El trío no es lo único nunca visto en 'La isla de las tentaciones'

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Ver para creer. Así nos quedamos muchos durante la emisión del octavo episodio de La isla de las tentaciones 4. Y no me refiero solamente a las imágenes del primer trío en la historia del reality entre Álvaro, Sabela y Rosana, sino a lo que se coció horas antes en los rincones de esa misma casa.

Bienvenidos al show de la incoherencia en República Dominicana.

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El reality de parejas está cerca de su final, apenas le quedan las últimas citas y reencuentros en las hogueras finales para bajar el telón de la cuarta edición. Y con el final a la vuelta de la esquina, cualquiera diría que algunos de sus concursantes no quieren terminar su paso por el programa sin dar un último colofón para dar la nota.

Sandra Barneda ya había adelantado en el Debate del lunes que los espectadores íbamos a ser testigos del primer trío sexual en la historia del reality. Se pasaron todo el programa avanzando la exclusiva, con tertulianos sorprendiéndose al ver en secreto las imágenes, pero dejaron a los televidentes en ascuas sin descubrir quiénes se escondían bajo las sábanas. Pues ya lo sabemos. Álvaro, Sabela y Rosana se dejaron llevar, primero en el jacuzzi y luego en la cama.

Todo comenzó en el jacuzzi. Álvaro estaba siguiendo su rutina habitual de arrumacos con Sabela, mientras Nico hacía lo suyo con Rosana y Miriam los miraba de lejos. Y es que Nico lleva jugando un juego a dos bandas desde hace varios capítulos, habiendo mantenido relaciones con ambas y sugerir un amor de a tres al no decidir cuál prefiere de las dos. Y ellas, de momento, le han seguido el juego. La cosa comenzó a subir de temperatura al son de las aguas del jacuzzi y al ver el panorama que se estaba creando, Nico salió despavorido.

Y ahí se quedaron los tres. Ellas se besaban, Álvaro se sumaba y el resto miraba con curiosidad desde la otra esquina de la piscina. La noche terminó con los tres en la cama del novio de Rosario, cuando Rosana optó por visitarlos y, como dijo el chico, “jugar” entre los tres. Y ya no hace falta decir más, las imágenes hablaron por sí solas.

Sin embargo, todo esto deja en evidencia el gran show de la incoherencia que se vive en esta edición. Es decir, que se diviertan y hagan lo que quieran. Son libres de dejarse llevar y hacer con sus vidas ante las cámaras lo que les dé la gana. El problema es el juego de opuestos que venden al público. Un juego que simplemente provoca hartazgo ante la discrepancia de los actos.

Y es que minutos antes de ver a Álvaro pasándoselo bomba con las dos chicas, lo vimos llorando ante Nico por su novia diciendo frases románticas como: “lo más bonito es despertarme y verla a ella por la mañana cuando se despierta” o “lo que más valoro de mi relación es hacerla feliz” o “Rosario es una mujer espectacular”.

“Quiero pensar que se acuerda de mí y aún tengo sitio en su corazón, en la vida iba a imaginar que iba a querer tanto a una persona como la quiero a ella” decía con la voz temblorosa mientras Sandra Barneda lo veía por un monitor con la boca abierta y Rosario lloraba sin parar al estar viendo la confesión en una conexión ‘espía’. Toda una declaración de amor e intenciones de reconciliación que dejaron a la novia confundida, sin saber si debería darle una oportunidad o no a pesar de que ambos han sido infieles en el reality.

Pero horas después, pumba. Fiesta y trío en el jacuzzi. Es decir, si quieres tanto a esa novia como no quisiste a nadie, si esperas tener sitio en su corazón ¿no cuidas tus actos para intentar llegar a la hoguera final con un halo de redención o intento de perdón? En el caso de Álvaro parece que no, lo suyo es tirar la casa por la ventana.

Luego tenemos a Rosana. La chica había llorado, también, la noche anterior al encontrar a Nico con Miriam en la cama. La misma cama donde ambas, en noches diferentes, tuvieron relaciones sexuales con él. Le pidió explicaciones, le hizo saber que le gustaba y que la situación de a tres que estaban viviendo la estaban haciendo sufrir. Y la noche siguiente, pumba, trío con otros dos.

Mientras Nico, por su parte, se sumó también a este baile de incoherencia ante las cámaras. La noche anterior al trío le decía a Miriam que “le encantaba” mientras Rosana solo “le gustaba”. La chica los encontró en una posición comprometida y él se escabulló con un “solo estábamos hablando”, cantándole una milonga más tarde cuando la chica estaba llorando. Pero el día después del trío le dijo a Rosana que lo que hizo con Álvaro y Sabela le molestó, como si él tuviera derecho a sentir cualquier tipo de molestia por lo que haga o deje de hacer la chica cuando él mismo está jugando con dos a la vez mientras llora por su novia Gala.

Si, llora y sufre porque su novia ha mantenido relaciones sexuales con el soltero Miguel después de llevar meses de abstinencia sexual en pareja.

Con todo esto la madurez emocional no hace más que brillar por su ausencia y puestos a opinar, cualquiera diría que la situación refleja las ganas de protagonismo que tendría más de uno, diciendo y haciendo lo que haga falta para dar la nota, dar qué hablar y así ganarse una silla en plató y subir seguidores en redes sociales. Sin importar entonces que a una hora digan una cosa y poco después hagan otra, estirando el drama hasta extremos que pierden todo sentido ante la mirada del público.

Es cierto que al final estos extremos derivan en conversaciones y dan de qué hablar, pero también llevan al espectador por el camino de la incredulidad, haciendo que esta edición no brille en autenticidad como otras. Porque el trío habrá sido el primero en la historia del reality, pero también lo es esta incoherencia. Cuando fuimos testigos de otras infidelidades (me refiero solo a La isla de las tentaciones, exceptuando el spin off La última tentación, donde la sed de protagonismo dio paso a otro tipo de reality), para bien o para mal, la gran mayoría sacó pecho a sus actos. Entretuvieron al público con desfachatez, egocentrismo o carencia de culpabilidad, pero no mostraban dos caras tan extremas. Desde a Andrea y Fani, pasando por Tom, Marina y Lola. La inmadurez, la confusión, la ausencia de romance en la relación, las carencias, la sed de soltería, siempre quedó en evidencia. Dentro del show que ofrece el programa se palpitaba cierta autenticidad personal por muchas críticas que generaran, pero ahora las emociones de algunos, sentimientos, frustraciones y decepciones están disfrazados de show para las cámaras, reflejando esos extremos que pecan de incoherencia cansina.

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