El mejor método para recalentar una pizza

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Una pizza recién hecha es deliciosa. Pocos asegurarían lo contrario, aunque hay (ojo al dato) quien prefiere la pizza fría, argumentando que los sabores se equilibran y potencian y que el umami del queso y la salsa de tomate se pueden apreciar más. En cualquier caso, recalentar una pizza es, sin duda, una de las disciplinas más complicadas: es cómo resucitar a un muerto con la esperanza de que regrese a ese estado en el que todo era delicioso: el queso fundido, la masa crujiente, los ingredientes en su punto... Nosotros hemos guardado algunos pedazos de pizza del día anterior y hemos probado distintos métodos de recalentamiento. Os decimos cuál ha funcionado mejor y cuál peor...

Calentarla en vaporera, va a ser que no... Foto: Javier Sánchez
Calentarla en vaporera, va a ser que no... Foto: Javier Sánchez

El peor método: calentarla en vaporera. Vale, queremos dejar claro que una de nuestras obsesiones principales pasa porque recalentar la pizza en su conjunto. Es decir, que no nos vale que la base esté caliente y la superficie fría. Por eso, pensamos que el vapor podría hacer milagros. Pusimos nuestro trozo de pizza encima de una superficie con agujeritos y agua bullendo debajo. El resultado fue un desastre: la masa se volvió blandurria, el queso no llegó a calentarse de nuevo y no se calentó lo suficiente. Fail total.

No a la pizza en tostadora. Foto: Javier Sánchez
No a la pizza en tostadora. Foto: Javier Sánchez

La tostadora: un plan regulinchi. En mi mente albergo vagos (vaguísimos) recuerdos de unas mini-pizzas que se vendían para calentar en tostadora. Por eso, me dio por pensar que quizá el método podía funcionar. Ojo, el resultado no estaba del todo mal, la corteza volvió a estar crujiente de nuevo y el calor se distribuyó de forma bastante homogénea. Eso sí, nada compensa los trocitos de jamón y de queso que acabaron en el fondo de la tostadora y que luego tocó limpiar. ¡Menudo desastre! De repente, recordé que aquellas minipizzas que se hacían en tostadora eran como una zapatilla y todo cobró sentido.

Pizza y microondas, una opción rápida pero no óptima. Foto: Javier Sánchez
Pizza y microondas, una opción rápida pero no óptima. Foto: Javier Sánchez

El microondas: oda a lo blandurrio. Desde luego, nadie puede negar que el microondas es la técnica más rápida. Hasta la pizza cuenta con su propio icono o función, que te asegura que en un minuto tu porción volverá por sus fueros. Eso sí, ya os decimos que el resultado no responde a las expectativas. La masa se vuelve fofa y el queso no llega a fundirse, con un resultado bastante reseco. Además, hay otro pequeño problema: dura caliente un suspiro.

Un vaso de agua en el microondas marca la diferencia. Foto: Javier Sánchez
Un vaso de agua en el microondas marca la diferencia. Foto: Javier Sánchez

El microondas con un vaso de agua: algo mejor, pero no mucho. Hay un truqui que muchos aseguran que hace maravillas por tu porción de pizza fría si tratas de calentarla en el microondas y es meterla junto a un vaso de agua en el microondas. Se supone que el agua y su humedad previenen que nuestro trozo de pizza se reseque demasiado pero el efecto no llega a ser perfecto: seguimos teniendo una porción blanda (demasiado blanda) y, sí, un poco menos seca, pero sin que el queso llegue a ser ni sombra de lo que fue.

Pizza en sartén, una base crujiente y nada más. Foto: Javier Sánchez
Pizza en sartén, una base crujiente y nada más. Foto: Javier Sánchez

En la sartén: la pizza bipolar. Ojo porque esta técnica es la que muchos expertos recomiendan. Calentar una sartén o plancha y poner encima nuestra pizza superviviente del día anterior. Sin aceite, obviamente. Es cierto que, con unos minutos a fuego fuerte, la base recupera prestancia (ojo, porque puede llegar a quemarse), pero el problema está en la superficie. Ni rastro de actividad calorífera en la superficie, que se queda en modo mazacote. Puedes intentar darle la vuelta para calentar la otra parte pero ya sabes lo que ocurrirá, ¿verdad? Que los ingredientes se adherirán a la sartén para desligarse por siempre de tu pizza, así que ni lo intentes.

Pizza sobre papel de aluminio: totalmente innecesario. Foto: Javier Sánchez
Pizza sobre papel de aluminio: totalmente innecesario. Foto: Javier Sánchez

En el horno con papel de aluminio: casi, casi. Sí, ya sabemos que, en los tiempos que corren, poner el horno para recalentar una pizza equivale, más o menos, a despilfarrar electricidad como si fueras Elon Musk, pero lo cierto es que, de todas las opciones probadas, es la que mejor funciona. Quizá la clave es aprovechar algún momento en el que el horno esté usándose para colar la porción y revivirla. Eso sí, no cometáis el error de colocarla sobre papel de aluminio ni de horno. Lo único que conseguiréis es que la base no se recaliente al mismo nivel que la superficie.

La pizza en el horno, la mejor opción. Foto: Javier Sánchez
La pizza en el horno, la mejor opción. Foto: Javier Sánchez

En el horno sobre la rejilla: la mejor opción. Sin duda, basta con precalentar el horno a 180 grados y meter la pizza unos 10 minutos. Podemos incluso venirnos arriba y usar un poco el grill. ¿Qué obtendremos? Una pizza caliente de nuevo y con un queso que bullirá casi, casi, como si se tratara de la primera vez. No debemos preocuparnos porque el queso se desparrame por el fondo del horno porque, sinceramente, eso no va a ocurrir (no hay tanta cantidad). Aunque, consejito, también podemos añadir un poco de queso rallado extra para ayudarle a la porción a volver a ser apetitosa. En este caso, acuérdate de poner algo de papel de aluminio en el fondo para recoger lo que se pueda caer. Vale, no es una pizza recién hecha pero es lo más parecido que hemos podido lograr... Tras varios intentos, ¡reto conseguido!

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