, que solo cuente una historia y no requiera de una atención dedicada durante meses o semanas. La ves y pasas a otra, y ahí radica también parte de la obsesión.

Y vaya si hemos visto unas cuantas. Tal es la moda que el streaming ya no se conforma con el formato de docu-serie, sino que ahora también nos llegan dramatizadas.

Así nos ven (Netflix)
Así nos ven (Netflix)

Esta moda comenzó en EEUU con podcasts dedicados a relatar diferentes casos criminales, despertando un interés colectivo que luego se trasladó a las series y de ahí al mundo. Después de que Fabricando un asesino (2015) abriera el camino, las propuestas han llovido sin parar. Una verdadera tormenta de historias cada vez más interesantes. El caso de Steven Avery y su sobrino Brendan Dassey fue el primero en abrir la veda, encarcelados por un asesinato que siguen perjurando que no cometieron y cuando el testimonio del más joven, que posee un coeficiente intelectual muy bajo, fue aparentemente manipulado. Tal fue el furor y el interés del público que en EEUU lograron apelar varias veces, sin suerte, y la serie de Netflix suma dos temporadas. El mismo año, HBO estrenaba su otra joyita del género, The Jinx (El gafe) con seis episodios sobre el caso del millonario Robert Durst señalado como el autor de tres asesinatos horribles y que actualmente está a la espera del juicio de uno de ellos previsto para febrero de 2020.

Aprovechando el interés, en 2016 llegó el caso de Amanda Knox, encarcelada en Italia durante cuatro años por el asesinato de su compañera de intercambio, a Netflix y con la propia Knox relatando el caso desde su experiencia. Y así llegó más tarde la terrorífico historia de una niña secuestrada y manipulada por un vecino obsesionado con ella en Abducted in plain sight (2017), continuando con la magnífica The Keepers (2018) con 7 episodios que no hacen más que crearnos un nudo constante en la garganta con el asesinato no resuelto de una monja, a dos joyitas que definieron a Netflix como la plataforma por excelencia del género: Wild Wild Country (2018) y The staircase (2018). La primera es una crónica detallada de 6 episodios, ganadora del Emmy, sobre uno de los gurús más controversiales de la historia, Bhawan Shree Rajneesh, y sus seguidores, que a base de manipulación, amenazas y corrupción lograron asentarse en un pueblo de Oregón. Es de esas miniseries que te mantienen enchanchado sin moverte de la pantalla. No hay asesinato pero la crónica negra está presente. Muchos huyeron y otros fueron sentenciados.

La segunda es de las mejores miniseries del género de los últimos años. Un caso tan interesante que Harrison Ford está a punto de interpretarla en otra serie dramatizada. The Staircase se rodó a lo largo de los nueve años que duró el caso de Michael Peterson, un escritor que pasó una década en prisión por el asesinato de su esposa que asegura no haber cometido. Kathleen Peterson falleció en la escalera de su casa, con manchas de sangre en las paredes y lesiones en el cráneo, que muchos aseguran fue consecuencia de una hemorragia cerebral al llegar a la cima de la escalera. Análisis erróneos y pruebas falsas llevaron a que el jurado lo sentenciara, algo que le llevó mucho años de su vida demostrar.

The Keepers (Netflix)
The Keepers (Netflix)

Le siguieron Evil Genius (2018) sobre un grupo de perturbados que plantaron una bomba en un hombre inocente, I am a killer (2018), así como el fenómeno de la dramatización de estas historias con Wormwood (2017), Three girls (2017), American Crime Story (2016 y 2018), Manhunt: Unabomber (2017) o la exitosa Mindhunter (2017-) con la descripción de cómo se creó la teoría de los perfiles de asesinos, entre otras. Y así llegamos a 2019, que arrancaba con la madre de los true crime, Conversations with a killer: the Ted Bundy tapes.

Ted Bundy siempre fue uno de los asesinos en serie más analizados de la criminología estadounidense, y la docuserie estrenada a principio de año nos mostraba por qué. A través de 4 episodios detallaba los 30 asesinatos que cometió a lo largo de 4 años, y todo relatado con la voz del asesino haciéndola aun más escalofriante. La serie de Joe Berlinger -que más tarde la convirtió en película con Zac Efron- recurría a las confesiones de Bundy grabadas antes de ser ejecutado, dando detalles de sus pensamientos, infancia y psicosis en tercera persona, y con cada minuto se nos helaba la sangre.

La docuserie de Ted Bundy dejaba el listón alto para el género debido a su calidad documental y su atención a la información más detallada. En cuestión de semanas, Amazon hacía la competencia con los 4 episodios de Lorena, con John y Lorena Bobbitt detallando la noche en que ella cogió un cuchillo y le cortó el miembro, utilizando entrevistas pasadas, actuales y momentos del juicio.

España tuvo su propia propuesta con El caso Alcàsser sobre el terrible asesinato de las adolescentes de este pueblo de Valencia en 1992. Fue uno de lo más duros de ver, tanto que yo no pude terminarlo. Francia hizo lo suyo con Who killed Little Gregory y mientras Reino Unido se atrevía con La desaparición de Madeleine McCann. Otras dos que no pude terminar. Por mucho que me guste el true crime, no concibo ver casos relacionados con niños o adolescentes.

Conversations with a killer: the Ted Bundy tapes (Netflix)
Conversations with a killer: the Ted Bundy tapes (Netflix)

La cosa siguió creciendo y hace poco fuimos testigos de uno de los más interesante, también en Netflix, con El diablo de al lado, con 5 episodios sobre el juicio contra John Demjanjuk, un hombre acusado de ser uno de los exterminadores más terribles de los campos de concentración nazi. Una historia fascinante por la lucha entre el recuerdo más horrible de un pasado traumatizante, con la manipulación de los medios y el lugar incómodo de la justicia. Y hace apenas unos días, Netflix también estreno The Confession Killer, la fascinante historia de Henry Lee Lucas y la supuesta manipulación de la policía. Este hombre admitió hace años haber cometido cientos de asesinatos, dando detalles de cada uno, ayudando a la policía de diferentes estados y el FBI a cerrar casos abiertos atribuyéndose las muertes. Cuando más tarde se supo que existen pruebas que demuestran que se lo había inventado todo con la manipulación de los Rangers de Texas. Es el gran colmo del true crime, la broma macabra del género y de esas que se ven del tirón.

No hay duda que 2019 fue el año de true crime, ganando más adeptos con otra táctica: las series dramatizadas. De esta manera, varias plataformas lograron captar la atención del público menos interesado en el género documental, y así nos engancharon a la mayoría (por no decir a todos que seguro hay excepciones). Fue el caso de la historia real de un estafador en Dirty John (que levante la mano quien no la haya visto); o la historia de una madre con Síndrome de Munchausen por poderes en la aplaudida The Act; el caso de las mujeres violadas en sus casas, centrada en una víctima que fue acusada de mentir y la resolución gracias a dos detectives mujeres en Creedme, uno de los fenómenos más recientes de Netflix; y la magnífica recreación que hizo Ava DuVernay en Así nos ven sobre un grupo de adolescentes afroamericanos que fueron injustamente acusados de perpetrar un ataque brutal.

El true crime llegó para quedarse con propuestas, peores o mejores, que llegan al streaming cada mes (o semana en algunos casos), coronando el 2019 como el año que el género se convirtió en el guilty pleasure de los amantes del misterio.

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