'Tiempo', la película que da miedo cuando entra en la conciencia

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El director de El sexto sentido ha vuelto a los cines con Tiempo, una película con una trama superficialmente bizarra que juega entre la ciencia ficción y el thriller psicológico sobre una isla donde el tiempo pasa tan rápido que media hora supone un año en la vida de quienes la visitan, envejeciéndolos sin remedio. La cinta ha dado la campanada en su primer fin de semana en salas españolas al liderar la taquilla con una recaudación de 1.064.000 euros, superando al mismísimo Dwayne Johnson y su blockbuster de aventuras, Jungle Cruise. Pero, como es su costumbre, ha dividido a la crítica y el público de nuevo entre los que disfrutamos con su apuesta y los que parecen aborrecerla.

He leído alguna que otra crítica y opiniones en Twitter que dicen que Tiempo no da miedo. Y es verdad, no da miedo cuando se ve con ojos superficiales, pero sí cuando permitimos que entre en la conciencia. Porque, en realidad, no estamos ante un thriller psicológico sin más, sino ante una película que esconde una bofetada de realidad sobre la vejez y el tesoro que habita en el paso del tiempo.

Imagen de Tiempo (© 2021 Universal Studios. All Rights Reserved.)
Imagen de Tiempo (© 2021 Universal Studios. All Rights Reserved.)

Viendo las reacciones variadas que está provocando la película, me reafirmo en mis sospechas que lo de M. Night Shyamalan se acerca a una especie de maldición extraña. Sus películas gustan a muchos cinéfilos y yo misma siempre tuve debilidad por sus historias -a excepción de Airbender: el último guerrero (2010) y After Eath (2013) que coincido que no hay por donde cogerlas- sin embargo, la opinión general, tanto de critica como de audiencia, suele dividirse muchísimo con su cine. Y es que este cineasta dejó una huella imborrable con El sexto sentido, creando su obra maestra definitiva al inicio de su carrera, autoimponiéndose un listón tan alto que difícilmente consiga superar algún día. Una película tan exitosa y bien aceptada hizo que las expectativas en torno a su cine siempre fueran injustamente altas y pasó más de una década -desde Señales en 2002- intentando complacer sin conseguirlo. Fue recién hace unos años que La visita (2015) y Múltiple (2016) nos hicieron pensar que podrían ser el inicio de una especie de tregua con los espectadores al ser tan bien recibidas en general, pero Tiempo parece haberle devuelto esa maldición que polariza tanto las opiniones cinéfilas.

No obstante, por mucho que Tiempo esté sumando fans y detractores a partes iguales (al menos así lo sentencian las opiniones en redes y puntajes en sitios especializados) hoy quiero apostar por el mensaje que alberga detrás de toda la parafernalia de thriller.

Un mensaje que merece la pena destacar y tener presente, en lo posible, cada día de nuestras vidas.

Tiempo nos transporta a una isla paradisíaca de la mano de una familia formada por unos padres divididos en un conflicto sin retorno y sus dos niños. Viajan allí de vacaciones y en su primera excursión llegan hasta una playa remota aparentemente ideal donde rápidamente comienzan a pasar cosas extrañas. Acompañados por otros huéspedes del hotel, lo que iba a ser un día perfecto de sol y mar se convierte en su peor pesadilla al descubrir que están atrapados en un lugar donde el tiempo pasa más rápido de lo que parece. Es decir, el día sigue teniendo las mismas horas pero el paso del tiempo afecta de otra manera a los seres vivientes: en ese lugar, media hora supone un año en nuestras vidas.

Tal y como muestra el tráiler, los niños se hacen adolescentes en poco tiempo, los adultos comienzan a mostrar arrugas, a sufrir dolencias relacionadas con la edad avanzada… están condenados a desaparecer en cuestión de horas o de tan solo un día si no encuentran una salida.

Personalmente disfruté mucho con los juegos de cámara de M. Night Shyamalan, desde planos violentos que hacen hincapié en la superficialidad del horror y la inmensidad sobrecogedora de la naturaleza, a secuencias en cámara lenta que apoyan el protagonismo que el tiempo tiene en esta historia. Aquí, Shyamalan no escatima en experimentar con su propio estilo, incluso haciendo homenajes a clásicos como Apocalypse Now. Y en mi opinión, guste o no, demuestra la valentía de un director que siempre ha hecho todo lo posible por mantenerse en su línea, que tras sacrificar su visión para jugar con las normas de Hollywood en otras ocasiones, y errar en el camino, ha vuelto a apostar por su manera de hacer películas aunque no guste a todo el mundo.

No obstante, creo que aquellos que vean Tiempo como un mero thriller de ciencia ficción con el giro sorpresa habitual de Shyamalan, podrían salir decepcionados del cine. Después de todo, es cierto, no genera los sustos típicos de este director, sino que pretende provocar momentos de tensión. Pero aquellos que quieran prestar atención a los detalles y el mensaje que nos transmite con su historia, podrán descubrir lo que esta película en realidad guarda debajo de su superficie.

Imagen de Tiempo (© 2021 Universal Studios. All Rights Reserved.)
Imagen de Tiempo (© 2021 Universal Studios. All Rights Reserved.)

A través de sus personajes, Tiempo nos pone de frente con los miedos más adultos, esos que muchas veces evadimos al subestimar tanto el paso del tiempo. A medida que sus protagonistas se enfrentan a la realidad que les acecha, sufriendo las consecuencias naturales del paso de tiempo de forma repentina, la película expone cómo solemos ver la vejez como un enemigo al que pasamos toda la vida haciendo de cuenta que no existe, que nunca llegará. En el caso de estos personajes no solo llega, sino que lo hace de repente, exponiendo esos temores que se viven al entrar en la edad adulta.

Tiempo nos enfrenta al temor universal de perder la juventud y la belleza, el miedo que podemos sentir todos sin importar nuestra profesión a ese momento en que nos empecemos a sentir incapaces en nuestra área. El miedo a perder la reputación conseguida tras años de duro trabajo y, sobre todo, el miedo a envejecer mentalmente con enfermedades irreversibles.

Pero entre todos estos miedos nace un mensaje especial, uno de esperanza vital que deberíamos tener siempre presente sin importar nuestra edad. Y es que el miedo principal que, en mi opinión, me transmite la película es aquel que reside en un día darnos cuenta que hemos perdido nuestro tiempo. Ya sea por culpa del stress, el trabajo o por quedarnos atrapados en la rutina, con rencor y sin poder pasar página en problemas personales, de pareja o familiares. Descubriendo un día, quizás tarde, que no queda tiempo para remediarlo.

Es probable que este mensaje no llegue al espectador más joven, ese que ve la vida como infinita e incapaz de terminarse nunca. Pero para quien tiene sus décadas vividas, Tiempo puede provocar una sacudida de realidad recordándonos que el tiempo pasa. Que mientras trabajamos a diario, cuidamos de la familia y vivimos nuestras rutinas, esos minutos no volverán. Y a mí, personalmente, me removió muchísimo. Me recordó la importancia de saborear los momentos, de vivir a pleno esos instantes junto a la pareja o la familia donde la complicidad hace presencia. En resumen, de construir más castillos de arena, recurriendo a esa metáfora que usa la película para retratar la importancia de tomarse una pausa y, simplemente, vivir el momento. Al final, a veces subestimamos mucho el gran tesoro que esconde el tiempo que, a fin de cuentas, pasa y no perdona. Y creo que después del año de encierro, cuarentenas y distanciamiento, este mensaje nos echa un cable a tierra justo a tiempo.

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