Comprendiendo la rabieta de Tom Cruise, un hombre que solo quiere salvar el futuro del cine

Valeria Martínez
·7 min de lectura

Tom Cruise ha vuelto a ser noticia por culpa de un audio filtrado que desvela la tremenda reprimenda que lanzó a dos empleados que se saltaron los protocolos de seguridad en el set de Misión: Imposible 7. Se lo oye gritando, rasgando la voz de aparente rabia y con el sonido hueco de hablar con la mascarilla puesta, mientras amenaza con el despido fulminante si vuelve a ver alguien incumpliendo la distancia de seguridad exigida.

Y la verdad, yo lo entiendo. No fueron las formas -expertos en relaciones laborales podrían darle algún que otro consejo sobre cómo dirigirse a sus empleados- pero lo que personalmente denoto en ese audio es a un tipo aterrado con el oscuro panorama que vive el cine. Un hombre consciente de que es capaz de amasar miles de millones en la taquilla mundial, dar cientos de puestos de trabajo y mantener el negocio a flote, siempre que pueda hacer películas y estrenarlas en salas.

Escucho a un hombre convencido de que el futuro del cine tradicional está en sus manos.

Tom Cruise en el set de Mision Imposible 7 en Roma en noviembre de 2020 (Agencia: Abaca, Autor: IPA/ABACA, Copyright: GTRES)
Tom Cruise en el set de Mision Imposible 7 en Roma en noviembre de 2020 (Agencia: Abaca, Autor: IPA/ABACA, Copyright: GTRES)

No podemos saber a ciencia cierta qué se cuece en el set de la película, dado que después de filtrarse el audio cinco empleados habrían renunciado, según publica MovieWeb. Una fuente cercana a la producción habría detallado que “las cosas no se han calmado” y que “desde que se hizo público [el audio] ha habido más enfado y varios empleados renunciaron”. Añade que Tom está “molesto” porque siente que no lo toman en serio.

Si bien sugiero tomar con pinzas estas declaraciones, a la hora de comprender la rabieta debemos tener en cuenta que Tom Cruise lleva dos años cargando con el peso de Misión: Imposible 7 desde que se diera a conocer su desarrollo en enero de 2019. Y es que no solo se dedica a saltar por los aires, colgarse de aviones y correr mejor que nadie ante las cámaras. La verdad es que su implicación y ambición es descomunal. Es de los personajes más implicados de todo Hollywood, lo dicen los directores y coprotagonistas que han trabajado a su lado y que no hacen más que aplaudir su entrega absoluta, y lo decimos los periodistas de cine que hemos asistido a entrevistas y alfombras rojas suyas, en donde es el primero en llegar al evento y el último en irse (cosa que no hace casi ninguna estrella hollywoodense, a excepción de Samuel L. Jackson que siempre llega antes de hora). Dedica horas a firmar autógrafos y sacarse fotos, mientras se planta delante de cada medio siempre con una sonrisa. Tuve la suerte de charlar con él en varios estrenos y su entusiasmo es realmente contagioso:

Por eso no me sorprendió oír el audio filtrado por The Sun. Las formas no son excusables, los gritos y las malas palabras estaban de más, pero comprendo que Tom está al límite. Que se ha tomado su papel de héroe de cine de forma literal y que de él depende el futuro de la industria.

Y es que Misión: Imposible 7 está siendo una pesadilla de rodaje por culpa de la pandemia. Al ser una producción a gran escala, con escenarios internacionales y cientos de extras, ha terminado sufriendo retrasos y cancelaciones que llevaron a posponer y cambiar planes, añadiendo más responsabilidad y gastos inesperados que el propio Tom habría asumido. Por ejemplo, se rumorea que ha llegado a pagar más de 550,000 euros para alquilar dos viejos cruceros donde aislar al reparto y al equipo de la película durante el rodaje en Noruega, y así evitar más retrasos.

A la cancelación de las filmaciones previstas en Venecia y Roma, las pausas provocadas por la cuarentena inicial al inicio del estado de alarma y el rodaje pospuesto de febrero a septiembre, la producción tuvo que volver a echar el cierre durante una semana en octubre por 12 personas que dieron positivo de Covid-19. Y en todo este proceso, Tom ha estado al pie del cañón, cargando con el peso de la película, las escenas de riesgo (más arriesgadas que en otras entregas) y los problemas.

Si, los problemas también. Lo dice él mismo en su rabieta descontrolada. “¡Hablo por teléfono con todos los putos estudios cada noche, con compañías de seguros, con productores, y nos están mirando y nos utilizan para hacer sus películas. Estamos creando miles de empleos, hijos de puta! ¡No quiero volver a verlo! ¡Nunca!” grita a los empleados que incumplieron la distancia de seguridad.

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Las fotos filtradas del rodaje han mostrado a Tom siempre llevando mascarilla y fuentes cercanas a la producción han confirmado que el actor se ha tomado muy en serio las medidas para poder terminar la película, con reuniones y charlas constantes para asegurarse que todos estén cumpliendo su parte. Y claro, si tenemos en cuenta que Tom ya pasó por retrasos por culpa de la pandemia, que está cargando con la presión de las aseguradoras, inversionistas y estudios, y le sumamos su propia profesionalidad y autoexigencia, entonces la rabieta es más que comprensible. Sobre todo cuando hay miles de millones de dólares en juego en una industria que se tambalea y un solo positivo de Covid-19 puede mandar todo al garete de nuevo. Los empleados ya estaban advertidos de la necesidad de mantener los protocolos de seguridad, y que los dos empleados se dieran el lujo de no cumplir la normativa poniendo en riesgo todo el esfuerzo explica la frustración que se percibe en la voz de Tom Cruise.

En un momento de la regañina, Tom les dice que no quiere oír sus disculpas, dándoles una lección de la fortuna que tienen de tener trabajo en estos momentos.¡Decídselo a la gente que está perdiendo sus putas casas porque nuestra industria está cerrada! ¡Eso no va a llevar comida a su mesa o a pagar su universidad!”

“¡Con eso me voy a la cama cada noche! ¡El futuro de esta puta industria!” grita enfadado, demostrando que, en su mente, está cargando con el peso del futuro del cine. Que Tom Cruise está acudiendo al rescate, como sea. “¡No vamos a cancelar esta puta película!”, concluye.

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Con el streaming amenazando asentarse para siempre como medio predilecto entre espectadores, y con la exhibición tradicional tambaleándose como nunca mientras estudios como Warner Bros. y Disney apuestan por sus plataformas online, Tom ha tomado las riendas como salvador del cine. Y es que si alguien puede hacerlo, ese es él.

Tom Cruise ocupa un lugar extraño en la industria del cine. Es adorado por gran parte del público a raíz de sus películas, o es aborrecido por culpa de algunos momentos bizarros que dejó para la historia. Como su alegre enamoramiento saltando en el sofá de Oprah, su afiliación con la cienciología o sus críticas a los antidepresivos atacando a Brooke Shields y su depresión postparto, que catapultaron esta imagen de tipo raro. Pero más allá de polarizar al público con dos imágenes de sí mismo, hay quienes creemos que es la última estrella tradicional que queda en Hollywood. De esas que durante mucho tiempo hicieron latir el corazón del star system cinematográfico donde las propias estrellas eran el imán de la taquilla. No las películas ni sus historias, sino la estrella que la protagonizaba. Y él, solo por ser Tom, todavía atrae a las masas aunque sea con una saga que ya va por la séptima entrega.

Sus palabras demuestran que es consciente de ello, de su poder en la taquilla, de su lugar en la industria del cine y de que, si alguien tiene que hacer todo lo posible para llevar un blockbuster que abarrote de nuevo las salas, ese es él. Porque nadie parece estar haciendo lo mismo. Otros pesos pesados como Will Smith, Meryl Streep o Nicole Kidman están encontrando refugio en productos televisivos y el streaming, al igual que George Clooney que se dio el lujo de criticar el estreno de Tenet en plena pandemia mientras lleva su nueva película a Netflix, y Tom Hanks está convencido que la crisis de Covid-19 ha sentenciado un cambio que él ya veía venir en donde la exhibición cinematográfica dependerá más de los superhéroes mientras el streaming se afianza entre el público (vía Collider).

En este panorama, Tom ha tomado las riendas. Su misión imposible está clara: salvar el cine tradicional, sea como sea. Con mascarilla, distancia y rabieta si hace falta. Y yo, cinéfila tradicional empedernida, se lo agradezco.

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