Trastornos de alimentación: ¿cuál es el signo más revelador?

Hay muchos indicios que pueden alertar de la existencia de esta peligrosa enfermedad mental. Los especialistas nos dan las claves para poder identificarlos a tiempo

Las señales de una relación conflictiva con la comida se presentan en edades muy tempranas y frente a ellas deberíamos estar atentos. (Foto: Getty)

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son cada día más habituales y afectan sobre todo afectan a las mujeres de entre 12 y 25 años. Tanto la anorexia como la bulimia tienen un fuerte impacto en la salud provocando daños que pueden ser irreversibles.

En la etapa adolescente incrementa de forma considerable la incidencia y prevalencia de los trastornos de alimentación y se estima que 1 de cada 250 adolescentes pueden padecer algún tipo de trastorno alimentario. Por eso es importante conocer las señales de alarma, para atajar estas conductas, si se está a tiempo, o para que las afectadas reciban ayuda profesional cuanto antes.

La genética puede multiplicar por 20 el riesgo de heredar un trastorno de alimentación, uno de los problemas más frecuentes en la infancia y adolescencia. (Foto: Getty)

La anorexia es más frecuente entre los 15 y los 18 años y la bulimia suele ser darse a partir de los 16 años. En cualquier caso, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) alerta de que se ha detectado un adelanto en la edad en la que se empiezan a dar estos trastornos, siendo cada vez más frecuente al inicio de la adolescencia en niñas de 12 años.

Ambos trastornos son más frecuentes en el sexo femenino. De hecho, la anorexia es hasta 9 veces más frecuente en chicas y la bulimia 3 veces más que en varones.

Sobrepeso, perfeccionismo, exceso de autocontrol, miedo a la maduración o baja autoestima son algunos de los factores que pueden influir en el desarrollo de la anorexia, pero los pediatras de AP subrayan que la genética también está relacionada con estos trastornos ya que la existencia en una familia de un miembro con un trastorno de conducta alimentaria multiplica entre 2 y 20 veces el riesgo de padecerlo a cualquiera de sus miembros.

Cuidado con los atracones de comida, esos impulsos irrefrenables de comer grandes cantidades a deshora pueden acabar mal. Comer en familia y mantener un horario regular ayudará a evitar estos desórdenes. (Foto: PhotoAlto/Getty Images )

Normalmente las familias se dan cuenta de que algo va mal cuando una chica pierde peso rápidamente y dice todo el tiempo que está gorda. O si es bulimia, cuando aparecen vómitos en lugares insospechados. Sin embargo, hay una señal inequívoca que aparece antes y que suele pasar desapercibida, a casi todos.

“La anorexia y la bulimia pueden desarrollar una gran cantidad de síntomas en el cuerpo, como pueden ser: estreñimiento, dolor abdominal, falta de menstruación, osteoporosis que puede llegar a provocar fracturas de huesos, etc. También se muestran alteraciones en la cavidad bucal y los dientes que suelen ser las primeras en aparecer”, explica el doctor Joan Josep Guarro Miquel, médico estomatólogo. Por eso es frecuente que los odontólogos y estomatólogos hagan el primer diagnóstico o tengan la primera sospecha de esta alteración”.

Si la boca se queja

Pero, ¿cómo podemos notarlo? Es más fácil de lo que piensas. El déficit de alimentos y el ácido de los vómitos propios de la bulimia causan erosión en los dientes, haciendo que se vean menos sanos, más amarillentos y desgastados.

Además, la pérdida de esmalte provocada por la acción de los ácidos hace que la capa del diente quede al descubierto, lo que causa mucha sensibilidad dental. También es habitual padecer enfermedades periodontales como la gingivitis o periodontitis.

Los motivos son la deshidratación de los tejidos bucales por la falta de producción salival. Además, las deficiencias dietéticas y una anormal y desordenada higiene dental son habituales en las personas que sufren bulimia.

Cepillarse los dientes de manera excesiva para esconder el olor a vómito es muy común. Esta acción repetida numerosas veces, puede provocar que las encías se retraigan. “Hay personas que se pueden llegar a lavar los dientes 15 veces al día para eliminar el olor a vómito”, explica el experto.

La anorexia y bulimia también provocan que la mucosa bucal se vea alterada, de entre otras cosas, por xerostomía o sensación de tener la boca seca. La producción de saliva es muy importante porque funciona como barrera de la placa bacteriana. Si no se produce la suficiente saliva, existe más riesgo de que aparezcan las caries.

La pérdida de piezas dentales es otra de las consecuencias graves que puede provocar la anorexia o bulimia en la salud bucodental. Los personas que sufren anorexia, evitan la ingesta de alimentos y privan al cuerpo de los nutrientes que necesita. Esto puede desencadenar que se desarrolle, entre otras, una osteoporosis que puede provocar un trastorno metabólico que puede acelerar la pérdida de los dientes.

Los desgastes y roturas en los dientes están causados principalmente por el hábito de vomitar. Cuando esto sucede, los ácidos del estómago llegan a la boca a través del vómito y van mermando el esmalte del diente.

Y por última está la hipersensibilidad. La pérdida de esmalte provocada por la acción de los ácidos hace que la dentina -capa del diente- quede al descubierto, lo que causa mucha sensibilidad. Dicha sensibilidad se manifiesta especialmente cuando el diente entra en contacto con alimentos muy fríos, calientes, ácidos o que contienen grandes cantidades de azúcar. Además, es habitual que la persona sienta molestias con el cepillado.

De todas las señales que se han detallado, la más clara es la del desgaste de los dientes. Existen otras problemáticas que pueden causar desgaste, como el bruxismo o el reflujo gástrico nocturno. Sin embargo, sus signos son ligeramente distintos.

La diferencia principal entre el desgaste originado por el bruxismo y la bulimia es que apretar o rechinar los dientes da lugar a un desgaste regular, mientras que vomitar provoca daños más irregulares y con socavones. Por su parte, el reflujo gástrico que se produce por la noche ocasiona desgaste en la cara interna del diente, mientras que la bulimia acaba provocando daños en toda la superficie dental.

Por supuesto, aunque los odontólogos pueden ayudar a corregir los problemas dentales derivados de esta enfermedad, no son los encargados de tratar el trastorno de alimentación real.

Para que no pase 

Los pediatras de AP aconsejan educar a los niños a comer con cariño pero con firmeza y no prolongar el uso de biberones ni papillas. A partir de los 9-12 meses los niños ya pueden comer los mismos alimentos que sus padres, en menor cantidad y machacados, evitando únicamente los alimentos duros. A partir de los 15-18 meses, comen menos cantidad que antes porque crecen menos.

Desde la AEPap apuntan que “los cambios en el estado de ánimo como la irritabilidad, aumento de las rabietas, crisis de llanto, tozudez, pasividad o actitud tiránica son signos de dificultad psicológica del niño en edad preescolar y escolar, pudiendo aparecer antes que los cambios en la conducta alimentaria”.

“Cuando un niño o adolescente intenta saltarse comidas, esconde o tira alimentos y come en secreto, puede que sean señales significativas o incluso los primeros estadios de un trastorno de alimentación”, añade la Dra. Montserrat Graell Berna, psiquiatra infantil del Hospital Niño Jesús de Madrid y presidenta de la Asociación Española para el Estudio de los Trastornos de Alimentación (AEETCA).

Además, muestran su preocupación por determinados factores socioculturales como la apología que se hace de delgadez en el mundo de la moda o en la publicidad y los prejuicios que existen contra la obesidad en determinadas profesiones y deportes que pueden influir en los malos hábitos alimentarios. La experta explica que “los patrones alterados de alimentación, en especial saltarse comidas, ayunos de 12-24 horas y presencia de vómitos auto-provocados son los signos de alarma con menos falsos positivos”.

El diagnóstico y tratamiento precoz pueden mejorar el curso clínico y el pronóstico de trastornos como la bulimia o la anorexia, por lo que es esencial conocer los síntomas que constituyen las señales y fases iniciales de estas enfermedades.

La mayoría de adolescentes muestran preocupación por su peso e imagen corporal y hasta un 50 por ciento de adolescentes puede manifestar insatisfacción corporal. Por esta razón, los cambios en la preocupación por la comida, el peso y la figura corporal son señales de los trastornos de alimentación, pero pueden tener falsos positivos.

Estos síntomas solo se consideran de alarma si han cambiado en intensidad y frecuencia y si se acompañan de importantes cambios en el patrón alimentario y pérdidas de peso de más de medio kilo a la semana.

La alerta debe emitirse cuando existe una pérdida de peso no justificable aunque sea inmediatamente después de una enfermedad física o cuando hay vómitos sin aparente causa orgánica.

“El incremento o aparición de interés por la actividad física desmesurada junto al cambio de patrón alimentario o esconderse en el baño tras las comidas, deben hacer sospechar un trastorno de alimentación en el adolescente”, concluye la pediatra.

Los talleres para alumnos, padres y profesores pueden darnos herramientas úitles para ayudar a prevenir estas conductas obsesivas en los chavales y por supuesto, ante cualquier sospecha de debe acudir a fuentes fiables como la Federación Española de Asociaciones de Ayuda y Lucha contra la Anorexia y la Bulimia (FEACAB).

¿Por qué crees que los problemas de alimentación se sufren a edades mas tempranas?

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