La infancia dramática que esconde la sonrisa de Tom Hanks

Actor, director, productor, y ahora también superviviente del coronavirus. A Tom Hanks no hay nada que se le resista. Al mirarle uno no puede evitar sonreír, mucha culpa de ello la tienen esas primeras películas de su carrera como Big, Socios y sabuesos o Esta casa es una ruina en las que demostró sus dotes de comediante. Pero detrás de esa sonrisa pícara y carácter dicharachero esconde un pasado de todo menos gracioso marcado por la soledad, la insociabilidad y la falta de cariño.

¿Quién lo diría verdad? Con él se cumple al pie de la letra eso de que las apariencias engañan. Es precisamente ese afán por superarse lo que le ha convertido en un grande entre titanes.

(Jonathan Short; Gtres)

La historia de su vida no es precisamente de color de rosa. El sufrimiento fue una constante en su niñez, especialmente tras la separación a los cinco años de sus padres Janet y Amos Hanks. A partir de ahí comenzaría una de las etapas más complejas que marcaría su personalidad para siempre. Tom no se quedó con su madre, fue su padre quien le acogió. Un hombre con una vida errante que en menos de cinco años llegó a mudarse diez veces. Esta inestabilidad dejó una huella, no precisamente positiva en su personalidad, tal y como expresó en una entrevista para el programa de la BBC Radio 4, Desert Island Discs, de Kirsty Young.

La inestabilidad laboral de su padre le impidió hacer la vida normal de cualquier niño de esa edad. Cuando se habían acomodado en un lugar y hecho su grupo de amigos, el pequeño Tom tenía que hacer las maletas rumbo a un nuevo destino. Cambiaba de colegio y compañeros como de camisa, lo que le impidió tener una personalidad abierta y confiada con el resto de los humanos. La única compañía segura que tenía y no le iba a fallar nunca era la suya, así que se volvió un jovencito solitario, poco sociable, especialmente en sus años de adolescente. Quién lo diría, ¿verdad?

El nivel de aislamiento fue tal que cuando le ofrecieron el papel de la película Náufrago años después, con una carrera estable y exitosa, no pudo evitar viajar a su pasado. “Parece que me conocían bien”, dijo entre risas sobre este tema tan serio que hoy en día ve como una etapa enriquecedora que le ha ayudado a ser quien es. La cinta cuenta la historia de Chuck Nolan, papel de Hanks, un empleado de FedEx y único superviviente de un accidente de avión que queda varado en una isla durante varios años. Allí debe sobrevivir adaptándose a los medios que le rodean y con una simple pelota como su mejor amigo. 

Tom Hanks en Náufrago ( 20th Century Fox and Dreamworks L.L.C)

Tom se encontraba cómodo en esos zapatos, la situación, mucho más trágica en la ficción por supuesto, le era familiar. Llegó la juventud y la futura estrella del cine tenía dos caminos, seguir en la sombra o buscar la luz. Y fue ahí que la actuación llegó para abrirle los ojos a otro mundo. Fue, y nunca mejor dicho, su tabla de salvación. Ingresó en la Universidad de California donde formó parte del grupo de teatro estudiantil, un momento que describe como “liberador”. A partir de ahí su vida dio un giro de 180 grados y ese joven introvertido, serio y desconfiado, empezó a convertirse en la persona divertida, alegre y sociable que conocemos hoy en día. Fue despacio, como se hacen las buenas cosas.

Empecé a ir al Conservatorio Americano para ver obras de teatro. Podría ver varias en un día. Me encantaba”, expresó entusiasmado a la BBC. Había descubierto que había otro mundo más allá de sí mismo, un lugar donde podría vivir otras vidas y entretener a los demás. Era el comienzo de algo especial y, aunque no fue una metamorfosis inmediata, sí fue el despertar a algo muy grande y muy bonito que no estaba dispuesto a perderse. Para empezar se enamoró, se casó y tuvo dos hijos con la también actriz Samantha Lewes. La cosa no cuajó y terminó en divorcio siete años después, un duro palo del que nuevamente salió a flote gracias a su profesión y... a Rita Wilson, su actual esposa.

Separado, con dos hijos y rozando los 30 años daba comienzo la mayor historia de amor de su vida. El cine quedó prendadito de él y viceversa. Tras su paso por películas como Despedida de soltero y Splash en 1986, ese chico paliducho, de cara de chiste y humor cínico se ganó el corazón de los espectadores que querían y pedían más de él. Les hacía gracia, así que los deseos de la audiencia se convirtieron en órdenes. Fue así como llegó Big, su primer gran papel, y decimos eso porque supuso su primera nominación al Óscar. Quién iba a decir que un papel en el que este adulto se convierte en niño por arte de magia calaría tan hondo en la gente. Ironías y maravillas de la vida. Allí volvió a ser niño otra vez, revivió la infancia en un cuerpo de hombre y su interpretación fascinó. A partir de ahí, un éxito tras otro, casi sin descanso, y también estatuilla tras estatuilla.

Su versatilidad como actor fue premiada por la Academia de Cine norteamericana en dos de las mejores películas de su carrera, Filadelfia y Forrest Gump. Se llevó el premio a Mejor Actor durante dos años consecutivos y con todas las de la ley porque, no nos engañemos, nuestro querido Tom lo borda en los dos títulos. Además de hacerlo muy bien, el entonces incipiente actor destacó por su dominio de recursos escénicos. Tan pronto te hacía reir con escenas desternillantes en Esta casa es una ruina como te ponía a llorar como una madalena con el monólogo de Forrest en un banco de madera o declarando su inocente amor a su Jenny del alma, personaje de Robin Wright en la cinta de Robert Zemeckis.

Da igual lo que hiciera, los noventa fueron suyos. A ellos se asomó agarrado de la mano de su segunda esposa, la también actriz Rita Wilson, a quien conoció entre bambalinas estando aún casado de su primera mujer y el flechazo fue inevitable. Una cosa llevó a la otra y de eso hace ya más de tres décadas. Según Hanks, si el cine le salvó de las garras de la soledad, su esposa Rita le devolvió las ganas de vivir y no rendirse nunca. “Eso es lo que sentí cuando conocía mi actual esposa. Ahora soy la persona más feliz del mundo”, recalcó en la entrevista al canal británico.

Rita y Tom forman un tándem perfecto. Nos dieron un gran susto hace unas semanas anunciando en sus redes que padecían coronavirus. Fue durante un viaje de trabajo a Australia. Menos mal que les pilló juntos y, como todo en su vida, lo superaron de la mano y con el amor de lejos de sus dos hijos y millones de fans de todo el mundo. La tristeza ya no forma parte de la vida de Tom y la soledad mucho menos. Ha dejado muy claro que no quiere que nadie sienta pena por él, hay gente que lo pasa mucho peor. Lo importante no es cómo se empieza sino cómo se sigue y se termina. “No os preocupéis, no creo que vuelva a estar solo nunca más”, bromeó una vez más el también director. ¿Acaso hay algo que se le resista a este todo terreno? 

Ni sus premios y reconocimientos, ni sus contratos multimillonarios, ni sus bienes materiales, que son unos pocos, han opacado la ilusión de ese joven que soñaba con un mundo más allá de la penumbras. La sencillez es su seña de identidad, además de su amor por la familia y sus ganas por entretener al espectador, un objetivo que sigue haciendo como pocos. Próximamente, una vez que abran los cines de nuevo, llegará a la cartelera española su más reciente aventura cinematográfica, Un amigo extraordinario, un biopic donde da vida al presentador norteamericano de programas infantiles Fred Rogers. El sentimiento, la transformación y la superación personal son de nuevo la clave de esta fabulosa historia que no dejará indiferente a nadie. 

Ese es Tom, un hombre corriente, además de un visionario, que más allá de las cámaras y el acción saluda a sus vecinos, disfruta de su hogar y mantiene viva su alma de niño, esa que, a pesar de los pesares, ha sabido alimentar y regalarnos en cada trabajo. Eternamente agradecidos.

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