Tomy Aguilera ('Bienvenidos a Edén'): un payaso con conocimiento de causa

·13 min de lectura
Photo credit: Fernando Roi
Photo credit: Fernando Roi

Charlar con Tomy Aguilera (Madrid, 1998) es perderte en un entretenidísimo laberinto de coñas rápidas y reflexiones serias. Habla como actúa, en plan metralleta de emociones disparadas desde una libertad muy refrescante pero también de un conocimiento muy sólido. Desde ahora lo podrás comprobar en Bienvenidos a Edén, la nueva serie de Netflix (disponible desde el 6 de mayo) que también se mueve en un laberinto de géneros muy loco. Pero no solo. Apasionado del teatro, la magia, la música y la escritura, no hay que ser vidente para prever que su motor artístico va a derrapar por muchos campos diferentes en los próximos años. Nos lo cuenta todo después de compartir para Esquire una sesión tropical bien soleada con sus compañeros de serie, con los que mantiene un pique genial en el vídeo que puedes ver arriba.

¿Cómo empezaste en este mundo?
Muy poco a poco. Siempre he tenido una personalidad que llama la atención y muchas veces he creído que eso era algo malo, pero en realidad depende de lo que hagas con ella. Con mis amigos siempre creaba monólogos para contar cualquier cosa, y eso se transformó cuando empecé a recibir clases de magia. Estuve muchos años en la escuela As de Magia, con 13 ó 14 tuve la suerte de ver Lance Burton en Las Vegas y me reventó la cabeza. Además, yo iba al Liceo Francés en Madrid y allí entré en el grupo de teatro de Juan Carlos Prieto, que es mi maestro. Y eso que mi hermano no quería que entrara…

Cuéntame eso, dale caña a tu hermano.
Me va a odiar (risas). En ese grupo se creó algo que rara vez he vuelto a encontrar, una especie de hermandad, como una barraca dentro del colegio, nos sentíamos ‘la resistencia’ porque los del grupo compartíamos algo que el resto de alumnos desconocía. Al principio mi hermano no quería que me metiera en ese círculo íntimo porque era suyo de antes, y yo era el típico hermano pesado que le robaba el foco todo el día… Cuando entré, fue un impacto. El Liceo tiene un teatro enorme, de casi 500 butacas, y actuar allí era brutal, esa sensación me llega hasta hoy. Después estuve dos años en Cristina Rota a la vez que estudiaba una carrera porque mi padre insistió…

Photo credit: Fernando Roi
Photo credit: Fernando Roi

¿Qué estudiaste?
Estudios Internacionales, que también tiene mucho de Historia. Es una materia que me apasiona, de hecho mi padre es catedrático de Historia del Derecho. En realidad yo escogí esa carrera pensando que podía ayudarme a actuar, porque culturalmente tiene mucha chicha. Estudié en Madrid e hice el Erasmus en París, en la Sorbona, en Historia Contemporánea. Y allí en París estuve en la escuela Jaques Leqoc, que tiene una historia muy guay porque la fundó un profesor de Educación Física que estudió teatro en Italia y creó la ‘máscara neutra’, una corriente de teatro físico que es donde yo me siento libre.

Lo contrario a Cristina Rota…
Sí porque su disciplina es más de introspección, con tus movidas, y aquí es lo contrario, despersonalizarte totalmente. Y ahí es donde yo encontré lo que sé hacer, la forma en la que me expreso, porque siempre he sido muy de hacer el idiota. Que en realidad es importante, se puede hacer el idiota muy bien. A mí hacer humor me parece una de las formas más inteligentes de emplear toda tu energía. Contar cosas a través del humor tiene un poder que muchas veces se menosprecia. Con esa formación casi de arlequín, de payaso, me metí al volver a Madrid en la escuela de Juan Codina, que es más mixta y te aporta muchas visiones diferentes.

Yo pensaba que me tocaba hacer una entrevista en modo adolescente pero veo que aquí hay mucho poso cultural e interés verdadero por la interpretación.
Eso se lo agradeceré siempre a mi padre, que me ha animado a interesarme por la historia que hay detrás de todo. Yo también produzco música, sobre todo de dos géneros, reggae electrónico y techno, y siempre me he sentido muy responsable de ser consciente de que soy la última mierda que ha llegado a ese género. De primeras te crees que es todo súpernuevo cuando en realidad uno empezó en Kingston en los 70 y otro en Detroit en los 80.

¿No te pasa que, a veces, el exceso de formación te coarta la creatividad?
Yo creo que el aprendizaje tiene que ir muy unido al placer. Cuando empecé a hacer lo que quería de verdad, los referentes llegaron solos. Son esenciales. Cuando entras en la cocina de los grandes, por un lado es maravilloso ver cómo funciona y con suerte sacas algo de ahí, pero por otro lado te da una hostia en la cara. Pero si la encajas bien te aporta una humildad importante: yo soy el último en llegar, no tengo nada que demostrar, solo tengo que seguir mi voz. Y eso es muy inspirador para continuar.

Veo que tienes las ideas muy bien colocadas.
El teatro en ese sentido es muy terapéutico, y cuanto más profundizas en cualquier arte y en su historia, más aprendizajes te puedes llevar. Por ejemplo, es interesante saber la historia de los actores en España, que tiempo atrás ni se les enterraba en sagrado. Ese tipo de cosas me hace plantearme muchas cosas sobre mí mismo. El autoconocimiento es la otra rama del actor, ser consciente de lo que haces. La otra gran parte de todo esto es que en mi vida he tenido relaciones, muchas de ellas muy buenas y muy profundas, tanto amorosas como de amor de ‘no relación’ tal cual se entiende en la sociedad, que me han hecho trabajar en mí y otorgarme esa humildad de estudiarte y entender que no todo lo haces bien.

Dale al pause. ¿Cómo es esto de amorosas de no-relación?
Hasta hace relativamente poco, cuando yo sentía un amor digamos que romántico por alguien, siempre asociaba ciertas cosas a ese amor por las que esa relación ya tenía que dotarse de normas con las que, hoy en día, ya no estoy tan de acuerdo. O sí, te puede llegar el momento en tu vida de necesitar esas normas, pero creo que hay amores igual de puros y profundos que no tienen que ver con esas reglas de posesión. Antes tenía un amigo, una amiga y una novia. Y no había más. Ahora, al borrar esos conceptos, hace que las relaciones sean más profundas en todos los sentidos.

Doy un volantazo. ¿Cómo encaja una persona con ese discurso cultural y relacional con el universo Netflix de consumo rápido y estímulos superficiales y acelerados?
Me encanta esta pregunta porque me la hago yo a mí mismo y no tengo una respuesta. Supongo que hay que diferenciar entre una disciplina artística y el business. No quiero decir que Bienvenidos a Edén no sea artístico, porque hay un cúmulo de artistas y un trabajo técnico que moldea lo artístico que es acojonante. Pero está claro que hay una diferencia grande entre el deseo y la necesidad expresiva personal de contar algo y los parámetros claros de que si no vendes bien el proyecto no habrá segunda temporada. Y lo que necesita ese proyecto para existir, y lo que necesita Netflix para existir, es ganar pasta. Hay profesionales que se ocupan de encontrar esos proyectos que funcionen y que dan trabajo a gente como yo. Y hay otra labor –me atrevería decir a los productores de España que habría que remar más en esa dirección– de ser más conscientes del poder que tienen los productos de influir en la sociedad. Hay que tener consciencia del mensaje, no solo de que el producto vaya a funcionar.

¿En qué estás pensando?
Lo veo mucho en este ámbito más juvenil por ejemplo en Euphoria, que es una serie megacuidada y además el fondo de los personajes trae planteamientos sociales esenciales. Eso engancha con el autoconocimiento: no es lo mismo ver una serie en plan “me la como” que “vale, ahora sé más sobre mí”.

Aunque te destruya.
Es que eso es lo que mola. No es tanto que te dé respuestas, sino que te genere preguntas que te peten la cabeza. Por eso nuestra responsabilidad es que nuestro curro esté lleno de sensibilidad y de cuestiones que vayan a más allá de que mole verlo.

Photo credit: NIETE/NETFLIX
Photo credit: NIETE/NETFLIX

¿Con qué compañeros de Edén has compartido esos fogonazos artísticos?
Por ejemplo con Lola Rodríguez ha habido mucha verdad, y eso se va a ver. Me ha pasado varias veces de ir con una propuesta que quizá se basa en esa exigencia de la que hablábamos de tener que molar, que más que en lo que dices estás pensando en cómo lo dices para que la frase sea guay, y con ella me sorprendía a mí mismo. Salían cosas en las que ni había pensado. Yo que veo mazo cine tengo tantas referencias, en plan "quiero hacer el tono de la frase de Joaquin Phoenix en tal película", y con Lola todo se destruía muy rápido. Nos mirábamos, con que ella me tocara había una reacción en mi cuerpo no impuesta ni por mí ni por nadie. Otro momento artístico guay fue que uno de los directores me dejó en cambiar bastante el guion en una parte.

¿Y cómo fue ese cambio?
Mi personaje es un tío con un lenguaje muy suelto, muy de sus colegas, pero hay una escena en la que tiene un monólogo que cuenta todas sus movidas. Estaba muy bien escrito pero era bastante explicativo, y para llegar yo a un sitio emocional necesitaba conectarlo con cosas muy personales. Así que empecé a escribirlo sin la pretensión de que lo fueran a cambiar, obviamente. En Lanzarote dormía en el cuarto de al lado del director, que al principio era como "qué putada" (risas) pero me vino bien. Me ponía vídeos de Aaron Paul en Breaking Bad para inspirarme, y en una de esas le enseñé lo que había escrito… Y me lo compró.

Esa parte es el clímax de tu personaje en esta temporada.
Uf, a mí me costó verlo. Vimos los ocho capítulos seguidos y yo, que me falta mucho por madurar, no templo, veo las cosas y me juzgo muy rápido… Y tío, es que los actores al final somos gente muy frágil, nuestro curro depende de la opinión de los demás y te puede desmontar. Es un momento de vulnerabilidad constante. Que diferencia la gente que se quiere exhibir de la que se quiere exponer.

Y a eso se suma la presión de que, en una gran producción, no puedes dudar y cagarla.
Hay una dicotomía grande a la hora de rodar: a la vez te tiene que importar mucho toda la parafernalia que se ha montado para que tú digas tu frase, lances una mirada o beses a otra persona, y por otro te la tiene que sudar los cientos de miles de euros que están corriendo en ese instante.

Súmale que luego lo van a ver millones de personas.
Esa es la diferencia más grande entre teatro y audiovisual. En teatro ensayas durante meses algo que, con suerte, pueden ver cinco mil personas, y aquí en Edén yo tuve un día de ensayos con Lola, y puede llegar a muchísimo más público. También es porque a mí me pillaron el último, el resto sí ensayó más, pero es que desde que me cogieron hasta que me fui a Lanzarote a rodar pasaron un par de semanas.

¿Y eso por qué fue?
Porque no encontraban a Charly. También te digo que es un personaje muy desdibujado, cada actor le hubiera dado un rollo diferente. A mí por ejemplo me pasó que no me cayó muy bien la primera vez que lo leí, me parecía un poco canallesco…

Photo credit: Fernando Roi
Photo credit: Fernando Roi

Pero le has dado un punto con el que sí se empatiza.
A veces me da un poco de palo, no te voy a engañar, aunque creo que algo sí hemos conseguido. Es que yo me juzgo un huevo, cada cosa que noto que me he pasado yo la veo multiplicada.

¿Qué expectativa tienes de cara a futuro con este trabajo? ¿Cómo sientes que te puede transformar este éxito o no éxito?
¿Qué es el éxito? (risas) Esa es una pregunta muy buena.

El éxito es un timo, básicamente.
En mí hay dos cosas que avanzan con cada proyecto que hago. Yo también escribo, tengo un largo, y me encantaría dirigirlo en el futuro, así que cada vez que estoy en un rodaje me acuerdo de eso que decía Fernán Gómez de “nos pagan para esperar”, pero yo lo veo más como “nos pagan para aprender”. Porque si en esos ratos te juntas con gente de otros departamentos te quedas con mil cosas. Edén, que es lo más tocho que he hecho, imagínate cómo era en ese sentido, los profesionales que había en esa parte técnica tan brutal. Y la otra cosa es la posibilidad que abre para que vengan otros proyectos. Lo mismo con la música…

En Youtube he visto un proyecto muy curioso.
Eso es un grupo de rap que tengo con dos amigos, Alvarito y Noel, pero lo tenemos un poco dejado. Ahora tengo un grupo con un amigo mío que se llama Yo Tam, y estamos haciendo un disco de reggae, ya tenemos 9 temas. Y yo solo por mi cuenta, con la ayuda de mi hermano que también hace música y sobre todo mixea, estoy con un disco de techno con 7 temas.

Así que tu hermano ya no te considera un lastre…
(Risas) No, era lo contrario, que yo era un poco invasivo y él necesitaba su espacio. Con mi hermano Santi estoy mano a mano, es una de las relaciones que más me relaja del mundo. Él es la hostia.

Después de charlar contigo, entiendo eso que decías de que la sociedad muchas veces nos obliga a aplacar al payaso, entendido de la manera más bonita, que llevamos dentro. Tú has dejado que juegue y mira qué frutos.
Es que tengo la suerte de haber vivido una vida que me ha permitido disfrutar de lo que me rodeaba. No siempre tienes la capacidad de ver lo bello que hay a tu alrededor. Yo sí. Y todo se ha ido retroalimentando. Mi capacidad de hacer el tonto es una forma de ver la vida, que parece más ligera, pero desde el humor se puede hablar de las cosas más bestias, la risa invita a escuchar más que a posicionarte frente al otro. Yo siempre voy a hacer lo que quiera por mucho que la peña me diga otra cosa. Por ejemplo, sobre la visibilidad, sé que si en redes subo una foto de mí mismo puede generar cierto revuelo, pero si subo mi música nadie le hace ni puto caso. Pero me niego a guiarme por esas cosas. Hay que estar muy conectado con uno mismo para estar seguro de lo que a ti te mola y desarrollar hasta el final lo que disfrutas. Y ser un friki de eso. Ser friki de cosas. Ser curioso hasta que te mueras.

Ayudante de fotografía: Ariadna Sánchez-Albornoz · Ayudante de estilismo: Andrea Condés · Maquillaje y peluquería: Irene Rebollo y Adina Dogaru para Mery Makeup · Edición de vídeo: Álvaro Verdú · Producción: Marta Sánchez

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente