Los 5 tipos de autosabotaje que pueden arruinarnos la vida

El autosabotaje genera una espiral de autodestrucción de la que es difícil salir. [Foto:Getty]
El autosabotaje genera una espiral de autodestrucción de la que es difícil salir. [Foto:Getty]

Cuando crecemos descubrimos que no hay monstruos bajo la cama y que los fantasmas no existen. También descubrimos la inutilidad de luchar contra molinos de viento y, en un descomunal alarde de racionalidad, decidimos dedicar nuestros esfuerzos a acciones más provechosas y pragmáticas. Lo que no descubrimos – hasta que no es demasiado tarde – es que a veces los fantasmas y los enemigos no se encuentran fuera sino dentro, agazapados en nuestro inconsciente, desde donde mueven los hilos del autosabotaje.

Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, como el agua que erosiona las rocas, el autosabotaje puede crear una espiral de autodestrucción de la cual es cada vez más difícil salir. Detectarlo a tiempo nos ahorrará muchos dolores de cabeza.

¿Qué es exactamente el autosabotaje?

Tomar decisiones es complicado, por eso a veces preferimos autosabotearnos. [Foto:Getty]
Tomar decisiones es complicado, por eso a veces preferimos autosabotearnos. [Foto:Getty]

El autosabotaje son todos aquellos comportamientos que obstaculizan la consecución de nuestras metas, arruinan nuestros logros y merman nuestras potencialidades. Son acciones aparentemente ilógicas y carentes de sentido cuando se ven en perspectiva, que se vuelven en nuestra contra generando problemas y conflictos.

El autosabotaje es ese trocito de tarta que nos comemos de pie en la cocina – con la excusa de no tirarlo - cuando estamos a dieta. Es la serie que vemos repantigados en el sofá en vez de levantarnos para ir al gimnasio – olvidando que este es el décimo año consecutivo que nos hemos propuesto ponernos en forma. Es la pelea descomunal por el papel higiénico con nuestra pareja justo cuando estamos pensando en pasar al siguiente nivel e involucrarnos más en la relación. Es el tiempo que pasamos en las redes sociales cuando deberíamos centrarnos en un proyecto de trabajo importante que determinará nuestro ascenso. El autosabotaje es, en definitiva, todas las excusas que inventamos para quedarnos a buen reparo en nuestra zona de confort.

¿Cómo nos autosaboteamos sin darnos cuenta?

El autosabotaje puede adquirir un millón de formas. Un viaje al refrigerador. Una crítica ácida a nuestra pareja. Un imprevisto “impostergable”. En su momento, todos esos comportamientos nos parecen necesarios, ineludibles y hasta perfectamente lógicos, pero si los analizamos en perspectiva nos daremos cuenta de que en realidad eran excusas para esconder nuestra inseguridad, falta de confianza o el miedo a lo desconocido.

Inventamos formas de autosabotearnos a nuestra medida. [Foto:Getty]
Inventamos formas de autosabotearnos a nuestra medida. [Foto:Getty]

1. Postergar, postergar, postergar… Al infinito y más allá

La procrastinación es una de las formas más comunes de autosabotaje. No importa si aplazamos indefinidamente la toma de decisión o postergamos su puesta en práctica. El resultado es el mismo. Y para no sentirnos culpables ocupamos nuestra mente con otras decisiones, menos significativas, pero también más sencillas de tomar y con un menor coste emocional. Tenemos que decidir si la relación de pareja ha llegado a su fin, pero en su lugar nos centramos en elegir el color para pintar las paredes. Así nos autoengañamos: fingimos que estamos demasiado ocupados para ocuparnos de lo que realmente importa.

No nos percatamos de que “la procrastinación hace difíciles las cosas fáciles, y hace aún más difíciles las cosas difíciles”, según Mason Cooley. Caemos en sus garras porque no estamos seguros de cuál será el siguiente paso y nos atemoriza lo incierto. O simplemente porque no nos apetece afrontar la situación y, en vez de reconocerlo, preferimos ignorar el problema, que seguirá creciendo y multiplicándose.

2. Diálogo interior negativo y descalificador

El diálogo interior con tintes pesimistas y descalificadores es una de las estrategias de autosabotaje más dañinas en las que podemos incurrir. Es esa voz en nuestra cabeza que nos dice que no lo vamos a lograr, que no somos capaces o que no nos merecemos todo lo bueno que nos está ocurriendo.

Lo más peligroso de ese diálogo interior es que puede convertirse en nuestra realidad. Al igual que una mentira repetida mil veces puede convertirse en verdad, nuestro pensamiento termina moldeando nuestras decisiones, actitudes y comportamientos. Si estamos a las puertas de una gran oportunidad y pensamos que no somos capaces, esa oportunidad se desvanecerá. Los pensamientos negativos absorben toda nuestra atención obstaculizando cualquier intento positivo de hacer algo más beneficioso. Así se convierten en una profecía que se autocumple.

3. Generar pequeños conflictos para encubrir grandes problemas

En muchas ocasiones creamos conflictos - generalmente banales - para no atacar de frente el problema y solucionarlo. Esos conflictos son pequeñas gotas con las cuales vamos llenando el vaso, hasta que finalmente se desborda.

Cuando discutimos continuamente con nuestra pareja por motivos intrascendentes como dejar abierta la tapa del váter o a quién le toca tirar la basura, por ejemplo, debemos cerciorarnos de que no se trata de un autosabotaje cotidiano para no reconocer que existe un problema más complejo en la base que no queremos afrontar.

Los problemas cotidianos existen. No podemos negarlos. Pero cuando les conferimos más importancia de la que merecen pueden convertirse en una excusa para no abordar problemas más sustanciales, los cuales seguirán creciendo a la sombra de esos pequeños altercados.

4. La perfección... o nada

El perfeccionismo es la excusa ideal para no acabar ningún proyecto. Bajo el paraguas de la perfección nos quedamos atrapados en el callejón sin salida que hemos construido a nuestra medida; malgastando tiempo, energía y recursos sin conseguir avanzar porque nos dinamitamos a cada paso.

Lo más habitual es quedarnos atrapados en la fase de planificación, sopesando continuamente los pros y contras de cada decisión, por infinitesimal que sea, sin reconocer que lo que nos detiene es el miedo al fracaso. Ese nivel de autoexigencia desmesurado termina desgastándonos incluso antes de empezar. Solo sirve para subrayar nuestros fallos, despistes y defectos, alejándonos cada vez más de la supuesta perfección que pretendíamos alcanzas.

5. Buscar un problema para cada solución

No funcionará”, es el pensamiento por antonomasia de este tipo de sabotaje. Cada vez que encontramos una solución o una vía alternativa para el problema que nos preocupa, en nuestro interior se activa una especie de “censor”que busca mil y una razones para dinamitar las salidas que hemos hallado.

Es un pensamiento pesimista que se dedica a taponar cada posible vía de escape, generalmente debido al miedo a lo desconocido. Es la mano invisible que nos cierra cada puerta que pretendemos abrir en un vano intento por autoprotegernos. Pensar que somos “demasiado viejos” o “demasiado jóvenes”, que es “demasiado tarde” o “demasiado pronto”, suelen ser excusas que esconden el miedo al cambio.

Por último, no olvidemos que ser sinceros con nosotros mismos es la mejor manera de afrontar los problemas. Solo así podremos tomar decisiones conscientes que nos permitan tomar las riendas de nuestra vida. Desactivar las bombas que nosotros mismos hemos colocado para autosabotearnos puede convertirse en un enriquecedor viaje de empoderamiento y descubrimiento personal.

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