Tips para sobrevivir con salud a la caída del termómetro

Mónica De Haro

Tras siete meses con temperaturas primaverales en prácticamente todas las provincias de España, llegó el frío y con él, peligros de patologías vinculadas a las bajas temperaturas. Las personas mayores son más vulnerables pero todos debemos tomar precauciones

Hay que tener en cuenta que varias capas de ropa fina protegen más del frío que una sola más gruesa ya que se forman cámaras de aire aislante entre ellas. (Foto: Getty)
Hay que tener en cuenta que varias capas de ropa fina protegen más del frío que una sola más gruesa ya que se forman cámaras de aire aislante entre ellas. (Foto: Getty)

Para cualquier persona, al llegar el invierno y sus bajas temperaturas, y muy particularmente en época de ola de frío o en el transcurso de climas de tormenta, la caída en los grados de temperatura ambiental supone un importante riesgo para la salud que se refleja en última instancia, más allá de la propia incomodidad del frío y del aumento en la aparición de catarros y gripes, en la posibilidad de sufrir hipotermia.

Este fenómeno se caracteriza por la caída, por exposición al frío, del calor corporal por debajo de los 35º Centígrados -considerando 36,5º como la temperatura corporal basal en condiciones de normalidad-, lo cual puede conducir a un estado de afección multisistémica donde diversas partes y órganos del cuerpo pueden dejar de funcionar, que a su vez deriva en un incremento de la mortalidad.

En general, el frío intenso agrava las enfermedades cardiovasculares y respiratorias, la sintomatología de las enfermedades reumáticas y favorece los resfriados, las infecciones bronquiales o la gripe. Según la Consejería de Sanidad, en Madrid, se produce un aumento de la mortalidad cuando la temperatura máxima no alcanza los seis grados centígrados. Esto significa que cuantos más días se registren temperaturas bajas, mayores serán los efectos nocivos para la salud.

No todas las personas mayores presentan los mismos factores de riesgo personales y ambientales, no en vano todos hemos comprobado cómo nuestros mayores reclaman mayor abrigo en situación de ligeros descensos de temperatura ambiente, descensos que sus familiares, más jóvenes, no detectamos como molestos o peligrosos.

Y es que, además de encontrarse fisiológicamente menos preparados para afrontar caídas en temperaturas; su cuerpo, envejecido y menos efectivo en cuestiones de regulación térmica, es especialmente sensible a la disminución de temperatura ambiental. Las múltiples patologías que nuestros mayores tienden a sufrir colaboran también en esta susceptibilidad a la hipotermia. Aquellas personas mayores que no disponen de una red de apoyo cercana, y que no reciben atención con la suficiente frecuencia y se encuentran más aislados, representan el grupo con mayor riesgo de sufrimiento por descenso de las temperaturas.

Ante las heladas previstas, es aconsejable limitar las salidas y desplazamientos y disponer en casa de comida suficiente y de las medicinas que necesiten mayores y enfermos para sus dolencias. (Foto: Getty)
Ante las heladas previstas, es aconsejable limitar las salidas y desplazamientos y disponer en casa de comida suficiente y de las medicinas que necesiten mayores y enfermos para sus dolencias. (Foto: Getty)

Más concretamente, los riesgos del frío se hacen más patentes en nuestros mayores debido a una combinación de factores tanto conductuales como fisiológicos:

  • A veces se observa la tendencia a que nuestros mayores, con fines de ahorro, caldeen su hogar a una menor intensidad de lo adecuado.

  • Si la persona mayor no toma la nutrición adecuada se incrementa el riesgo de vulnerabilidad al frío; igualmente, nuestros mayores tienden a beber menos de lo indicado y corren el riesgo de deshidratarse, incluso en invierno. Esta vulnerabilidad se incrementa también en el caso de patologías crónicas y de polimedicación.

  • Los mayores presentan mejor sensibilidad en la percepción del frío, lo que puede llevarles a no abrigarse de acuerdo al frío del momento, que junto con su peor capacidad de regulación y control de la temperatura corporal y su tendencia a permanecer inactivos, les hacen más proclives a estos problemas

No obstante, independientemente de nuestra edad todos debemos seguir una serie de recomendaciones y precauciones ante las bajas temperaturas.

Para tratar de evitar el frío -y sus efectos adversos para la salud- en el exterior de los edificios se recomienda:

  • Cuando las temperaturas son muy bajas, mejor no salir al exterior si no es imprescindible. Especialmente cuando hay hielo, hay que ser muy precavidos. Usar calzado antideslizante para evitar resbalar y caer, y meterse en casa cuando se empieza a tiritar son dos medidas que las personas deben tenerse en cuenta.

  • Usar prendas de abrigo resistentes al viento y a la humedad, y por debajo, varias capas de ropa no ceñidas al cuerpo. Cubrir la cabeza, cuello, pies y manos para evitar pérdidas de calor. En cualquier caso, nunca permanecer con la ropa húmeda ya que enfría el cuerpo rápidamente.

  • Mejor respirar por la nariz en lugar de hacerlo por la boca. ¿La razón? El aire se calienta al pasar por las fosas nasales y así disminuye el frío que llega a los pulmones.

  • Cuidado con los esfuerzos físicos cuando hace frío. Las bajas temperaturas generan una sobrecarga para el corazón. Por ello, en caso de tener que realizar un trabajo físico bajo el frío, debe hacerse procurando no agotarse, especialmente si se sufre hipertensión o alguna dolencia cardiorrespiratoria.

Un caldo de vegetales te ayudará a mantener la temperatura corporal adecuada al tiempo que te aporta la dosis de hidratación necesaria. (Foto: Getty)
Un caldo de vegetales te ayudará a mantener la temperatura corporal adecuada al tiempo que te aporta la dosis de hidratación necesaria. (Foto: Getty)

Modificar un poco nuestro dieta seleccionando aquellos alimentos que proporcionan calor a nuestro cuerpo es otra de las medidas que podemos tomar si el frío aumenta.

– Realizar comidas frecuentes y de pequeña cantidad, variadas y de alto poder energético, que aporten además calor ‘psicológico’.

Potenciar el uso de legumbres, pastas de sémola y frutos secos.

– No renunciar a una alimentación variada que incluya el resto de alimentos (verduras, fruta, carne, huevos, pescado, cereales, leche etc).

– Aumentar el consumo de líquidos (preferentemente agua) porque en épocas de frío, al igual que en las de calor, se produce una mayor pérdida de líquidos que debemos reponer.

– Tomar bebidas templadas de forma regular es reconfortante y nos mantiene la temperatura corporal.

– Antes de acostarse, preparar una taza de alguna bebida caliente (caldo, cacao, infusiones, leche).

El alcohol, en contra de lo que pueda parecer, produce vasodilatación (hace que el cuerpo pierda calor) por lo que debe evitarse cuando se está expuesto al frío.

– Tampoco las bebidas con cafeína facilitan el aporte de calor. Un uso inadecuado de ellas aumenta nuestro metabolismo produciendo justo el efecto contrario, la perdida rápida de temperatura.

Hacer un buen uso de la calefacción también es importante. No es recomendable subirla demasiado para no experimentar un cambio brusco de temperatura.

  • Intenta que haya un buen aislamiento térmico evitando las corrientes de aire y las pérdidas de calor.

  • Coloca burletes y juntas de goma en puertas y ventanas, tapa grietas existentes y si fuera necesario, usa plásticos para cubrir las ventanas.

  • Acuérdate de cerrar las habitaciones que no se utilicen, y trata de mantener la temperatura entorno a los 21- 22 grados. Temperaturas superiores, no nos aportan más beneficios y sí producen un derroche excesivo de energía.

  • Y si la calefacción no funciona o no es suficiente no habrá más remedio que abrigarse con todas las prendas que sean necesarias para mantener la temperatura corporal, que normalmente es de 36-37 grados.

  • En el caso de las estufas de leña y gas hay que extremar la precaución para evitar riesgos de incendios o de intoxicación por monóxido de carbono. Asegúrate de que funcionan bien antes de ponerlas en marcha y comprueba que las salidas de aire no están obstruidas.

  • En casos muy extremos de viviendas muy mal conservadas y húmedas también se recomienda llevar prendas de abrigo (ropa interior térmica, jerséis y calcetines de lana) al acostarse y usar bolsas de agua caliente o algún sistema similar para calentar las sábanas.

Además, es importante mantenerse activo y evitar estar sentado o quieto durante mucho tiempo. En cuando a la ropa, ¿sabías que ponerse varias capas de ropa fina protege más del frío que llevar una sola prensa más gruesa? Al superponer prendas se forman cámaras de aire aislante entre las capas. Así que ya sabes, no tengas miedo a parecer ‘Michelín’, el método cebolla funciona.

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