Tom y Jerry: 80 años de trampas, persecuciones y humor negro

Un gato de sonrisa maquiavélica y un pequeño ratón de rostro angelical se persiguen frenéticamente por una cocina, tirando y rompiendo todo a su paso. Ambos ignoran el desenlace de la escena, pero todos los niños del mundo pueden anticiparla fácilmente: el ratón saldrá indemne y victorioso. Porque ese gato y ese ratón son Tom y Jerry, una de las parejas animadas más populares de todos los tiempos –que esta semana cumple nada menos que ocho décadas de intenso amor-odio. ¿Quieres conocer su historia?

Los icónicos Tom y Jerry cumplen 80 años desde que se estrenara su primer cortometraje. (Imagen: © Turner Entertainment Co. / Warner Bros.)

La gestación de estos icónicos personajes fue casi tan estresante como sus mejores sketches. En junio de 1937, el hoy célebre animador y guionista Joseph Barbera empezó a trabajar para la unidad de animación de Rudolph Ising en la Metro-Goldwyn-Mayer –por entonces el mayor estudio de Hollywood. Allí supo que el co-propietario del estudio, Louis B. Mayer, estaba desesperado por potenciar el departamento de animación y exigía a sus artistas que creasen nuevos personajes para competir con el cerdito Porky de Warner Bros. o el ratón Mickey de Walt Disney –que por entonces dominaban por completo el mercado. El propósito de Mayer se antoja aún más ambicioso si se tiene en cuenta el reciente fracaso de su serie basada en la tira cómica de The Captain and the Kids (también conocida como Maldades de dos pilluelos o Los Cebollitas).

Así pues, Barbera se juntó con su compañero, el animador y director William Hanna, para sacar adelante nuevas propuestas –entre las cuales figuraba una tan esquemática como atractiva: “dos personajes iguales que siempre están en conflicto”. Tras descartar que estos personajes fuesen un zorro y un perro, los veinteañeros se decidieron por un gato y un ratón y presentaron la idea al productor Fred Quimbly –que por entonces era el jefe del departamento de cortometrajes. Pese a su falta de interés, Quimbly acabó dándoles luz verde para que produjesen un único corto animado. Sería esta primera pieza, nacida como un mero tanteo sin grandes esperanzas de prosperar, la que daría pie a una franquicia millonaria que sigue siendo relevante en pleno siglo XXI.

Irreconocibles (sobre todo Tom), pero son ellos en su primer cortometraje: Puss Gets the Boot. (Imagen: © Turner Entertainment Co. / Warner Bros.)

El corto, que llevó por título Puss Gets the Boot (“El gato recibe la bota”, un juego de palabras que alude tanto al castigo que recibe Tom como al cuento popular El gato con botas), nos mostraba a tres personajes: un gato llamado Jasper, un ratón anónimo (que durante la pre-producción fue apodado Jinx) y una obesa sirvienta afroamericana, de nombre Mammy Two Shoes (“Mami Dos Zapatos”) –una caricatura racista que, como tantos otros “blackfaces” de la época, sería muy criticada en retrospectiva y finalmente sustituida por una esbelta mujer blanca. Aunque la fórmula de persecución entre gato y ratón hoy nos pueda parecer un cliché (y no deje de recordar a las clásicas fábulas de Esopo), la peliculita resultaba realmente novedosa en su tratamiento dinámico y desenfrenado de los gags visuales. Sin embargo, este mérito no resultó tan evidente en un principio. Tras su estreno en el circuito de cines el 10 de febrero de 1940, el estudio sugirió a Hanna y Barbera que no produjesen más piezas con esos personajes, y les animó a centrase en otros como Gallopin´ Gals Officer Pooch. El futuro de Tom y Jerry parecía condenado incluso antes de que recibiesen sus verdaderos y definitivos nombres.

Pero entonces, una carta enviada a MGM lo cambió todo. Su remitente era la empresaria texana Bessa Short, y en ella la mujer imploraba al estudio que produjese más de esos “maravillosos dibujos animados del gato y el ratón”. La misiva acabaría convenciendo a la dirección para encargar toda una tanda de nuevos cortos animados. Pero antes, el estudio llevó a cabo un concurso interno para bautizar a los personajes, y el ganador del premio de 50 dólares fue el animador John Carr –que propuso Tom y Jerry, en referencia a un cocktail navideño popular en EEUU. Por entonces, el éxito de crítica y público de Puss Gets the Boot empezaba a hacerse notar –tanto, que acabó obteniendo una nominación al Óscar a Mejor Cortometraje de Animación. No obstante, sus créditos solo mencionaban al productor Ising –obviando a los verdaderos creadores, Hanna y Barbera...

Tom recibe un escobazo de Mammy Two Shoes, el personaje sin rostro que sería criticado por racista. (Imagen: © Turner Entertainment Co. / Warner Bros.)

La candidatura al Óscar fue la señal definitiva que MGM necesitaba para darse cuenta del bombazo que tenía en las manos. Así pues, el estudio dio luz verde para que Hanna y Barbera creasen un segundo cortometraje, que llevaría por título The Midnight Snack y se estrenaría en 1941. El dúo de animadores –que continuaría trabajando en la serie animada durante los siguientes quince años de su carrera–, adoptaron un esquema básico en el que Jerry nunca era quien iniciaba el conflicto y Tom (casi) siempre perdía al final. Poco a poco, el ritmo de la animación se fue acelerando y volviéndose más enérgico y violento, inspirándose claramente en la obra de Tex Avery –el genial animador que trabajó para Warner Bros. y MGM y que fue clave en la creación de los personajes de Looney Tunes y Merrie Melodies. Por otro lado, la inconfundible banda sonora de Scott Bradley, que combinaba música clásica, jazz y pop, resaltaba aún más lo frenético de la acción.

Con el tiempo, Hanna y Barbera fueron retocando progresivamente el diseño de Tom y Jerry para que “envejeciesen con dignidad”. Así, Jerry perdió peso y se acortaron sus pestañas, mientras que el pelaje escarpado de Tom se fue suavizando, sus cejas crecieron y su cara acabaría siendo blanca y gris, con la boca blanca. Además, el gato pasó de ser un cuadrúpedo a andar casi exclusivamente a dos patas –como un ser humano. Salvo contadas excepciones, ninguno de los dos personajes hablaba (Hanna y Barbera siempre tenían en mente las comedias mudas de Chaplin y Keaton), aunque los efectos vocales de los personajes solían ser interpretados por el propio Hanna –incluidos el grito desgarrador de Tom y el sonido de Jerry al tragar saliva. 

De los 114 dibujos animados que Hanna y Barbera crearon para MGM, nada menos que trece fueron nominados al Óscar a Mejor Cortometraje de Animación y siete se alzaron con la estatuilla dorada (rompiendo la racha imbatible que el estudio de Walt Disney mantenía en dicha categoría). Finalmente, Tom y Jerry ganarían más premios de la Academia que ninguna otra serie animada centrada en personajes. Y no era para menos, pues el presupuesto medio de estas piezas cortas ascendía a los 50,000 dólares y requería unas seis semanas de producción. Lo más curioso es que, pese al mimo con el que trataban todos los aspectos de su criatura, Hanna y Barbera no trabajaban con un guion previo, sino que iban elaborando la historia a medida que dibujaban las escenas –lo que sin duda tiene mucho que ver con el dinamismo y la fluidez del producto final.

Y entonces vinieron las vacas flacas. El auge de la televisión en los años 50 redujo los ingresos que MGM y otros estudios obtenían de las salas de cine, lo cual condujo a serios recortes presupuestarios que también afectaron a Tom y Jerry. Para competir con la “caja tonta”, MGM decidió que de ahora en adelante los cortos de Tom y Jerry se producirían en formato CinemaScope –empezando por Touché, Pussy Cat! (1954). Pero cuando el estudio descubrió que el re-estreno de cortos antiguos generaba tantos ingresos como el estreno de otros nuevos, decidió interrumpir la producción de piezas nuevas y finalmente cerrar el departamento de animación a mediados de 1957. Hanna y Barbera, que desde la retirada de Quimbly en 1955 se habían hecho cargo del departamento, decidieron entonces fundar su propio estudio, Hanna-Barbera Productions –un sello hoy conocido y querido por numerosas generaciones, y responsable de mitos de la cultura popular como Los PicapiedraEl Oso Yogui Scooby-Doo.

Los episodios dirigidos por Gene Deitch se cuentan entre los más impopulares del dúo debido a la precariedad de su animación. (Imagen: © Turner Entertainment Co. / Warner Bros.)

Sin embargo, apenas unos años después del cierre del departamento de animación, MGM decidió resucitar una de sus propiedades intelectuales más potencialmente lucrativas. En 1961 contactaron con el estudio de animación europeo Rembrandt Films para producir en Praga 13 nuevos cortometrajes de Tom y Jerry. Dirigidas por Gene Deitch y producidas por William L. Snyder, estas nuevas aventuras se rodaron con un presupuesto mucho más ajustado: apenas 10,000 dólares. Por si fuera poco, ni los responsables ni los animadores habían visto más que un puñado de ejemplos de los cortometrajes originales. El saldo de esta combinación de austeridad y desconocimiento fue claramente negativo. El estilo de la animación perdió toda la fluidez de antaño, aunque también compensó sus carencias con nuevos fondos que, pese a ser menos detallados, resultaban muy modernos en su estilo anguloso cuasi-Art Deco (y además, solían trasladar la acción a localizaciones exóticas muy ajenas al entorno hogareño original). Igualmente, la banda sonora empezó a incorporar sonidos electrónicos y futuristas, en sintonía con la experimentación formal que caracterizaba por entonces a la animación checa. Con todo, estos 13 cortos suelen ser considerados los peores de Tom y Jerry –aunque algunos snobs los valoran y prefieren por su “surrealismo involuntario”.

El mítico Chuck Jones de los Looney Tunes y Merrie Melodies también asumió la tarea de revitalizar a Tom y Jerry. (Imagen: © Turner Entertainment Co. / Warner Bros.)

A partir de 1963 sería el legendario Chuck Jones –recién despedido de Warner Bros. Cartoons tras trabajar con el estudio durante 30 años– quien se haría cargo de Tom y Jerry a través de su propio estudio, Sib Tower 12 Productions (más tarde renombrado como MGM Animation/Visual Arts), y acompañado de su colega Les Goldman. Juntos produjeron 34 nuevos cortometrajes de Tom y Jerry marcados por el inconfundible estilo sólido, detallista y chispeante de Jones –aunque, por otro lado, al dibujante le costó mucho adaptarse al humor característico de Tom y Jerry. De nuevo, los personajes fueron levemente rediseñados: a Tom le salieron unas cejas más gruesas (parecidas a las del Grinch o Wile E. Coyote), su pelaje se volvió grisáceo, sus orejas se afilaron, su cola creció y a sus mejillas les salió más pelo (como las del gato Silvestre), mientras que a Jerry le crecieron los ojos y las orejas, su pelo se aclaró y su expresión se dulcificó como la del cerdito Porky. La influencia de El Coyote y el Correcaminos, la serie creada por Jones en la década anterior, marcó claramente esta nueva tanda de piezas –con abundantes golpes, bromas físicas muy rápidas y caídas desde grandes alturas. Pese a que fueron mejor acogidos tras el “desastre” de la era Deitch, estos cortos no tuvieron el éxito que se esperaba y MGM terminó por interrumpir su producción en 1967. 

Tras un hiato de casi una década –durante la cual los cortos siguieron emitiéndose por televisión para las nuevas generaciones–, Tom y Jerry volvieron a reunirse con sus creadores en 1975. En efecto, los propios Hanna y Barbera empezaron a producir episodios televisivos para la franja de la mañana del sábado. The Tom and Jerry Show se emitió por la cadena ABC en 48 capítulos de siete minutos de duración, que destacan porque en ellos los protagonistas –enemigos acérrimos durante sus primeros años– se convirtieron en colegas que vivían aventuras juntos. ¿El motivo detrás de este cambio radical? Que Hanna-Barnera estaba obligada a cumplir con las estrictas reglas que limitaban la violencia en los contenidos televisivos infantiles –y Tom y Jerry ya habían sido criticados como una de las parejas más violentas de la televisión (pese a que en sus aventuras nunca hay sangre y todo daño físico está retratado de forma burlesca). Lo que para muchos fue un giro imperdonable hacia la cursilería se agravaba por un extraño (y efímero) añadido en el diseño de Jerry: una pajarita roja.

Ya a comienzos de la década de los 80, Filmation Studios probó suerte con el gato y el ratón y se lanzó a producir otra serie animada: The Tom and Jerry Comedy Show (también conocida como The New Adventures of Tom and Jerry). El programa –que también rescataba a otros personajes de MGM que no habían aparecido desde los cortos originales–, se alejaba de la nueva versión de Hanna-Barbera y recuperaba la fórmula original, basada en persecuciones repletas de humor físico. Pero pese a su buena intención, el público recibió la intentona con la misma frialdad que en los años 70, y en 1982 CBS interrumpió la emisión del espacio. Algunos años después, en 1986, MGM fue adquirida por el fundador de WTBS, Ted Turner, quien al poco vendería la compañía conservando, eso sí, la propiedad de sus archivos anteriores a 1986, por lo que Tom y Jerry pasaron a pertenecer a Turner Entertainment Co. –que es la que, como subisidiaria de Warner Bros., ostenta sus derechos actualmente. Desde entonces, tanto los antiguos episodios como las nuevas series de los 90 y 2000 (Los pequeños Tom y JerryLas nuevas aventuras de Tom y Jerry, etc) empezaron a aparecer en cadenas asociadas como TBSTNTCartoon NetworkThe WBBoomerang o Turner Classic Movies.

Tom y Jerry: La película, primer intento de dar a los personajes su propio largometraje de animación, fue un fracaso de crítica y público. (Imagen: © Miramax Films)

Tema a abordar aparte serían los largometrajes de Tom y Jerry, que por lo general han gozado de poca fortuna. La pareja, que ya había aparecido en películas de los 40 y 50 como Levando anclas o Mojada y peligrosa, no tendría su debut cinematográfico hasta 1992 con el musical Tom y Jerry: La película –un sonado fracaso de crítica y de taquilla. En 2001 salió Tom y Jerry: El anillo mágico, primer estreno en vídeo de Hanna y Barbera y última ocasión en que el dúo co-produciría material de Tom y Jerry –pues Hanna falleció poco después del lanzamiento, y Barbera le seguiría en 2006. A aquella cinta siguieron numerosas entregas en vídeo que pasaron sin pena ni gloria, hasta que en 2015 se anunció el desarrollo de un nuevo estreno cinematográfico que estaría inspirado en el material original de Tom y Jerry –aunque tres años después supimos que finalmente sería una película con mezcla de acción real y animación 2D, de esas a las que tan acostumbrados estamos ya. Dirigida por Tim Story y producida por Warner Bros. Pictures, la película tendrá un reparto encabezado por Chloë Grace Moretz como Kayla, una joven que trabaja en el hotel que infesta Jerry –lo cual la obliga a traer a Tom para librarse del ratón. Michael PeñaColin Jost y Ken Jeong completan el reparto de la cinta y su estreno ya ha sido adelantado al 23 de diciembre de 2020.

Considerada como una de las mejores series de televisión de todos los tiempos por la revista TIME, Tom y Jerry llevan ya ocho décadas deleitando a sucesivas generaciones de todo el mundo con una premisa tan sencilla como efectiva, que podrá gozar de mayor o menor popularidad según las tendencias de la época, pero que nunca se quedará anticuada. ¿Queréis la prueba definitiva de que estamos ante un clásico intemporal? Ponedle alguno de los cortos originales a un niño pequeño y sentaos a observar su gesto de fascinación. ¡Nunca falla!

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