Brad Pitt y Eric Bana, dos caballeros que pagaron para darse guantazos en ‘Troya’

Valeria Martínez
·6 min de lectura

Hace 16 años Brad Pitt estrenaba un éxito internacional que ahora se ha convertido en una de las películas que peor han envejecido de su filmografía. Hablo de Troya (2004), la adaptación que recreaba la Ilíada de Homero (con muchas licencias) que si bien disfrutó de cierto furor a nivel global, hoy en día es un desastre artístico de proporciones épicas. Hace poco volví a verla descubriendo una cinta peor de lo que recordaba: la experiencia sirve para quedarse pasmado con los gestos sobreactuados de Orlando Bloom, recordarnos que Eric Bana no es tan mal actor después de todo y que Brad Pitt jamás tuvo tantos planos centrados en exaltar su belleza con mirada al horizonte incluida como en esta película. Ni en Leyendas de pasión, donde tiene unos cuantos.

Sin embargo, si algo no ha cambiado con el paso del tiempo es la belleza natural del intérprete de cabello dorado y su reputación como uno de los actores más respetados de Hollywood. Una reputación que se ganó gracias a ser buen compañero y un caballero en sus rodajes. Y precisamente de caballeros va esta historia que les cuento a continuación.

Troya (© 2004 Warner Bros. Ent. All Rights Reserved)
Troya (© 2004 Warner Bros. Ent. All Rights Reserved)

Troya contaba con dos héroes opuestos como protagonistas, el Aquiles de Brad Pitt obsesionado con dejar huella como el mejor guerrero de la historia y el Héctor de Eric Bana, el héroe más humano de la película que se sacrifica en una batalla cuerpo a cuerpo por amor a su pueblo y su hermano. Sin embargo, y a pesar de ser los dos pilares masculinos de la trama, apenas compartían las mismas escenas: tienen una en el primer arco cuando se topan por primera vez con espadas en las manos, y una última cuando se enfrentan en el duelo definitivo que desata la guerra a las puertas de Troya.

Para aquella batalla rodada en las playas de Cabo San Lucas ambos actores querían ser lo más fieles posibles a sus personajes, filmando ellos mismos aquella secuencia que requería del uso de armadura, lanzas y escudos. Y para poder rodarla tal y como deseaban, Brad y Eric sellaron un pacto. Un pacto de caballeros.

Más allá de ensayar la coreografía las veces que hiciera falta y conocer cada uno de los movimientos que debían hacer en la pelea de 3 minutos, decidieron ponerle un precio a cada golpe que se fuera de guion. Es decir, los guantazos que dolieran o lastimaran al compañero para, de esa manera, protegerse mutuamente.

El valor de cada golpe leve era $50 (41€) y los más graves $100 (82€). Es decir, no era un precio elevado cuando tenemos en cuenta que Brad Pitt cobró $17.5 millones (14.5€ mill) por su trabajo en esta producción, pero servía de valor simbólico para ese acuerdo entre caballeros y buenos compañeros.

¿Cuánto terminaron pagando? Pues se protegieron tanto y fueron tan perfectos con la coreografía que Eric Bana tuvo que pagarle $750 (621€) a su compañero, mientras Brad Pitt desembolsó tan solo $200 (165€). Es decir, Eric fue el más agresivo de los dos, por describirlo de alguna manera.

"Me dieron unos cuantos guantazos" compartió Eric Bana hace años a zap2it.com (vía Chicago Tribune), "incluyendo un revés en toda la cara".

Si tuvieron que desembolsar tan poco efectivo fue porque además de ensayar la pelea hasta el hartazgo, pasaron varios meses entrenando. En el caso de Brad, nada menos que ocho meses haciendo dieta y ejercitando para subir unos 5 kilos de músculo. Algo que se nota en cada plano de torso o glúteos desnudos que adornan la película. Por aquel entonces, Brad llevaba dos años alejado de los lentes de las cámaras -aunque perseguido por las de los paparazis por su matrimonio con Jennifer Aniston- y se entregó por completo al personaje de Aquiles, tanto que terminó sufriendo una lesión, irónicamente, en el tendón de Aquiles.

Gladiator (2000) había dado nueva luz al fenómeno del cine péplum unos años atrás y Troya fue la apuesta de Warner Bros. para subirse al carro del momento. El resultado fue una película que sufrió los destrozos del Huracán Marty y que costó la friolera de $175 (145€) millones en hacerse. El alemán Wolfang Petersen ya se había coronado como experto en blockbusters veraniegos con películas como Air Force One (1997) y La tormenta perfecta (2000) cuando el estudio le cedió las riendas de la batalla épica.

Sin embargo, su versión de Troya convocó a millones de espectadores en las salas de cine pero no gustó tanto a la crítica. El tirón de Brad Pitt y Eric Bana, y el retorno de otra historia péplum que remontaba a los espectadores al furor de Gladiator, cumplieron su rol de atracción en masa, pero el resultado real fue una producción más centrada en el espectáculo visual -incluido el rostro y torso de Brad- que en la profundidad dramática de la historia. Fue como si la obsesión por los planos perfectos copiados del cine péplum de los años 50 y 60 se robaran por completo la atención de la producción haciendo mella evidente en las flojas actuaciones de sus protagonistas.

Y no solo lo pienso yo y otros críticos de cine, Brad Pitt también. Tras pagarle a Eric Bana su deuda, el actor se quedó tan decepcionado con el resultado de Troya que tomó una decisión que aplicó al resto de su carrera. No lo reconoció enseguida, se tomó su tiempo para compartir con el mundo su opinión, pero fue en 2019 en una entrevista a The New York Times que lo confesó. "Todo cambió radicalmente con Troya. Me quedé decepcionado" dijo, añadiendo que en realidad tendía que haber rodado una película de los hermanos Coen que iba a titularse To the white sea, pero como aquel proyecto no terminó saliendo adelante y su contrato le obligaba a hacer una película con Warner Bros., pues hizo Troya.

"Me pusieron en Troya. No fue doloroso pero me di cuenta que la forma en cómo se estaba contando esa película no era como yo quería. Cometí mis propios errores" dijo mientras añadía que David Fincher lo había "malcriado" con El club de la lucha en 1999. A pesar del éxito comercial, Brad se quedó decepcionado con la falta de profundidad de su personaje, Aquiles. "No podía salirme del medio del plano. Me estaba volviendo loco” añadía mientras evitaba echarle la culpa al director. “Pero en el camino se convirtió en una cosa comercial. Cada toma era como '¡aquí está el héroe!' No había ningún misterio. Así que tomé la decisión de que a partir de entonces solo iba a invertir en historias de calidad. Fue un cambio claro que derivó en la siguiente década de mis películas".

Y si observamos su filmografía después de Troya podemos ver que ha cumplido. Como actor con películas como Babel (2006), Malditos bastardos (2009), El árbol de la vida (2010), Moneyball (2011), Guerra Mundial Z (2013) o Érase una vez en... Hollywood (2019) -que le valió su primer Óscar-, y también como productor de cintas aclamadas como El blues de Beale Street (2018), El vicio del poder (2018), Beautiful Boy, siempre serás mi hijo (2018), Z, la ciudad perdida (2016), Moonlight (2016), Selma (2014) o 12 años de esclavitud (2013).

Como lo ven, Tom Cruise no es el único actor al que le gusta entregarse al máximo en sus escenas de acción. A Brad Pitt también y hasta paga por ello.

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