El niño que quedó traumado por 'Esos locos bajitos'

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Si hay un programa de la televisión que recuerdo con especial cariño y nostalgia claramente es Esos locos bajitos. Este formato producido por Gestmusic se emitió en Antena 3 entre 1998 y 2005, contando con dos temporadas presentadas por Bertín Osborne y Paz Padilla. Y hoy quiero hacer un viaje en el tiempo por este espacio de variedades creado por Toni Cruz y Josep Maria Mainat para recordar a Diego. Un pequeño que directamente quedó traumado por su experiencia televisiva en este proyecto que, todo sea dicho, acabó siendo exportado a Italia y Albania donde han lanzado sus propias versiones.

En 2020 el protagonista confesó en el programa Nadie Sabe Nada de la Cadena SER que más de dos décadas después de su puesta en escena en Esos locos bajitos le siguen reconociendo por la calle, poniendo de manifiesto cómo la sobreexposición televisiva en la infancia puede afectar a la vida adulta y convertirse en un martirio.

El 15 de julio de 1998 desembarcó en la cadena de San Sebastián de los Reyes uno de los programas más amables, puros, y cándidos de la televisión española. Recuerdo que los aproximadamente 180 minutos de duración de Esos locos bajitos se me hacían muy amenos, precisamente por esa inocencia y honestidad de las estrellas del programa que tanto traspasaba la pantalla y que se erigió como la seña de identidad del formato. Y es que en cada entrega, grabada en verano para no interferir con el calendario escolar, participaban un grupo de diez niños de entre 4 y 8 años que además de interrogar al famoso de turno, en entrevistas que resultaban entrañables, comentaban con espontaneidad las noticias de actualidad de aquella época y se sumergían con gracia en debates que partían de un problema de difícil solución.

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Lo cierto es que las respuestas de los pequeños, que hablaban sin ningún tapujo ni filtro delante de las cámaras, no siempre resultaban descabelladas a pesar de lo que pueda parecer a simple vista por su corta edad. Todo lo contrario. Muchas de sus reflexiones estaban llenas de cordura, imaginación e ingenio. 

En este marco, el primer nombre que se viene a la cabeza es Alba Corman que dio una lección de feminismo al mismísimo Bertín Osborne a finales de los noventa. En Zapeando tiraban de hemeroteca en 2019 para, justamente, recuperar un fragmento en el que esta valenciana abanderó la causa a los cinco años con un férreo discurso sobre los hombres que exigen a sus mujeres que les hagan la cena. Además, cuando el presentador le preguntó si de mayor le gustaría tener novio, la pequeña se negó en rotundo sentenciando que "dan asco los hombres. Bueno, algunos" e insistiendo en que "algunos hombres no valen para nada. Están tontos y no son inteligentes".

En este formato de humor destinado a los adultos aunque protagonizado por niños, Alba se metió al público en el bolsillo de la misma manera que Lucas Moscardó (devuelto a la televisión por Zapeando en 2019) o el imitador más famoso de los noventa, Rubén Ramírez. Ahora bien, yo me acuerdo especialmente de otro pequeño llamado Diego y buceando sobre qué ha sido de su vida me ha sorprendido descubrir que su paso por este mítico formato le dejó profundamente señalado.

Confieso que me chiflaba el bloque centrado en debatir sobre el amor, la política, la economía, la naturaleza o la religión desde la particular visión de los niños. Pues bien, Diego destacaba como un niño sin pelos en la lengua que encabezaba discursos sólidos y que ofrecía argumentaciones tan contundentes como disparatadas que nunca nos dejaban indiferentes a los espectadores. Quizás porque es uno de los talentos más recordados de Esos locos bajitos, programa que por cierto elegía a sus estrellas televisivas después de que superaran los castings en diferentes colegios, que más de dos décadas después le siguen reconociendo públicamente. Una circunstancia que le lleva por el camino de la amargura.

Y es que a finales del año que estalló la pandemia del coronavirus, este gaditano comentó en el programa Nadie Sabe Nada, de Andreu Buenafuente y Berto Romero, su incomodidad por la fama repentina que le sobrevino de crío. “Cuando yo era pequeño estuve saliendo durante algunos años en la tele, en Antena 3, en un programa que presentaba Bertín Osborne y se llamaba Esos locos bajitos", relató el oyente antes de soltar su drama.

"Actualmente, casi veinte años después de toda esta movida, hay gente por la calle que me para, amigos míos que me reconocen y me dicen: oye, mira, que anoche estaba haciendo zapping y en un programa de tops de la televisión apareciste tú de repente con 7 u 8 años”, comentó Diego con la voz un tanto quebrada puesto que es una particularidad que ha marcado su vida y que, a estas alturas de la película, ya le resulta un tanto atosigante.

"Yo siempre me lo tomo con risa, un poquito así de broma, pero no me sale natural, no sé cómo tomármelo. Así que nada, esa es la anécdota y si me podéis dar un consejo o poneros un poco en mi pellejo, ¿cómo reaccionaríais ustedes y cómo debería reaccionar yo de una forma que quede bien, que no quede de sobrado ni que tampoco quede como que me ha molestado?”, se desahogó Diego buscando consejo entre los comunicadores catalanes. Lo bueno es que tanto Andreu Buenafuente como Berto Romero recogieron el guante y dieron en la tecla.

Por lo que cuenta todavía está afectado de aparecer en ese programa junto a Bertín Osborne. A lo mejor se despierta por la noche sudado”, comentó el creador de Mira lo que has hecho primeramente intentando quitar hierro al asunto a la par que el presentador de Late Motiv valoró que “no deja de ser arriesgado aconsejar a un gaditano cómo caer bien y ser simpático. Ellos fabrican la simpatía”.

Dejando a un lado que Berto Romero se quedó un tanto atónito de que sigan reconociendo a Diego tantos años después, cuando se supone que se produce un gran cambio físico en la etapa adulta, quiero resaltar la importancia de tomarse este episodio de fama con humor como apuntó Andreu Buenafuente seguidamente. Yo falsearía la simpatía, la alegría que te da que te conozcan. Todo. Para divertirte también. Invéntate incluso vivencias. Arriésgate. ¿Por qué no decir: Bertín Osborne es mi padre?”.

Aunque la experiencia de Diego pueda parecer aislada la verdad es que a la mencionada Alba, otra de las estrellas más recordadas del show televisivo, le pasó algo parecido. Veintiún años después de participar en Esos locos bajitos, Zapeando tuvo a bien dar con ella la cual reapareció en la pequeña pantalla muy cambiada físicamente y narrando que es científica y vive en Estocolomo (Suecia) donde prepara un doctorado y trabaja en busca de fármacos contra la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

“Yo iba sin saber nada y hacíamos preguntas, echábamos el día y conocíamos a gente muy famosa quien en su momento eran súper top. Nos subimos en moto con Juan y Medio. Era todo súper rancio, pero en ese momento molaba”, rememoró Alba a través de una conexión con el programa de laSexta. No obstante, matizó que ella también experimentó el hastío por la popularidad: “Sí que es verdad que era como: has salido en la tele. Ibas por la calle y el momento más raro del que me acuerdo ha sido que me pidieran un autógrafo y yo tenía cinco años. Me quedé mirando a mi madre.

En resumen, aunque Esos locos bajitos fue uno de los espacios televisivos de los noventa más recordados por los espectadores de Atresmedia, he querido traer de vuelta la asombrosa anécdota en torno a uno de los fichajes que tanto sentido dio al formato para que tengamos en cuenta que protagonizar un programa cuando apenas levantas un palmo del suelo puede resultar contraproducente. Porque a Diego le lleva persiguiendo una fama que no buscaba nada más y nada menos que dos décadas. Y aunque tanto Andreu Buenafuente como Berto Romero le recomendaron una especie de huida hacia delante, no parece fácil desprenderse de esa imagen del pasado tan acentuada.

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