'Transparent', la serie que pasó del éxito a marcharse por la puerta de atrás

El mundo ha cambiado mucho desde el estreno de Transparent en 2014. Por aquel entonces Donad Trump todavía no estaba en la Casa Blanca y el movimiento #MeToo no existía. Netflix empezaba a cambiar el paradigma televisivo con series como Orange Is the New Black o House of Cards y mientras el odio se expandía en el mundo real, la televisión se volvía cada vez más inclusiva y diversa. En este panorama nació, vivió y murió Transparent, ficción original de Amazon que ha reflejado como pocas nuestros contrastes y contradicciones en un mundo en plena transformación.

©2015 Amazon Studios

Transparent -que en España también está disponible en Movistar+- narra las vivencias de los Pfefferman, una peculiar familia judía de Los Ángeles que debe replantearse su pasado, presente y futuro cuando el padre comunica a su esposa y tres hijos adultos que en realidad es una mujer transgénero llamada Maura, y que a partir de ese momento vivirá abiertamente como tal. Su creadora, Jill Solloway, se inspiró en la historia real de su “MaPa” para seguir actualizando el tópico de la familia disfuncional, tema que ya había abordado como guionista en series como A dos metros bajo tierra o United States of Tara.

Durante cuatro temporadas, la serie contribuyó a la visibilidad LGBTQ+ y se ganó el favor del público y la crítica, recibiendo numerosos premios y nominaciones, entre ellos un Globo de Oro a mejor comedia y un Globo de Oro y dos Emmy a mejor actor para su protagonista, Jeffrey Tambor. Cuando se estrenó, el hecho de que un actor cisgénero fuera elegido para interpretar a un personaje trans no causó el revuelo que sí crearía ahora, pero con el paso del tiempo empezó a verse como una decisión cuestionable, hasta el punto de que el propio Tambor expresó su deseo de ser “el último actor cis interpretando a una mujer trans en televisión” durante su discurso de aceptación del Emmy en 2016.

Sin embargo, ese no sería el mayor problema de Transparent. En 2017 Tambor era acusado de acoso sexual por dos mujeres, su ayudante en la serie y la actriz Trace Lysette, que alzaban la voz tras la creación del movimiento #MeToo. Como resultado, el actor fue despedido, lo que obligó a Solloway a reestructurar la serie para continuar sin su protagonista. Ante el dilema, la creadora optó por cerrar la historia con un episodio extendido musical que tiene como punto de partida la muerte de Maura y explora cómo esta afecta a sus familiares. En las anteriores temporadas, tanto la mujer (Judith Light) como los hijos de Maura (Amy Landecker, Jay Duplass y Gabby Hoffman) habían adquirido más relevancia en la trama que la propia protagonista, por lo que, a pesar de los contratiempos tras las cámaras, concluir con ellos resultaba orgánico desde un punto de vista narrativo.

Este Musicale Finale abandona el formato breve de la serie (que hasta el momento contaba con episodios de media hora de duración) para concebirse como una película de una hora y cuarenta minutos a medio camino entre La La Land y Jesucristo Superstar. Con canciones originales compuestas por la hermana de la creadora, Faith Solloway, e interpretadas por el cast, Transparent recupera esa mezcla de luminosidad y melancolía que siempre ha estado presente en su relato para terminar con una nota optimista y festiva, aunque también agridulce.

Fotograma del capítulo final de Transparent (Jessica Brooks; © 2019 Amazon Studios; cortesía de Movistar+)

A través de encuentros, desencuentros y espontáneos números musicales, los personajes nos recuerdan los temas que han recorrido la serie desde su comienzo: la familia, la identidad sexual y de género, la religión judía, el contraste entre tradición y modernidad, el duelo o la memoria histórica. Todo gira en torno a Maura, pero nunca la vemos en pantalla, ni siquiera en una foto o un flashback. En su lugar, Solloway aprovecha para rectificar y otorga mayor protagonismo a su amiga y compañera de piso, Davina (Alexandra Billings), nos da una “doble” de Maura, ahora sí, interpretada por una actriz transgénero en la vida real (la fantástica Shakina Nayfack) y llena el episodio de intérpretes LGBTQ+, que rodean a los protagonistas en una auténtica celebración queer.

Siempre a caballo entre la comedia y el drama (hoy en día las líneas están más difusas que nunca), preciosa y sublime en muchos momentos, excesiva y excéntrica en tantos otros, Transparent estuvo en muchas ocasiones al borde de la parodia, y con este final musical la abraza por completo. Aunque el reparto se entrega a pesar de no contar precisamente con voces de Broadway, la crisis de identidad que caracteriza a los personajes se extiende a la propia serie, y por momentos cuesta saber si debemos tomárnosla en serio o no. Ocurre sobre todo durante ese desconcertante número final en homenaje a las víctimas del Holocausto titulado ‘Joyocaust’, culminación para un repertorio de composiciones más bien olvidables y el mejor ejemplo de la ambición fallida de Solloway.

El recorrido de Transparent ha sido accidentado y termina en una nota desafinada, pero los Pfefferman han hecho mucho por nosotros. La serie ha sido víctima de las circunstancias y de sí misma, y en lugar de marcharse por todo lo alto, se ha despedido por la puerta de atrás y sin hacer demasiado ruido. Sin embargo, se puede marchar tranquila después de habernos hecho reflexionar sobre la importancia de dar voz (y papeles) a la comunidad trans, después de mostrarnos la diversidad y riqueza del ser humano y celebrar hasta el último momento la alegría de ser diferente y, sobre todo, de ser uno mismo.

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