Limpieza o compulsión: ¿estás traspasando la línea por culpa del coronavirus?

La Covid-19 representa un desafío porque borra la línea entre la protección racional y la obsesión. [Foto: Getty Creative]

Limpieza. Desinfectantes. Mascarillas. Guantes. Riesgo. Son algunas de las palabras que han dado forma a nuestro mundo desde que comenzó la pandemia de coronavirus. Y ese cambio en la narrativa ha terminado reflejándose en nuestro comportamiento.

Hemos aprendido a lavarnos las manos de forma tan metódica como un cirujano. Evitamos tocarnos la cara a toda costa. Y desinfectamos las superficies de nuestros hogares a conciencia, como nunca antes.

Por supuesto, se trata de medidas de prevención importantes para reducir el riesgo de contagio, pero es muy fácil traspasar el umbral del sentido común para obsesionarnos con la limpieza y caer en la compulsión.

La pesadilla que implica vivir con un trastorno obsesivo-compulsivo

En el mundo, aproximadamente 126 millones de personas padecen un trastorno obsesivo-compulsivo. [Foto: Getty Creative]

Afecta tus pensamientos y acciones. El trastorno obsesivo compulsivo toma el control de toda tu vida y cuando lo hace, es difícil recuperarla. Hace que el mundo sea un lugar aterrador donde no puedes aventurarte. Controla tus acciones, controla tus pensamientos y cambia tu personalidad. Te aleja de tu familia y amigos y cierra el mundo que te rodea. Tu mundo se vuelve más pequeño y más oscuro hasta que te quedas sola con el trastorno obsesivo compulsivo, y este toma el mando”, así describió Michelle LeClair su terrible experiencia con este trastorno.

No es la única. En el mundo, aproximadamente 126 millones de personas padecen un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), según la Asociación Americana de Psiquiatría. Estas personas se ven asaltadas por pensamientos indeseados que les generan un elevado nivel de ansiedad y malestar. Como resultado desarrollan compulsiones, comportamientos repetitivos y muchas veces irracionales que les ayudan a neutralizar el pensamiento obsesivo y alivian la tensión psicológica.

Las personas que padecen un TOC con obsesiones sobre la contaminación y tienen compulsiones por la limpieza pueden llegar a lavarse las manos tantas veces al día que terminan haciéndose daño. Incluso hay quienes utilizan lejía pura y solo paran cuando ven que la piel de los dedos comienza a desprenderse porque esa es la señal de que han limpiado a profundidad. De hecho, hasta el 25% de los pacientes que ven los dermatólogos padecen un TOC, según un estudio de la Universidad de Kansas.

Las prácticas de limpieza y desinfección que estamos aplicando para luchar contra el coronavirus pueden provocar un agravamiento de los síntomas en quienes ya padecen un TOC, como indicó un estudio publicado en la Asian Journal of Psychiatry. También pueden convertirse en la puerta de entrada a las obsesiones y compulsiones para las personas extremadamente sensibles, aquellas que tienen una tendencia a la emotividad negativa, que son ligeramente hipocondríacas o que tienen dificultades para controlar sus impulsos.

A la larga, esa misofobia y obsesión por la limpieza pueden terminar interfiriendo profundamente en nuestra vida cotidiana y afectando nuestro bienestar. Si creemos que solo nuestro hogar cumple con unos estándares de limpieza “seguros”, tendremos cada vez más miedo a salir de casa y relacionarnos con los demás ya que comenzaremos a ver el mundo como un sitio altamente peligroso repleto de virus y bacterias que podrían hacernos enfermar en cualquier momento.

Las 3 señales que revelan que estamos a punto de cruzar la línea hacia lo patológico

“La catástrofe que tanto te preocupa, a menudo resulta ser menos horrible en la realidad, de lo que fue en tu imaginación” - Wayne W. Dyer [Foto: Getty Creative]

El gran desafío que representa la Covid-19 es que nos dificulta saber cuándo nos estamos protegiendo de manera racional y cuándo estamos cayendo en la obsesión y la compulsión. ¿En qué momento la limpieza es demasiada? ¿Cuántas veces hay que lavarse las manos para protegerse? La línea se vuelve extremadamente borrosa.

El hecho de que la mayoría de las personas a nuestro alrededor estén asumiendo medidas similares también valida nuestras preocupaciones y comportamientos e incluso puede hacer que nos preguntemos si estamos haciendo suficiente. ¿Debería añadir más cloro, por si acaso? ¿Debería lavarme las manos más a menudo? ¿Habré desinfectado bien? ¿Será mejor que vuelva a pasar? Así corremos el riesgo de caer en un círculo vicioso.

Por suerte, existen algunas señales que revelan que, más que prevención, podríamos estar siendo víctimas de pensamientos obsesivos y comportamientos compulsivos. Detectarlas a tiempo es fundamental para evitar que este trastorno se instaure.

1. Te has obsesionado con la limpieza y el virus

Si últimamente no puedes dejar de pensar en el virus y esas preocupaciones te causan desazón, angustia y/o ansiedad, es probable que te estés obsesionando. Cierta dosis de preocupación es normal porque estamos atravesando una pandemia, pero a medida que vamos adaptándonos a esta nueva normalidad, la aprensión debe ceder. Si ocurre lo contrario y la ansiedad aumenta, quizá estás entrando en terreno patológico. En ese caso, es probable que también te asalten dudas cada vez más frecuentes y agobiantes sobre la limpieza e higiene.

2. Has comenzado a limpiar y/o desinfectar para aliviar la tensión psicológica

Cuando la ansiedad te asalta llega un punto en que se vuelve insoportable y necesitas hacer algo para aliviarla. Entonces decides desinfectar de nuevo superficies que en realidad están limpias o vuelves a lavarte las manos, aunque acabas de hacerlo hace apenas unos minutos. Esos comportamientos te ayudan a aliviar la tensión psicológica, al menos momentáneamente, y te devuelven la sensación de seguridad y control. El problema es que cada vez podría ser más difícil controlar ese impulso por limpiar.

3. Dedicas cada vez más tiempo a limpiar y desinfectar

Las compulsiones suelen expandirse hasta ocupar una gran parte del tiempo que tienes disponible desplazando otras actividades e intereses de tu vida. Terminan siendo un agujero negro que absorbe todo el resto y alrededor del cual comienza a orbitar tu mundo. Como norma general, la limpieza y desinfección no debería ocupar más de una hora diaria, aproximadamente. Si notas que dedicas cada vez más tiempo a lavarte las manos, desinfectar superficies, lavar la ropa y otras tareas de limpieza, es un signo de alarma.

Aparcar las obsesiones y resistir a los impulsos

“La mente es un espejo flexible, ajústalo, para ver mejor el mundo” - Amit Ray [Foto: Getty Creative]

La terapia de exposición es la estrategia terapéutica más habitual para abordar un trastorno obsesivo compulsivo, pero estamos viviendo una situación especial en la que no podemos bajar demasiado la guardia con la higiene y la limpieza. Eso supone hallar un equilibrio entre los comportamientos preventivos y el exceso de celo que nos conduce a la obsesión.

Ante todo, es importante que comprendas que esos comportamientos compulsivos son un sucedáneo del control; es decir, te ayudan a recuperar la sensación de seguridad y el control que has perdido con todos los cambios que se han producido en tu vida debido al coronavirus y el confinamiento. Por eso, aceptar la incertidumbre intrínseca a esta etapa es fundamental para no caer en comportamientos compensatorios que terminen convirtiéndose en patológicos.

En segundo lugar, es vital que aprendas a resistir a los impulsos. Comienza en casa. Si estás a salvo en tu hogar, no es necesario que te laves las manos constantemente o que desinfectes las superficies. Así tu cerebro comprenderá que la única manera para calmar la ansiedad que experimentas no consiste en recurrir a los comportamientos de limpieza e higienización, sino que existen otras estrategias para combatir esa angustia y combatir el miedo.

Por último, pero no menos importante, necesitas lidiar de manera más asertiva con las preocupaciones sobre el virus y los pensamientos recurrentes, de manera que no lleguen al punto de desencadenar compulsiones. En estos momentos, algunas de esas preocupaciones pueden ser válidas y comprensibles, por lo que es mejor que no intentes cuestionarlas o evitarlas a toda costa ya que es probable que terminen reforzándose.

La clave consiste en asumir una actitud mindfulness. Un ejercicio mindfulness muy sencillo consiste en tomar nota de esas preocupaciones y las emociones que generan. Luego, sin juzgarlas, desplazas tu atención hacia la respiración, mientras respiras profunda y lentamente. Tras algunos minutos, puedes concentrar tu atención en otras partes de tu cuerpo. Cuando termines te sentirás mucho más tranquilo y esas preocupaciones habrán perdido poder sobre ti.

No has luchado contra ellas, solo has calmado tu mente. Has aceptado lo que ocurre. Entonces se produce una paradoja: abandonando la necesidad de control, lo recuperas. Y esa es una habilidad vital no solo te ayudará a lidiar con estos momentos difíciles, sino también con los que podrían venir en un futuro.

 

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