Tom Hardy carga con las cicatrices de la vida pero alza la bandera de la superación

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Tom Hardy es un tipo que impone. Pero no por el glamur de la fama o por la superioridad superficial que eleva a una estrella de cine, sino porque su presencia transmite el peso tangible de la experiencia. Así lo percibí el día que tuve el placer de entrevistarle. Esa aura tan real, cruda y llena de profundidad dramática que plasma a sus personajes también la contagia cuando estás en su presencia. Conocer a Tom Hardy es estar frente a alguien que conoce de extremos, que carga con las cicatrices de la vida pero alza la bandera de la superación como parte de su supervivencia y sin alardear de ello.

Algo que demostró de nuevo cuando apareció por sorpresa el sábado 17 de septiembre en una competición de artes marciales y ganó todas sus peleas. Sin promocionarse, sin dar la nota, sin que el mundo se enterase hasta que los medios se hicieron eco días más tarde. Una victoria que simboliza la superación que él mismo representa con su historia tras la decadencia del alcohol y las drogas.

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Ya sea porque le sigues la pista desde su debut en Hermanos de sangre (2001) tras ser descubierto en la escuela de arte dramático, o porque no puedes olvidar su presencia en Origen (2010) o su intensidad en Bronson (2008), El caballero oscuro: la leyenda renace (2012) y Mad Max: furia en la carretera (2015). O te pasa como a mí que su figura mediática ha quedado por siempre ligada a la ambigüedad atractiva de su mafioso judío de Peaky Blinders (el mejor personaje de la serie, amén) o su impresionante trabajado nominado al Óscar en El renacido (2016). O quizás lo prefieras en su versión más ‘light’ como antihéroe de Venom, lo cierto es que por un proyecto u otro, Tom Hardy se ha ganado un lugar especial en el corazón de los cinéfilos y la industria. Sin embargo, hace más de dos décadas su vida apuntaba hacia otro camino. Uno que él mismo tuvo que enderezar después de tocar fondo.

Habría vendido a mi madre por una piedra de cocaína” dijo en 2017 a Daily Mirror, reflejando lo lejos que llegó su adicción. Si bien nació hace 45 años en el seno de una familia “privilegiada”, este londinense sentía el “el deseo instintivo de querer destruirlo todo”. Su espíritu rebelde lo llevó a probar alucinógenos después de que a los 11 años un policía visitara su escuela y les advirtiera de los peligros de esnifar pegamento. Pero él dijo a The Mirror en 2014 que pensó “ahora ya sé donde encontrarlo”.

Lo expulsaron de su internado en Surrey por robo y poco después se dio a la cocaína y el alcohol. A los 17 lo arrestaron por robar un Mercedes y llevar un arma en el vehículo, y mientras estudiaba actuación de método en el Centro de Drama de Londres, su adicción se fue intensificando. Hasta que un incidente en 2003, cuando lo encontraron sobre un charco de sangre y vómito, lo hizo buscar ayuda. “Hice algo particularmente atroz que me ayudó a despertar” dijo a The MirrorTenía que perder algo. A veces necesitas perder algo que es más valioso para ti que la bebida”.

“No quería que nadie supiera que estaba fuera de control, pero no podía ocultarlo. Eventualmente, el cuerpo se da por vencido. Estaba completamente kaput. Tuve suerte de no contraer hepatitis ni sida sentenció en otra entrevista para Prince's Trust (vía Yahoo!).

Sin embargo, cuando decidió entrar en rehabilitación a los 26 años pensó que lo haría por unos días hasta que sus allegados le perdonaran, y luego seguiría en las andadas. Pero la experiencia cambió por completo su visión y existencia. Al escuchar las historias de otros adictos con situaciones similares a la suya, se dio cuenta que tenía un problema.

LOS ÁNGELES, CALIFORNIA - 27 DE SEPTIEMBRE: El actor Tom Hardy asiste a la sesión de fotos de
LOS ÁNGELES, CALIFORNIA - 27 DE SEPTIEMBRE: El actor Tom Hardy asiste a la sesión de fotos de "Venom" de Columbia Pictures en el Four Seasons Hotel Los Ángeles en Beverly Hills el 27 de septiembre de 2018 en Los Ángeles, California. (Foto de Jon Kopaloff/FilmMagic)

No obstante, la sombra de la adicción le persigue ante la preocupación de que una mala decisión o un paso en falso destruya todo lo que ha conseguido desde la sobriedad. “Si bebiera cuatro pintas de cerveza y media botella de vodka podría transformar esta habitación es una maldita pesadilla en tres minutos” dijo. “Podría destruir todo por lo que he trabajado tan duro en mi vida”

¿Qué le da miedo?, es algo que le preguntaron en una entrevista para Prince’s Trust, una fundación creada por el ahora rey Charles III que se dedica a ayudar a jóvenes en desventaja. “Todo” respondió entre risas. “No tener control, no saber, la espera de que algo vaya mal. Soy un adicto y alcohólico, tengo mis altibajos, mi cabeza está un poco inestable, así que tengo que cuidarla”.

Me encanta lo que hago, pero lo impulsa el miedo a no poder hacerlo. Es lo mismo con la bebida: si dejo de beber, ¿quién soy? ¿Qué tengo? Tengo que vigilar esa motivación. No importa lo bien que lo esté haciendo, nunca estoy lejos de joderlo todo” añadió.

La sobriedad es el camino que transita como parte de su experiencia, aunque la paternidad ha sido un regalo para su proceso. En 2016 contó que sus hijos le cambiaron la vida. “Fue cuando me cayó la ficha de que ya no había más tiempo para pensar en mí mismo, sobre lo que me gustaría hacer o quiero hacer, porque ahora hay alguien en el planeta que necesita que me componga y me centre en algo más importante que mí mismo” (Daily Mail, vía Independent).

Y en todo este tiempo que fue subiendo peldaños en su carrera, afianzando su relación con el público y puliendo su talento, siguió batallando estos demonios del pasado. Pero no lo hizo solo, su experiencia le ha llevado a querer compartir y ayudar al prójimo formando parte de varias organizaciones. Sin ir más lejos, su participación en el campeonato de jiujitsu que ganó en Milton Keynes, en Londres, fue representando a una de ellas, Reorg, que se dedica a ayudar a veteranos de guerra y profesionales que ayudan al prójimo que sufren depresión o PTSD (Trastorno de Estrés Postraumático), enseñándoles jiu-jitsu y otras disciplinas.

La adicción es algo difícil y complejo de navegar; como lo es la salud mental. Temas que son profundamente personales para mí y extremadamente cercanos a mi corazón” escribió en Instagram días después de su victoria. “El entrenamiento simple, para mí (como un pasatiempo y un amor privado) ha sido fundamentalmente clave para desarrollar aún más un sentido más profundo de resiliencia interna, calma y bienestar. No puedo enfatizar la importancia que ha tenido y el impacto en mi vida y la de mis compañeros de equipo”.

Si Tom Hardy ha llegado tan lejos a sus 45 años ha sido por su compromiso personal hacia sí mismo, enfrentándose al presente para mejorar su futuro. Una historia de superación que vemos reflejada en esa medalla de oro que ganó hace unos días, como dice él, encontrando su propio sentido de calma y bienestar a través del deporte y dándole importancia a lo que de verdad necesita.

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