El thriller español que ha hecho que me sienta como una mala persona

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Por Alberto Cano.- No se puede negar que el thriller es uno de los géneros que mejor se nos dan en España. Directores como Rodrigo Sorogoyen, Enrique Urbizu, Rodrigo Cortés, Alberto Rodríguez o Daniel Monzón, entre muchos otros, lo han sabido demostrar con cintas intensas y escalofriantes que siempre acababan por colarse entre las mejores producciones nacionales del año y arrasar en premios. No resulta por tanto extraño que este 2021 el cineasta Manuel Martín Cuenca, reconocido por películas como Caníbal o El autor, haya vuelto a hacer sobresalir al género con una película tan potente, tensa y atmosférica como La hija.

Javier Gutiérrez en La hija (cortesía de Caramel Films)
Javier Gutiérrez en La hija (cortesía de Caramel Films)

Se trata de un thriller protagonizado por Javier Gutiérrez, Patricia López Arnaiz y la debutante Irene Virgüez que se adentra en la cuestión de los vientres de alquiler de una forma dura y visceral. Su propuesta nos presenta a un matrimonio que no puede tener hijos y llega a un acuerdo con una joven adolescente embarazada para que les de su bebé a cambio de dinero, pero la situación se irá de las manos para acabar presentando la historia como el horror que se esconde tras las prácticas de la gestación subrogada. Aunque más que el mensaje, lo realmente impactante es la manera en la que consigue transmitirlo.

Y es que a lo largo de todo su metraje, La hija se las ingenia para construir su tensión y atmósfera en base a hacer sentir al espectador como una persona terrible, a poner en duda su moral y su forma de pensar ante este dilema para luego golpearle con un tramo final demoledor con el que es difícil no sentirse impasible. Y he de reconocer que salí del cine sintiéndome realmente mal y dando muchas vueltas a todo lo que acababa de ver.

La hija consigue este efecto en base a presentarte la situación con total normalidad. El ver a un matrimonio muy afectado por no poder tener hijos y a una adolescente recluida en un centro para personas infractoras tratando de buscar una salida a su vida, te hace pensar que el trato entre ambas partes va a ser bueno para la pareja, la chica y el bebé. Al fin y al cabo, la familia tendría a su ansiado hijo, la joven podrá disponer de recursos para escapar de su difícil situación y el bebé evitaría así acabar en manos de los servicios sociales. Y la película se empeña en que comiences viéndolo de esta manera.

Patricia López Arnaiz en La hija (cortesía de Caramel Films)
Patricia López Arnaiz en La hija (cortesía de Caramel Films)

Pero hablamos de una práctica controvertida e ilegal en España, y poco a poco comienzas a ver que lo que la pareja está llevando a cabo es un secuestro de una persona a la que no le ha quedado más remedio que aceptar la situación por la circunstancia tan compleja que atraviesa. Pero la cinta, a través de un guion muy milimetrado y mordaz, continúa reincidiendo en que trates de verlo como si fuera algo normal bajo el prisma de los personajes de Javier Gutiérrez y Patricia López Arnaiz. Como consecuencia, no paras de debatir contigo mismo acerca de lo correcto o incorrecto que es el acto que están llevando a cabo, poniéndote en todo momento contra los límites de tu moral.

Llegado el tramo final, donde la situación estalla y se convierte en un escenario visceral y violento que no deja duda del horror que hay detrás, es imposible no sentirse como una persona terrible por haberte parado a valorar en algún momento que pudiera haber algo positivo en las acciones de la pareja protagonista. O al menos esa fue la impresión que me dejó a mí. Eso sí, la película se las ingenia para tratar a sus personajes con frialdad y evitar que muestres empatía con ellos, consiguiendo que únicamente te centres en el debate moral del argumento sin que llegues a conectar con los que realmente son unos secuestradores. Mención especial en este detalle al inmenso trabajo que Javier Gutiérrez y Patricia López Arnaiz realizan con la construcción de sus personajes, ofreciendo una interpretación intensa e incisiva que realmente pone los pelos de punta.

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Ante las cuestiones morales que se pueden debatir sobre la gestación subrogada, no puedo más que admirar la capacidad de La hija de volver a ponernos frente a este dilema y, en mi caso, dejarme aún más claro lo terrorífico que puede llegar a ser el tema de los vientres de alquiler bajo el prisma que propone la trama.

Precisamente, tuve un déjà vu a las primeras veces que debatí conmigo mismo sobre el asunto en cuestión, cuando me planteaba que podía ser una práctica beneficiosa para todas las partes implicadas para al final percatarme de que no hacía más que tratar al ser humano como maquinaria y mercancía, de deshumanizar a mujeres que se ven obligadas de recurrir a ella por estar pasando por situaciones complejas. Precisamente lo que hacen los personajes de Gutiérrez y López Arnáiz con el de la joven protagonista de La hija. Y la forma en la que aquí se plasma en pantalla es realmente sobresaliente. Y aparte, la película cuenta con un trabajo atmosférico increíble, jugando a la perfección con los elementos del thriller y los escenarios para acabar construyendo otro de los mejores y más intensos títulos españoles del año.

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