Todo es verdad... o no, cuando la investigación mediática es noticia

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Por Lucas Ferreira.- Al filo de la medianoche, con cincuenta minutos de retraso sobre la hora prevista como consecuencia de la prórroga futbolística, Todo es verdad focalizó una vez más (y por segunda semana consecutiva tras su estreno) toda su atención en la Operación Títere y en su figura central, José Luis Moreno. Con la premisa de contar con pruebas hasta ahora desconocidas y testimonios nunca antes conseguidos, Risto Mejide se propuso ejercer como el buscador de la verdad objetiva, aquella que está fundamentada y contrastada.

Para ello contó, entre otros, con los testimonios del propio Moreno, un confidente y el conseguidor del dinero que supuestamente el productor, presentador y ventrílocuo estafaba y blanqueaba, entre otras ilegalidades. Cuestiones aun por concretar ya que, por ahora, el caso está bajo secreto de sumario, lo que hace que mucha información se base en especulaciones y conjeturas y no en hechos probados por la investigación policial. Aún así, Todo es Verdad apostó por desarrollar una línea argumental que presentó como una combinación de reportaje de investigación y análisis de la información obtenida. ¿Pero cuán objetivo fue? ¿O fue más allá y entró en el terreno de las hipótesis que prejuzgan en la línea mediática?

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Como previo hay que señalar el efectismo de la realización de Todo es Verdad, análogo al de la mayoría de los programas de hoy en día. Grafismos impactantes, músicas de ritmo vibrante, miradas a cámara con frases rotundas y silencios espesos, y una escaleta de contenidos en el que las distintas piezas son intercaladas en una progresión de cápsula introductoria, presentación, recuerdo de asuntos colaterales, exposición final, comentarios de los colaboradores en plató de lo visto y escuchado con un filtro con aires de síntesis final que hace parecer todo más trascendente todavía.

Con respecto a José Luis Moreno, el programa reprodujo una conversación telefónica grabada horas antes desarrollada en un clima de diálogo, interrogándole sobre las acusaciones conocidas mientras respetaba su presunción de inocencia, e interpretando de una manera correcta el estado emocional que transmitía el padre de series como Aquí no hay quien viva, La que se avecina o Escenas de matrimonio.

Resulta lógico de entender que no se pronunciara sobre su situación judicial -"Como te puedes imaginar, ante una cosa de este tipo y con el secreto de sumario no te puedo decir nada" sentenciaba-, pero que sí se defendiera diciendo no tener nada que ver con los otros acusados. "Estáis metiéndome en una situación que no es la mía por razones que desconozco. Es una causa y ya me defenderé y explicaré con documentos. Ya saldrá todo, pero desde la verdad, no desde el dimes y diretes" comentaba al respecto, mientras se comprometía a hablar de manera pública cuando todo esté aclarado. "En el momento que sepa dónde estoy y cómo estoy, pues no lo haré por teléfono, iré allí como he hecho siempre" pronosticaba.

Con esta aparente primicia (José Luis Moreno ya había hablado previamente con Sálvame) y la cuenta atrás de saber que le quedan ya menos de 24 horas para aportar tres millones de euros en metálico o en avales hipotecarios como fianza para eludir el ingreso en prisión, Todo es Verdad se lanzó a por la misión que transmite su nombre. Ahí es cuando el programa de Risto Mejide pasó de la contención y el suspense a la aceleración de la adrenalina, la nebulosa de lo incierto y el cruce de información, quizás aspirando a que de su unión resultaran deducciones esclarecedoras.

Una reportera intentó hablar con el notario acusado de haber colaborado con José Luis Moreno y después le siguió infructuosamente por las calles de Madrid. Otro tanto sucedió con uno de los dos sobrinos de José Luis Moreno implicados en la operación. Es decir, el programa que produce La fábrica de la tele para Cuatro estaba dispuesto a cuanto sea porque se conozca la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad de los hechos.

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¿Resultado infructuoso? No si se utiliza adecuadamente como que sirva para poner en valor el haber sido capaz de conseguir la participación activa, secreta y al margen del juzgado de quienes sí se manifestaron posteriormente, el confidente Stephan y Miguel (nombre falso), el considerado líder conceptual de la trama. ¿Hablaron ante la cámara como parte de su estrategia de defensa? ¿Contaron algo que ya le han transmitido al juez o este les volverá a interrogar por haber verbalizado detalles hasta ahora no incluidos en el secreto de sumario?

De alguna manera, ambos testimonios se complementaban. El de Miguel, etiquetado también como “el conseguidor”, confirmó algunos de los aspectos que se han ido sabiendo a lo largo de los últimos días, como los entre 6 y 7 millones de euros que los bancos les prestaron y que llegó un momento en que dio por hecho que no iban a ser capaces de devolverlo. Eludió cualquier relación con asuntos ilegales como el narcotráfico, confesó sentirse arrepentido y transmitió su propia opinión de con quien ya no trabaja. "Es una persona que está bastante sola porque es un señor muy suyo" dijo.

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Sobre esta base de inocencia y propósito de enmienda, las declaraciones del confidente resultaron mucho más escabrosas y acusatorias. Refutaba lo dicho por Miguel ("es quien tiene los contactos con prestamistas, bancos, notarios y abogados… El dinero procedía del narcotráfico, de estafas a bancos, de prestamistas…") y retrataba a José Luis Moreno de una manera totalmente distinta ("es un mafioso sinvergüenza, una persona a la que le da igual la gente y a la que solo le importa el dinero") y hasta advertía sobre él ("tiene material para chantajear a gente muy poderosa").

¿Aportó Todo es verdad algo novedoso a lo que ya sabemos de la Operación Títere? Realmente no. ¿Son fiables estas fuentes? Como espectadores, imposible saberlo. ¿Podrían empañar el proceso de investigación oficial? Podríamos opinar que es probable y en el afán por investigar e ir por delante de la noticia, Todo es verdad derive a la opinión pública en conclusiones especulativas.

Lo que sí consiguió es que le pusiéramos cara (aunque oscurecida) y voz (deformada) a algunos de sus personajes. El tiempo, y la justicia, sobre todo la justicia, nos dirá el papel que verdaderamente desempeñaron cada uno de ellos, qué relación tenían y hasta dónde llegó su supuesto quebranto de la ley. Por su parte, aunque se presente como investigador (los documentos que presentó en el inicio están al alcance de cualquiera que sepa cómo funciona un registro, un archivo o un buscador de jurisprudencia), Risto Mejide debió acabar la noche contento cuando supo que le habían seguido más de un millón de espectadores, un 10,6% de la audiencia.

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