Vuelve tras un cáncer de mama y se convierte en la máxima anotadora del equipo

Luis Tejo
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La jugadora de baloncesto Tiana Mangakahia controlando el balón durante un partido.
Tiana Mangakahia en un partido con su equipo antes de detectarse la enfermedad. Foto: Rich Barnes/Getty Images.

Tiana Mangakahia fue la mejor jugadora en el último partido de Syracuse Orange, el equipo de esta universidad neoyorquina que compite en la División I de la NCAA, disputado el pasado día 29. La base australiana de ascendencia maorí consiguió anotar 16 puntos, más que ninguna otra compañera, y sumó cuatro robos de balón, siete rebotes, tres asistencias y un tapón en los 37 minutos que permaneció en pista. Su intervención fue crucial para conseguir la victoria sobre Stony Brook Seawolves por 50-39.

Su rendimiento es especialmente destacable teniendo en cuenta que llevaba sin jugar un solo minuto desde hacía 615 días. Tiana, que hoy tiene 25 años, tuvo que dejar de competir poco antes de acabar la temporada 2018-19. En marzo de ese año se notó un bulto en el pecho izquierdo mientras se duchaba, pero no le dio mayor importancia porque en su familia no había antecedentes; pensó que era un simple quiste que desaparecería pronto. Sin embargo, no solo no se iba sino que seguía creciendo, así que poco después, en junio, consultó a los médicos y llegó el diagnóstico terrible: cáncer.

Concretamente, tenía un carcinoma invasivo ductal, el tipo más común de esta dolencia, calificado como de etapa 2 (cuando la lesión empieza a afectar a otros tejidos corporales distintos al de su lugar de origen) y grado 3 (existen tres grados en función de la rapidez con la que se extiende, siendo 3 el más rápido). Sus padres insistieron para que volviera a Australia, pero ella prefirió quedarse en Estados Unidos, porque llevaba ya cinco años en Siracusa y ya consideraba a esta ciudad su hogar. Además, su entrenador Quentin Hillsman contactó con el departamento de oncología del hospital St. Joseph’s, uno de los más prestigiosos de la zona.

Tuvo que someterse a una doble mastectomía (la extirpación de ambos pechos) y a varias sesiones de quimioterapia, y hacerlo con su familia lejos fue una experiencia durísima. Pero por suerte la intervención, en noviembre de 2019, salió bien y pocos días después pudo decir que ya no sufría cáncer.

La enfermedad había interrumpido una carrera muy prometedora en el baloncesto de élite. Las dos temporadas anteriores se había proclamado máxima anotadora de su equipo, con una media en la campaña 2018-19 de 16,9 puntos y 8,4 por partido, lo que le valió para entrar en el quinteto ideal del campeonato. También había llegado a convertirse en la jugadora que más rápidamente alcanzaba la marca de los 1.000 puntos en la historia del equipo universitario. El equipo nacional de Australia la había incluido en una preselección de cara a los Juegos Olímpicos.

“Me alegro mucho de que ella tenga la oportunidad de jugar otra vez. Mucha gente pierde su vida, pero ella ha conseguido volver y jugar con el equipo. Estoy muy orgulloso y agradecido”, declaró Hillsman. “He vuelto, pero todavía tengo mucho que trabajar. Tengo que acostumbrarme a mi cuerpo y a cómo ha cambiado. A ver cómo mi cuerpo me permite jugar”, añadió la propia Tiana, que pudo comenzar a entrenarse en febrero e incrementar progresivamente el ritmo desde entonces.

El tratamiento de quimioterapia le hizo perder su larguísima melena, y al principio se planteó salir a la calle usando pelucas. De hecho, según cuenta, su madre la llegó a acompañar a una tienda. Pero cuando se las estaba probando, tal como relató en SI, se sintió “como si fuera una persona diferente”. “¿Sabes qué? No tengo pelo. Estoy calva. Simplemente voy a tirar para adelante con esto”, dijo. En cuanto su salud se lo permitió acudió a la grada a ver los partidos de sus compañeras luciendo con orgullo su falta de cabello.

Durante todo este tiempo, además, ha tenido el apoyo incondicional de su equipo, que creó campañas de concienciación dando a conocer su caso y, en cuanto ha podido, la ha reintegrado en la plantilla. Tiana ha recibido una “extensión de elegibilidad”, porque el máximo legal de permanencia en las ligas universitarias es de cuatro años pero ella lo supera debido a estas circunstancias extraordinarias; aspira ahora a seguir progresando y acabar cumpliendo su sueño de llegar a la WNBA, el equivalente femenino a la NBA. Por ahora va por buen camino para recuperar su máximo nivel y que alguna franquicia potente se fije en ella en el draft de la próxima temporada.

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