Este es el motivo por el que han tardado tanto en cancelar los Juegos Olímpicos

Peatones con mascarillas paseando por Tokio delante del logo de los Juegos Olímpicos. Foto: Kazuhiro Nogi/AFP via Getty Images.

Lo habían pedido los comités olímpicos de varios países. Lo solicitaron deportistas destacados. Incluso dirigentes políticos se habían pronunciado en este sentido. Cada vez eran más las voces que reclamaban que, debido a la epidemia de coronavirus que está afectando al mundo entero, los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 que se deben disputar este verano (entre el 24 de julio y el 9 de agosto) se retrasasen. Incluso dentro del propio Comité Olímpico Internacional (COI) se daba por hecho que iba a ocurrir algo así, aunque de puertas para afuera el mensaje siempre era el contrario.

Sin embargo, los organizadores no se daban por aludidos e insistían en seguir adelante... hasta este martes cuando, tras una intervención del primer ministro japonés, Shinzo Abe, se dio a conocer que los JJ.OO. se celebrarán en el verano de 2021. Pero, ¿por qué tanta demora en la decisión?

La clave, según informa la BBC, era un asunto económico. Los Juegos Olímpicos no son solo un montón de competiciones polideportivas que coinciden en el tiempo y el espacio cada cuatro años. Es fácil comprobar que se han convertido en una cita global que atrae a millones de visitantes a la ciudad de destino, además de centenares de millones de espectadores en televisión... y, por tanto, una inversión multitudinaria de patrocinadores.

La magnitud del acontecimiento implica una maraña legal de contratos con los inversores, con incontables ramificaciones. Cancelar los juegos es, en la práctica, el incumplimiento de todos esos compromisos adquiridos. Por supuesto, eso no saldrá gratis: el coste, según el abogado especializado en deportes John Mehrzad, se disparará hasta los miles de millones de dólares.

¿Quién lo tendrá que pagar? Aquí estaba el foco del asunto. La responsabilidad sería de quien rompiera el contrato, es decir, quien dijera que los Juegos no se celebran en su fecha prevista. Que podía ser o bien el COI, titular de los derechos de los Juegos, o bien el propio Comité Organizador, entidad constituida al efecto para encargarse de las tareas logísticas y en el que, aunque hay representación del COI, el peso lo llevan el Comité Olímpico japonés y las autoridades locales.

Técnicamente, el COI tiene derecho unilateral a cancelar los Juegos “por motivos de seguridad”, pero los acuerdos no dicen nada sobre aplazamientos (lo máximo es la obligación que se le impone al Comité Organizador local de que se celebren en el año natural correspondiente). Esto, además, requeriría tener una buena excusa, como por ejemplo un comunicado de la Organización Mundial de la Salud que diga que los Juegos no se pueden celebrar en la fecha prevista. Semejante informe ni está ni se le espera a corto plazo, entre otras cosas porque el escenario en torno al coronavirus cambia casi a diario y no se puede predecir con certeza lo que va a pasar no ya en julio, sino siquiera dentro de unas semanas.

Los japoneses (los dirigentes implicados, no la opinión pública), por su parte, pretendían evitar mientras fuera posible que la celebración cambiase de fecha, debido a que han invertido muchísimo dinero (la BBC estima casi 12.000 millones de euros) difícil de recuperar. Es más: el retraso probablemente les obligue a gastar más todavía. Posiblemente harán falta nuevas infraestructuras hoteleras, ya que puede que las habitaciones que se pensaban utilizar no estén disponibles. La Villa Olímpica también será un problema, porque lo previsto era que, tras los Juegos, se utilizara como espacio residencial para propietarios privados. ¿Se romperán esos contratos, aumentando más aún el desembolso? ¿Se mantendrán los edificios hasta un año vacíos? ¿Se construirá una segunda Villa, con la que ya se verá qué hacer después? Son incógnitas que en Tokio habrían preferido no tener que afrontar.

Finalmente, parece que la razón se ha impuesto y ha sido la vía del acuerdo entre el COI y los organizadores japoneses la que ha permitido acordar la cancelación. El hecho de que países importantes en el movimiento olímpico como Canadá o Australia dijesen que no iban a acudir pudo, paradójicamente, facilitar las cosas de cara a las entidades aseguradoras y a las marcas comerciales que querrían su dinero de vuelta, ya que serviría para alegar que hay “causas de fuerza mayor” que desvirtúan la competición e impiden desarrollarla como estaba previsto. En cualquier caso, y aunque las cuestiones formales todavía no están resueltas, finalmente no habrá Juegos en 2020.

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