Thomasin McKenzie: de Netflix a robarle el protagonismo a Anya Taylor Joy en su camino a la cima

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Que Anya Taylor-Joy es enigmáticamente cautivante no cabe ninguna duda. Su mirada felina, la elegancia de sus expresiones y su talento forman una combinación que tiene al público y todo Hollywood rendido a sus pies. Sin embargo, lo que consigue otra actriz más joven que ella y con menos experiencia en su nueva película es para aplaudir y quedarse con la boca abierta.

Porque Thomasin McKenzie logra algo inesperado: no dejar que la grandiosidad cinematográfica de Anya le haga sombra en Última noche en el Soho. Incluso cuando Anya está en la película desplegando todas las armas que la hacen irresistible.

Anya Taylor-Joy como Sandie en Última noche en el Soho (Parisa Taghizadeh / © 2021 Focus Features, LLC); Thomasin McKenzie como Ellie (Parisa Taghizadeh / Focus Features; © 2021 FOCUS FEATURES LLC. ALL RIGHTS RESERVED)
Anya Taylor-Joy como Sandie en Última noche en el Soho (Parisa Taghizadeh / © 2021 Focus Features, LLC); Thomasin McKenzie como Ellie (Parisa Taghizadeh / Focus Features; © 2021 FOCUS FEATURES LLC. ALL RIGHTS RESERVED)

Después de encandilar a los usuarios de Netflix y a la temporada de premios con Gambito de Dama, la estrella de moda regresa a la gran pantalla con un thriller psicológico donde, en realidad, ella no es la gran protagonista. Última noche en el Soho centra su historia en la figura de Eloise (Thomasin McKenzie), una estudiante de moda, apasionada por la era de los 60s, que se lanza al desafío de abandonar la seguridad de su pueblo inglés para cumplir su sueño de estudiar en el centro de Londres. Pero Eloise es una chica cómodamente solitaria, que vive feliz entre su música pensamientos y poderes sensoriales (como ver a su madre muerta acompañándola), que no logra adaptarse a la competencia femenina en la universidad y decide alquilar una habitación en la casa de una anciana. Allí puede ser ella misma, sin miradas ajenas juzgándola ni críticas o momentos incómodos.

Sin embargo, en la primera noche tiene un sueño que la transporta a los años 60 y al mismo centro de Londres en el barrio de Soho, viéndose a ella misma en la piel de una mujer bellísima, segura de sí misma y seductora. Se llama Sandie y es interpretada por Anya Taylor-Joy. Los sueños continúan cada noche ampliando la historia de Sandie, haciendo que la música, la libertad y el autoestima que representa inspire a Eloise en sus creaciones de moda. Pero lo que comienza como un idilio nocturno con sus sueños pronto se convierte en una especie de pesadilla obsesiva al descubrir que los lugares que sueña cada noche existen a su alrededor en Soho. Que algo de estos sueños es real.

De esta manera, Ultima noche en el Soho pone en bandeja a Anya-Taylor Joy un personaje con todas las características para que despliegue sus mejores armas cinematográficas. Es decir, el director Edgar Wright (Baby Driver, Scott Pilgrim contra el mundo) le hace entrega de un papel donde puede jugar con sus miradas seductoras, con la elegancia de sus movimientos, donde puede cantar y enamorarnos en el camino, bañándola de primeros planos que la convierten en el centro de toda nuestra atención. Y aun así Thomasin McKenzie no permite que en ningún momento Anya y su encanto le tomen la delantera.

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Reconozco que me acerqué a la proyección de Última noche en el Soho esperando salir encandilada de nuevo con el despliegue de elegancia de Anya y dando por hecho que la película afianzaría aún más la anyamanía disparada por Gambito de Dama. Y es que si bien el tráiler daba a entender que la historia giraba en torno al personaje de Thomasin, estaba segura que por mucho que la joven actriz me hubiera encantado en sus trabajos anteriores con su ternura (Jojo Rabbit, Tiempo, The King) no iba a poder con el torbellino visual que representa Anya ante las cámaras. Me equivocaba. Muchísimo.

Thomasin McKenzie como Eloise y Anya Taylor-Joy como Sandie en Última noche en el Soho de Edgar Wright (Credit: Courtesy of Focus Features / ©2021 Focus Features, LLC)
Thomasin McKenzie como Eloise y Anya Taylor-Joy como Sandie en Última noche en el Soho de Edgar Wright (Credit: Courtesy of Focus Features / ©2021 Focus Features, LLC)

Con apenas 21 años y una corta filmografía, Thomasin consigue darle a su personaje el peso suficiente para mantener su posición protagonista. Ella también es seductoramente irresistible pero sin necesidad de tanta parafernalia, dotando a su personaje de una naturalidad exquisita, sin maquillaje ni vestuario que impacten o planos que la conviertan en objeto de seducción. Hace que la inocencia que transmite al observar embelesada a Anya en sus sueños, al ocupar su lugar en la pista de baile o siguiéndola como una sombra cada noche mientras duerme, brille por sí sola incluso cuando Taylor Joy está a su lado desplegando todo su arsenal de elegancia y talento. Aun en esos momentos Thomasin, en pijama y sin maquillaje, logra nuestra atención absoluta.

Y para tratarse de una actriz que acaba de empezar a hacer sus pinitos en Hollywood, estamos hablando de un logro inesperado que sirve de lanzadera definitiva para sentenciar que Thomasin va camino a coronarse como la nueva obsesión de la industria.

Thomasin McKenzie como Eloise y Anya Taylor-Joy como Sandie en Última noche en el Soho de Edgar Wright (Credit: Courtesy of Focus Features / ©2021 Focus Features, LLC)
Thomasin McKenzie como Eloise y Anya Taylor-Joy como Sandie en Última noche en el Soho de Edgar Wright (Credit: Courtesy of Focus Features / ©2021 Focus Features, LLC)

Nacida en Nueva Zelanda, Thomasin McKenzie ha comenzado a colarse en nuestra memoria cinéfila recientemente. En 2019 dejó huella como la tierna judía refugiada en casa de un niño fanático de Hitler en la inolvidable Jojo Rabbit, con una dulzura que comandó todas sus secuencias. Al mismo tiempo aterrizaba en Netflix con un papel pequeñísimo y casi sin diálogo al interpretar a la esposa de Timothée Chalamet en The King. Incluso en aquella película donde tuvo pocas secuencias las cámaras lograban captar esa misma inocencia, en parte porque su voz se timbre infantil apoya esa imagen.

En 2020 la vimos en Chicas perdidas, el true crime dramatizado de Netflix y este mismo año deja latente su posición como chica de moda al aterrizar en la cartelera como la adolescente azotada por el paso de los minutos en Tiempo de M. Night Shyamalan -transmitiendo inocencia y pánico al mismo tiempo-, ahora con Última noche en el Soho y acompañando a Benedict Cumberbatch en la alabada por la crítica El poder del perro de Jane Campion. Las dos últimas llegan a los cines de España el 19 de noviembre, aunque la segunda lo hace de forma limitada mientras su lanzamiento global será en Netflix el 1 de diciembre.

Thomasin McKenzie y Alex Wolff en Tiempo de M Night Shyamalan (Foto: Universal Pictures)
Thomasin McKenzie y Alex Wolff en Tiempo de M Night Shyamalan (Foto: Universal Pictures)

Última noche en el Soho es una película que peca de ambiciosa, haciendo que sus flaquezas sean más evidentes de lo que debería. La película es un deleite sensorial a través de un homenaje colorido a la era de los 60s, con una banda sonora cautivadora, un Londres tóxicamente irresistible y una estética cuidada al milímetro. Sin embargo, tanta perfección visual deja en evidencia los agujeros en la historia, tanto en los sustos como en los pobres efectos especiales y la carencia de efectismo en su intento de jugar al thriller. No obstante, Thomasin McKenzie y Anya Taylor-Joy son imanes suficientes para conseguir que salgamos del cine con la sensación de que Última noche en el Soho, al final y por los pelos, sale airosa.

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