Tras ver la serie de Ted Bundy, agradezco no estar soltera

Soy consciente de que el titular puede sonar trivial, frívolo o despectivo para las solteras de todo el mundo. Pero no lo tomen mal, tiene una explicación.

Tras haber sido soltera durante varios años y pasar por las citas buenas, las terribles, las de “trágame tierra” que te obligan a inventarte una excusa o pedirle a una amiga que te llame y te saque de allí, después de ver la nueva serie de Netflix sobre uno de los asesinos en serie más peligrosos de EEUU, agradecí ya no estarlo.

Imagen de Conversations with a killer: the Ted Bundy tapes (©Netflix)
Imagen de Conversations with a killer: the Ted Bundy tapes (©Netflix)

Siempre me gustó el thriller, un género que comencé a devorar desde que tengo memoria cinéfila. Todo empezó con clásicos como La ventana indiscreta, El cabo de miedo, Misery y tantas otras (solo tenía entre 10 y 12 años pero las disfrutaba más que una película de Disney). Por eso, cuando comenzó el furor de las docu series con Making a murderer, me volqué de lleno, y sin darme cuenta, en este género en alza que no deja de estrenar nuevas propuestas a través del streaming. Confieso haber visto todas -algunas por trabajo y otras por gusto- pero la última me dejó con la sangre completamente helada. Me refiero a Conversations with a killer: the Ted Bundy tapes, la nueva docu serie de Netflix que detalla en 4 episodios los 30 asesinatos que cometió un solo hombre en un plazo de 4 años.

La serie, dirigida por Joe Berlinger -que también acaba de estrenar en el Festival de Sundance la versión biográfica con Zac Efron como protagonista– utiliza las últimas cintas grabadas por Ted Bundy desde el corredor de la muerte cuando un periodista le prometió escribir una biografía. Bundy dio detalles de sus pensamientos, infancia y psicosis, pero en tercera persona, y lo que oyes es su voz contando su historia. Una historia responsable de la brutalidad más extrema.

Bundy atacaba de sorpresa a sus víctimas. Su modus operandi era inmediato. Las violaba, apuñalaba y asesinaba. En sus confesiones, revela sin remordimiento que practicaba incluso la necrofilia. Entró a dormitorios estudiantiles y asesinó a mujeres de menos de 20 años mientras dormían. A otras las secuestró en medio de un festival local a plena luz del día. Dos al mismo tiempo. Solo una mujer logró zafarse de su ataque cuando un coche se acercó al estacionamiento donde la había llevado. Una sola. Pero, frustrado, asesinó a otra joven a pocos kilómetros esa misma noche.

Seis de sus víctimas (©Netflix)
Seis de sus víctimas (©Netflix)

En cuatro episodios, la serie consigue mantenernos en vilo ante la descripción del asesino, los investigadores, allegados, novias y hasta su madre. Y en cada revelación sientes que se te hiela la sangre. Y creo que aún más si eres mujer. ¿Por qué? Porque su modus operandi demuestra que le podía pasar a cualquiera que fuera joven, guapa y accesible a hablar con un extraño. Una costumbre que, si analizamos, está muy arraigada ahora mismo gracias a Tinder y otros apps de citas. ¿Quién no tuvo al menos una cita con un extraño al que solo conocía vía mensajes o chat? ¿Quién no se arriesgó a encontrarse con un extraño completamente confiado de que no pasaría nada? ¿Lo pensaste alguna vez?

Sus víctimas eran todas mujeres de entre 15 y 25 años. Muchas estaban solteras y se dejaban llevar al ver un hombre joven, atractivo y aparentemente inofensivo. Solía acercarse a ellas pidiendo ayuda con su vehículo fingiendo discapacidad con yeso o muletas.

La serie nos muestra que Ted Bundy era un psicópata capaz de transformarse en el ser más carismático, comprensivo, religioso y atractivo que puedas imaginar. Tuvo una infancia sana, estudió derecho y tuvo una breve carrera en la política. De todas las personas que llegaron a conocerlo, nadie jamás pensó que era capaz de algo tan atroz. Solo una de sus novias descubrió su faceta más salvaje al cabo de un tiempo cuando encontró ropa y herramientas extrañas en el coche. Ella lo denunció, y al convertirse en sospechoso, se mudó a otros estados dejando un regadero de asesinatos por su camino. De Utah hasta Florida.

Ted Bundy, sonriente, ante los medios durante su juicio (©Netflix)
Ted Bundy, sonriente, ante los medios durante su juicio (©Netflix)

Durante años, nadie ató cabos ya que no existía internet y la comunicación entre la policía de diferentes estados no era habitual. Más bien nula. Cuando por fin lo capturaron, se escapó dos veces de las manos del mismísimo FBI.

Bundy se defendió a sí mismo en sus juicios y verlo es verdaderamente estremecedor. Se reía delante del juez con una sonrisa conquistadora. Se reía ante los medios y saludaba a la cámara, como si nunca hubiera hecho nada. Y al ver sus maneras, puedo creer que las mujeres que lo acompañaron voluntariamente jamás creyeron que iban camino a una muerte segura. Durante décadas no aceptó los cargos en su contra. En ninguna escena del crimen dejó una sola huella dactilar y fue recién al final de su vida cuando confesó sus asesinatos, creyendo que así lo librarían del corredor de la muerte.

Con sus abogados en su primer juicio. Él era el defensor principal de su caso aprobado por el juez (©Netflix)
Con sus abogados en su primer juicio. Él era el defensor principal de su caso aprobado por el juez (©Netflix)

Es cierto que nuestros padres nos recalcan desde pequeños a no hablar con extraños, y ahora lo enseñamos más que nunca, pero al ver el terrible desenlace de estas 30 mujeres no pude evitar agradecer que ya no tengo que vivir las citas con un extraño. Una persona salida de una web o red social, que no conoces hasta que ves de frente. Y aun así, sigues sin conocerla. El éxito de la serie y la realidad que muestra es tal, que Neftlix ha pedido a los usuarios que dejen de calificar a Bundy como “un hombre hot”.

Moraleja de la historia: es cierto que las apariencias engañan. Llámenme paranoica pero después de ver esta serie es imposible no quedarse con el miedo en el cuerpo. Por eso, lectores solteros, como consejo tras ver esta historia aterradora, les recomiendo que si tienen una primera cita con alguien de la red, recuerden que es mejor hacerlo en el lugar más público que se les ocurra. Y si no me creen, enciendan Netflix y aprieten ‘play’ a Conversations with a killer: the Ted Bundy tapes.

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