El error mecánico que hizo que 'Tiburón' siga siendo un clásico del suspense 45 años después

Valeria Martínez
·7 min de lectura

Vaya semana de aniversarios estamos teniendo los cinéfilos. Hace unos días, Gremlins 2 cumplía 30 años desde su estreno, y poco después celebrábamos los 60 años de un clásico del terror psicológico como Psicosis. Y ahora es el turno de recordar a la película que hizo que generaciones enteras tuvieran miedo de meterse en el mar: ¡Tiburón ya tiene 45 años!

¿Pero y si les dijera que “ese algo” que la convirtió en clásico y leyenda de la historia del cine ocurrió por pura casualidad?

(Universal)
(Universal)

Tiburón es una de las películas más influyentes de la historia del cine. De eso no hay dudas. Para empezar, Alien (1979) se vendió al estudio como “Tiburón en el espacio”, pasando por Mandíbulas (1999), Deep blue sea (1999), Infierno azul (2016) o Infierno bajo el agua (2019), entre tantas otras. Hasta el director del gran éxito de terror Un lugar tranquilo, John Krasinski, se inspiró en este clásico para crear el suspense visual de su película sin mostrar los monstruos en casi todo el metraje. Algo que resulta tan efectivo como evidente.

La película es recordada por muchos como el blockbuster veraniego por excelencia, ese que atrapa a las masas de todos los rincones cinematográficos -palomiteros y no palomiteros- y se infiltra en la memoria colectiva del mundo y nuestra propia cultura. Muy pocas han conseguido esa hazaña. La “jawsmania” provocó terror en todo el mundo, generando tanto pánico como obsesión por los escualos, y fue furor en la taquilla sumando más de $470/411€ millones (Box Office Mojo) y llevándose tres premios de la Academia. Los primeros que tocaba un jovencísimo Steven Spielberg. Fue la película que colocó al rey Midas en el mapa de Hollywood. La que hizo que se hiciera millonario. La que le abrió las puertas a la independencia absoluta en la industria del cine con tan solo 30 años.

La cinta, basada en la novela homónima de Peter Benchley publicada un año antes, se estrenó en Norte América un 20 de junio de 1975. Hace 45 años, coronándose como la más taquillera de la historia hasta que llegó Star Wars dos años más tarde. Sin embargo, crear dicho legado no fue fácil. La producción sufrió varios retrasos y estuvo a punto de ser cancelada por culpa del presupuesto que no hacía más que aumentar debido a las complicaciones técnicas de rodar en el mar. Según el productor Davis Brown, la película debía costar $4/3,5€ millones, pero terminó subiendo a $9/7,8€ millones. De los cuales, $3/2,6€ millones fueron para los efectos especiales por culpa de los problemas técnicos con los tiburones mecánicos. Un problema que sentenció su destino como clásico y pieza influyente de la historia del cine.

Cabe destacar -y muchos no saben este detalle- que los productores habían sugerido la locura de “entrenar” a un tiburón blanco para la película, dándose cuenta enseguida que era imposible (Edfilmfest). Y así crearon tres tiburones mecánicos que costaron $150.000/132.000€ cada uno (Gizmodo). En un principio la película no iba a ser la obra maestra del suspense que es hoy en día. Todo lo contrario. Fue por culpa del destino, o pura casualidad, que Steven Spielberg se convirtió en alumno aventajado de la escuela del suspense de Alfred Hitchcock coronándose como otro de los pioneros en esto de esconder la criatura en las sombras, sugiriendo para generar tensión.

Pero los tiburones, a los que llamaron Bruce en honor al abogado del director (Bruce Ramer), no funcionaban del todo bien en contacto con el agua. Más bien todo lo contrario. Habían sido diseñados por Joe Alves en 1973 y construidos por un equipo de 40 técnicos en Rolly Harper’s Motion Picture & Equipment Rental, cada uno cumplía una función diferente y requerían de 14 operarios para controlar sus movimientos. Uno era para colocarlo en el agua y al que le faltaba la barriga; otro para filmar desde el lado izquierdo, y el otro del derecho. Pero el mal tiempo, el agua salada entrando en las mangueras neumáticas, las fracturas en el material por culpa del agua, la corrosión y electrólisis… todo dio problemas. Ya desde la primera prueba en el mar, la espuma de neopreno "no absorbente" que formaba la piel de los tiburones absorbió el líquido, haciendo que los tiburones se inflamaran y, encima, el tiburón diseñado para colocar en el agua solía enredarse entre las algas marinas. Todas estas dificultades llevaron a extender las jornadas laborales a unas 12 horas, de las cuales solo lograban filmar unas 4.

Pero tras intentar encontrar solución, Spielberg decidió olvidar a Bruce y sugerir la presencia del tiburón utilizando el acechante (e inolvidable) tema compuesto por John Williams. Y así, tras un tremendo quebradero de cabeza, nació la magia de este clásico. Esa magia que hizo que sintiéramos un vacío en el estómago con solo oír la música, y que durante alguna etapa de nuestras vidas miráramos la orilla del mar con sospecha.

En general, el rodaje fue extenuante y muy complicado. Las condiciones climáticas y las dificultades de filmar en plena naturaleza con un mar imprevisible como protagonista provocaron muchos retrasos. El equipo y los actores sufrían mareos por estar tanto tiempo sobre el mar, el guionista Carl Gottlieb casi fue decapitado por las hélices de un barco y Richard Dreyfuss casi se queda atrapado en una jaula de acero (Time). Tiempo después, Spielberg aceptó que la culpa fue su afán de perfeccionismo y falta de experiencia. "Básicamente era ingenuo sobre el océano. Era bastante ingenuo sobre la madre naturaleza y esa arrogancia de cineasta que cree que puede conquistar los elementos fue una locura, pero era demasiado joven para saber que estaba siendo una locura cuando exigí que filmáramos la película en el océano Atlántico y no en un tanque del norte de Hollywood” (Aintitcool)

Pasó de ser una peli de terror japonés de una matiné de sábado a algo más del tipo Hitchcock, de menos-ves-más-tienes-un-thriller” admitió Spielberg en otra entrevista (Roanoke).

Sin embargo, todas estas dificultades perfeccionaron la película. Tuvieron más tiempo para mejorar el guion, el director hizo que los actores exageraran más sus interpretaciones para dar la sensación de enormidad del escualo e incluyeron el ataque real de un tiburón a una jaula que habían captado en el sur de Australia. Al contar con estas imágenes, Spielberg decidió que las utilizaría para mostrar la escena en que Hooper escapa de la jaula, cuando en realidad, el personaje moría en ella en el guion original. Esta secuencia salvó a Richard Dreyfuss de desaparecer de la historia. Y, al final, el estilo sugerente del suspense utilizado creó escuela para generaciones de cineastas venideras y provocó una histeria colectiva por los tiburones en todo el mundo. Habrá sido pura casualidad, pero tampoco podemos quitarle el crédito a Spielberg de encontrar la solución perfecta al problema en la maestría musical de John Williams.

Y una última anécdota, que 45 años de clásico la merecen: Spielberg no estuvo presente el día que rodaron la escena final cuando el tiburón explota por los aires, ya que estaba convencido que su equipo iba a arrojarlo al agua al terminar. Desde ese momento incorporó como tradición en su carrera el no estar presente cuando se filma la escena final de sus películas (Sharkisstillworking).

Y así, un error mecánico o la mano del destino quiso que Tiburón fuera el blockbuster veraniego definitivo. La influencia principal de otras películas del género y un clásico que, 45 años después, sigue siendo tan efectivo como el primer día.

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