Tres años de ‘Thor: Ragnarok’, la película con la que Marvel se volvió loca

Pedro J. García
·11 min de lectura

A pesar de tener su propia franquicia de películas y ser uno de los personajes más importantes y poderosos de los cómics, Thor nunca fue uno de los superhéroes más populares del Universo Cinematográfico Marvel. Pero esto cambió en 2017 con el estreno de Thor: Ragnarok, la tercera entrega en la saga dedicada al Dios del Trueno que reinventaba por completo al personaje en un estallido de color, humor marciano y odisea intergaláctica.

Con Taika Waititi en la silla del director y Chris Hemsworth dejando volar su vis cómica, Thor: Ragnarok le dio un nuevo comienzo al personaje, conquistando la taquilla, convirtiéndolo en uno de los héroes favoritos de Internet y reavivando el interés por sus hazañas después de dos películas que habían dejado al público más bien indiferente. Hoy, cuando se cumplen tres años después de su triunfal estreno, celebramos la película con la que Marvel se volvió loca y le salió bien. Una apuesta por la excentricidad y la comedia de autor que, a pesar de dividir a los fans de Marvel, resultó ser ganadora y extrajo vida de un personaje que creíamos agotado.

'Thor: Ragnarok' (Marvel/Disney)
'Thor: Ragnarok' (Marvel/Disney)

Corría el año 2011. El éxito de taquilla de Iron Man y su secuela habían puesto los primeros cimientos del Universo Marvel, que se dirigía hacia el primero de sus grandes crossovers, Los Vengadores. Pero antes, el estudio debía presentar de forma oficial a los miembros del equipo que acompañarían a Tony Stark en la primera misión conjunta de los Héroes Más Poderosos de la Tierra.

Bajo el mando de Kevin Feige y con una visión de futuro envidiada (y posteriormente imitada por las demás compañías de Hollywood) Marvel estrenaba Thor y Capitán América: El primer Vengador en el mismo año, como antesala del gran evento que sería Los Vengadores, de Joss Whedon. Para dirigir la primera película sobre el Dios del Trueno, el estudio contrató a Kenneth Branagh, quien aportó su sabiduría y experiencia shakespeariana a la historia de los hijos de Odín, Thor y Loki.

Protagonizada por un -por aquel entonces- desconocido Chris Hemsworth, Thor cumplió su cometido presentando al personaje antes de Los Vengadores e introduciendo a uno de los villanos más icónicos de la saga, Loki (Tom Hiddleston). Su paso por los cines se saldó con una taquilla global de €385 millones ($449 millones, BoxOfficeMojo), cifra nada desdeñable que sin embargo se quedaría en nada comparada con lo que vendría después.

El éxito de Thor garantizó una segunda entrega después del inmenso éxito en taquilla de Los Vengadores, en la que sería la Fase 2. Branagh cedió las riendas de la franquicia a Alan Taylor, que por aquel entonces triunfaba como director de Juego de Tronos y más adelante se la pegaría con Terminator: Génesis. Thor: El mundo oscuro llegaba a las salas en 2013, emparedada entre la tercera Iron Man y la segunda Capitán América. La apuesta de Joss Whedon por potenciar el humor en Los Vengadores había hecho que Marvel aumentara las dosis de comedia en sus siguientes proyectos, pero aun así, el de Thor seguía siendo el rincón más serio y solemne del Universo Marvel.

La naturaleza serial e interconectada de las películas de Marvel hizo que todas sus entregas se convirtieran en éxitos de audiencia, aumentando sus recaudaciones exponencialmente a lo largo de los años. Sin embargo, la popularidad de Thor no era la de Iron Man o Steve Rogers. Thor y en especial Thor: El mundo oscuro quedaban como meros trámites para un público que sabía que tenía que verlas porque tocaba y creía necesario hacerlo antes de que llegase el “siguiente capítulo”. Nadie duda del gran acierto de casting que fue Hemsworth, como tampoco el de Natalie Portman como Jane Foster o el aporte tan bienvenido y crucial que fue el Loki de Tom Hiddleston (villano adorado que pronto tendrá su propia serie en Disney+). Pero más allá de esto, las películas en sí no dejaron apenas huella en el público.

El los rankings que tanto las páginas especializadas como los fans suelen publicar, Thor: El mundo oscuro siempre suele aparecer en los puestos más bajos. En su caso, la taquilla no era un reflejo de su aceptación entre el público, y Marvel sabía que tenía que hacer algo para evitar la indiferencia y el hastío con la tercera película en solitario de Thor. Tras consolidar su imperio en una segunda fase triunfal y demostrar con Guardianes de la Galaxia que el riesgo da resultados, el estudio se adentró en su Fase 3 con otra mentalidad, buscando sorprender y aproximándose a sus héroes desde otros enfoques.

Así es como Kevin Feige confiaba la tercera entrega de Thor a un director atípico, Taika Waititi, actor y cineasta neozelandés desconocido por el gran público que se estaba labrando un buen nombre en círculos indies y festivaleros con películas como Lo que hacemos en las sombras o Hunt for the Wilderpeople. En sus manos, Thor y Asgard recibieron un completo lavado de cara. Mejor dicho, una auténtica ducha de color y psicodelia que reinventaría totalmente al Dios del Trueno desde un enfoque mucho más cómico y excéntrico en Thor: Ragnarok.

Si bien las dos películas anteriores tenían bastantes dosis de humor, el tono de Thor: Ragnarok rompía con la seriedad y la oscuridad del universo mitológico que rodeaba personaje, presentando a un Thor mucho más divertido y desenfadado en un envoltorio saturado de luz, música electrónica y color que bebía mucho de los 80 y mostraba orgulloso su espíritu Arcade. El resultado fue uno de los trabajos de Marvel más atractivos en el apartado visual y sonoro, lleno de planos eléctricos y bullente creatividad.

Marvel sometió al musculoso superhéroe a un atrevido cambio radical, cortándole su distintiva melena rubia y dando un vehículo a Chris Hemsworth para explotar su vis cómica y autoparódica como había hecho en el reboot de Cazafantasmas, solo que encontrando mejores resultados comerciales. Con Ragnarok, Marvel seguía explorando los confines más alocados de su cosmos después del sorprendente éxito de Guardianes de la Galaxia, y aunque muchos fans no comulgaron con esta reinvención guasona de un personaje tan distinguido y majestuoso como Thor, la película fue un éxito incontestable.

Con un impresionante 93% de críticas positivas en RottenTomatoes, Thor: Ragnarok es una de las películas de Marvel mejor valoradas por la crítica. Y también una de las más queridas por el público. Si sus dos predecesoras habían caído en el olvido salvo por Loki, Ragnarok conseguiría algo que no todas las películas de Marvel lograban, quedarse en la memoria del espectador y extender su vida más allá de las salas de cine, como una de las favoritas de Internet.

La elección de un tono más cómico y estrambótico para un arco narrativo tan importante como Ragnarok no fue bien recibida por los fans más tradicionales de Marvel, que acusaban a Marvel y Waititi de sacrilegio. Sin embargo, la reinvención hipercómica de Thor sí casaba con la audiencia general, que respondía convirtiéndola en la más taquillera de su saga con €730 millones ($853 millones, BoxOfficeMojo), casi el doble de lo que recaudó la primera película. Esto no hacía sino confirmar que Marvel podía hacer lo que quisiera con sus propiedades y seguiría contando con la fidelidad de su público.

Pero Thor: Ragnarok no se beneficiaba solo de este nuevo Thor, sino también de la presencia del gigante esmeralda de Marvel, Hulk, en una aparición más que estelar que aprovechaba al máximo la química entre Chris Hemsworth y Mark Ruffalo y nos dejaba un épico enfrentamiento de gladiadiores. Así como el regreso de Loki como compañero de aventuras (muy a su pesar) de su hermano, la acertada incorporación de Tessa Thompson como una Valkiria alcohólica, Jeff Goldblum haciendo las delicias de sus fans interpretándose a sí mismo como el Gran Maestro y la espectacular aparición de Cate Blanchett como la glamurosa y temible villana Hela. El cuarteto de antihéroes hizo la competencia a Los Vengadores y Los Guardianes creando su propio supergrupo “de broma”, Los Revengers, con lo que Waititi dejaba claras sus intenciones de hacer una película que parodiase Marvel sin salirse demasiado de su fórmula establecida.

'Thor: Ragnarok' (Marvel/Disney)
'Thor: Ragnarok' (Marvel/Disney)

Antes de Thor: Ragnarok, Hemsworth se estaba planeando colgar el martillo y jubilar al personaje una vez completada la tercera Fase de Marvel con el gran evento de Vengadores: Infinity War y Vengadores: Endgame. Sin embargo, como él mismo ha reconocido en varias ocasiones, la película de Taika Waititi le devolvió la ilusión por el personaje y las ganas de seguir interpretándolo en el futuro, por lo que decidió renovar su contrato con el estudio y firmar para una cuarta parte.

Thor: Love and Thunder, que es el llamativo título oficial de la cuarta aventura del héroe de Asgard, contará de nuevo con Waititi a la dirección y Tessa Thompson como Valkiria, además del regreso de Natalie Portman, que accedió a volver con la condición de que su personaje adquiriera mayor poder. Algo que Marvel cumplió, convirtiendo a Jane Foster en la nueva portadora del Mjölnir.

Con la producción desarrollándose en Australia y Portman inmersa en sus entrenamientos, Thor: Love and Thunder va viento en popa y el público está muy expectante por volver a ver a los personajes. El pasado verano, Waititi describía la secuela a BBC como “una locura”, adelantando que iría un paso más allá en este sentido con respecto a Ragnarok. Además, añadía que la película será muy romántica, un género que el director tenía muchas ganas de abordar de forma distinta.

Desde el estreno de Thor: Ragnarok, el caché de Waititi ha subido como la espuma y actualmente es uno de los directores más ocupados y solicitados de Hollywood. Con la película de Marvel demostró su capacidad para amoldarse al rígido funcionamiento de los grandes estudios y dirigir superproducciones que sigan las normas y a la vez las rompan con su excéntrica personalidad y su reconocible sentido del humor. Tres años después de su triunfal salto a Marvel, Waititi ha ganado el Oscar a Mejor Guion Original por su aclamada sátira anti-nazi Jojo Rabbit, ha producido una (genial) serie basada en Lo que hacemos en las sombras, ha participado como actor y director en The Mandalorian y su agenda está llena de proyectos: la comedia deportiva Next Goal Wins con Michael Fassbender, la adaptación televisiva de Los héroes del tiempo, la serie de piratas Our Flag Means Death y lo más importante, una nueva película de Star Wars que él mismo se encargará de dirigir y con la que consolida su buena relación con Disney.

El efecto de Thor: Ragnarok creó una onda expansiva para todos los involucrados en la película. Waititi se cotizó al alza como creador, Hemsworth vio cómo su personaje adquiría nueva vida y un auténtico chute de popularidad fuera de la sombra de Los Vengadores, Hiddleston volvió a conquistar como Loki de camino a su serie de Disney+, y la carismática Tessa Thompson se alzaba como una de las superheroínas favoritas de Marvel, allanando además el camino hacia una Fase 4 más diversa en cuanto a representación. Recordemos que, aunque la película no lo confirme abiertamente (ya que eliminaron la escena que lo hacía), Valkiria es el primer personaje LGBTQ+ del MCU. De hecho, Thor: Ragnarok es especialmente querida por el público queer, e incluso fue nombrada “la película más gay de Marvel” por la web Vulture en un artículo del que se hizo eco todo Internet.

Chris Hemsworth en 'Thor: Ragnarok' (Marvel/Disney)
Chris Hemsworth en 'Thor: Ragnarok' (Marvel/Disney)

Y es que si Ragnarok fue un éxito de taquilla, donde caló más fue en la red. La película generó memes que se siguen usando a diario y las redes sociales la consolidaron como uno de los títulos más memorables del catálogo de Marvel -mientras otras caen en el olvido después de verse. Es decir, los fans hicieron que Thor: Ragnarok ingresara en el Olimpo virtual del culto, donde la película, sus personajes y sus actores siguen recibiendo mucho amor, pese a que, como decía al principio, también continúa dividiendo fuertemente y demostrando que no es para todos. A pesar de su popularidad, también son muchos sus detractores, entre otras razones porque no están de acuerdo con el enfoque cómico de Waititi o porque no conectan con el Thor más payaso y consideran la película un mal chiste.

En cualquier caso, no se puede negar que Thor: Ragnarok insufló nueva vida a un personaje y extendió la vida de una franquicia que, con solo dos películas, ya daba síntomas de estancamiento y no generaba el mismo interés que otros superhéroes de Marvel. Con una carrera en la que le está costando encontrar el éxito de taquilla fuera de Marvel, Hemsworth encontró la motivación perfecta para seguir interpretando al personaje en la próxima Fase del MCU, para la que se abre una galaxia entera de posibilidades.

Después de Thor: Ragnarok, Marvel parece dispuesta a arriesgar más y salirse de su mentalidad formulaica. Tras el acontecimiento monumental que fue Vengadores: Endgame, la Fase 4 se plantea más galáctica, experimental e impredecible con cosas como Eternals, Shang Chi, la secuela terrorífica de Doctor Strange o las series de Disney+. Y no cabe duda de que Ragnarok jugó un papel clave en esta transición. Muchos acusan a Marvel de ir siempre sobre seguro, de no atreverse a salirse de lo establecido, pero con ella demostraron que también hay espacio para probar cosas distintas, para improvisar y volverse un poco locos. Espero que Thor: Love and Thunder continúe esta tendencia y vuelva a dinamitar el Universo Marvel en un arcoíris de extravagancia y diversión.

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