Cómo 'The Wire' cambió la televisión

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Photo credit: HBO
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HBO iba a cancelar ‘The Wire’ tras la tercera temporada. La muerte de uno de los personajes más importantes parecía un punto satisfactorio y parcialmente conclusivo para una serie que no tenía buena audiencia ni había sido nominada a un solo premio Emmy. La decisión estaba básicamente tomada, pero el presidente de la cadena Chris Albrecht cometió un error: se reunió con David Simon. Cuando el creador de la serie salió del despacho, Albrecht había accedido a renovarla por dos temporadas más. “Entró con la visión de mirar al declive de la ciudad estadounidense. Básicamente propuso las temporadas cuatro y cinco”, recuerda el ejecutivo en el libro ‘Tinderbox’ de James Andrew Miller. “Le dije que podía quedarme tranquilo si me dejaba abordar la educación y los medios de comunicación. Sería una reflexión completa sobre por qué no podemos solucionar nuestros problemas. Se lo pedí por favor”, cuenta Simon.

Cuando el guionista empezó a trabajar con ellos, HBO ya era la cadena que estaba revolucionando la ficción televisiva. Habían estrenado series como ‘Oz’, ‘Curb Your Enthusiasm’, ’Los Soprano’ y ‘Sexo en Nueva York’. Simon adaptó con ellos su libro ‘The Corner’ en una miniserie poco antes de que se estrenara ‘A dos metros bajo tierra’. La cadena no dejaba de acertar siguiendo una única máxima: no hacer nada que las televisiones generalistas estuvieran haciendo.

Por eso no les entusiasmaba demasiado la idea de hacer una serie policiaca. “Había un montón de series de ese tipo emitiéndose. No es que el mundo necesitara otra más”, cuenta Albrecht. “Pero David era tan apasionado, y tenía las credenciales. Así que pensamos: ‘Vale, probemos’”. Simon les dijo que ‘The Wire’ era la oportunidad para competir con las demás cadenas en su terreno, haciendo lo mismo que ellos pero mejor y más atrevido.

"Que le jodan al espectador medio"

Incluso dos décadas después, ver el primer episodio de ‘The Wire’ es una experiencia única. Simon te introduce en el mundo real de Baltimore, una ciudad con zonas enteras reinadas por capos de la droga en la que las fuerzas del orden están sobrepasadas por la carga de trabajo o desencantadas porque se sienten inútiles (si no las dos cosas a la vez). “No puedes llamar a esto una guerra”, dice uno de los personajes. “Porque las guerras tienen fin”. Se presentan una veintena de personajes que hablan como las personas reales, es decir, sin explicarle nada al espectador. Se suceden los tecnicismos legales, se comentan de pasada procesos policiales ya empezados y se insulta a personajes que no están en la escena. Uno entra en ‘The Wire’ a ciegas y nadie le lleva de la mano. Puede resultar frustrante hasta para el espectador más atento y paciente.

Uno de los pilares de la serie es su realismo, una ventaja que David Simon traía de casa. Cualquier otro guionista habría necesitado mucho tiempo de documentación, pero él ya había hecho ese trabajo en sus 13 años como periodista en el Baltimore Sun, cubriendo las secciones de crímenes y drogas. A su lado tenía ayudándole a escribir el guion a Ed Burns, un policía que había trabajado en ese tipo de casos durante 20 años. Si ‘The Wire’ parece a veces un documental es porque su ficción está construida a partir de las verdades que Simon y Burns conocían como las palmas de sus manos. (Juntos habían escrito también ‘The Corner’, y Burns volvería a trabajar en las series de Simon ‘Generation Kill’, ‘La conjura contra América’ y ‘La ciudad es nuestra’, actualmente en emisión en HBO Max.)

Photo credit: HBO
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“Que le jodan al espectador medio”. La frase más famosa de David Simon, que dijo en un programa cultural de BBC2 en 2008, resuena a lo largo de todo ‘The Wire’, pero quizá especialmente en una de sus escenas más memorables y divertidas: la escena de los infinitos “fuck”. En ella los detectives McNulty (Dominic West) y Bunk (Wendell Pierce) investigan la escena de un crimen y con cada nuevo descubrimiento sueltan un “joder”. No dicen nada más. “Ese fue el punto de inflexión para mí”, admite Pierce. “Entonces supe que David quería hacer algo único y especial. Es una de las mejores escenas de mi carrera”. El espectador medio tiene que estar muy atento para entender lo que ocurre: McNulty y Bunk repasan una escena en la que otro detective ha cometido muchos errores y van desentrañando paso a paso pistas como un cristal roto o la hendidura de un balazo. Finalmente encuentran el cartucho de la bala en el jardín exterior y entienden qué ha ocurrido. “Fuck”.

David Simon, el humanista

"En esa escena vamos a ver lo buenos que sois como policías”, les dijo Simon a los dos actores. “Con toda vuestra disfunción, con todo lo que bebéis y cómo usáis a las mujeres y vuestra ineptitud en la vida. Vamos a hacer todo eso y solo podéis decir ‘joder’”. Y ahí está la razón por la que tantos espectadores se han podido enganchar a ‘The Wire’ a lo largo de los años a pesar de sus supuestos hermetismo e impenetrabilidad: la complejidad y hondura de sus personajes.

“David Simon es un gran humanista”, resume West. “Ama a la gente. Ama a los policías y a las fuerzas del orden. Pasó tanto tiempo como periodista, conociendo, hablando y observando a los policías. Tiene un gran entusiasmo por los buenos policías, algo muy necesario en este momento. Es un hombre que tiene entusiasmo por todo el mundo, los gángsters, los abogados, por todo el mundo. Le fascina la humanidad”. Quizá por eso ‘The Wire’ está llena de personajes, mejor dicho, personas, tridimensionales, con sus claroscuros, a las que no se juzga ni se condena. Tampoco se mira con condescendencia a las clases bajas, esas que no se suelen ver representadas con dignidad y fidelidad en la televisión. “Muchas de las personas que he conocido como periodista eran pobres e ineducadas. Pero nunca he puesto en duda su humanidad y su valor”, decía Simon en una entrevista en 2002. “Ese es un punto inherente en ‘The Wire’”.

En el universo de Simon los polis y los cacos no son simplemente buenos y malos: todos ellos son individuos atrapados por sus circunstancias. Atrapados en un sentido kafkiano, pues la mirada de ‘The Wire’ a las instituciones y la burocracia estadounidense recuerda a las historias del novelista checo. A su vez, tiene el compromiso social de Dickens y el existencialismo y humanismo de Dostoyevski. Más que una serie, se ha descrito como una novela visual por su ambición narrativa, su ritmo pausado y la grandeza de sus numerosos personajes.

Enseñó a toda una generación las posibilidades de la ficción televisiva

A través de sus 60 episodios la serie hizo una radiografía de Estados Unidos que exponía sus problemas con el narcotráfico, la corrupción política y policial, la muerte de la clase media, el fallido sistema educativo público y la futilidad de los medios de comunicación. “En la segunda temporada queríamos hablar de la muerte de la clase trabajadora”, dice Simon. “Queríamos hablar de la muerte del trabajo en sí mismo. ¿Así que, ¿cómo conviertes un material de base que es básicamente el ensayo de William Julius Wilson en Harvard y lo conviertes en una historia? No hay historia. Es crítica sociopolítica”.

Photo credit: D.R.
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‘The Wire’ enseñó a toda una generación de guionistas y espectadores lo que se puede hacer en un medio audiovisual. Puede que nadie la viera en su momento, pero los thrillers policiacos no han vuelto a ser lo mismo después de ella: ahora todos aspiran a ser tan complejos y detallistas. “A David le solía importar incluso el título de un libro en la estantería de un personaje, qué libros había, qué leía esa persona”, asegura Nina Noble, productora en todas las series de Simon y una de las fuerzas motoras de ‘The Wire’ junto al novelista George Pelecanos. “Incluso si la cámara nunca lo ve. Puedo decirte que miembros del equipo han ido a trabajar en otros sitios y al volver me han dicho: ‘Es terrible. No les importa. He pasado todo este tiempo documentándome para poner libros en la estantería y les da igual’”.

También se adelantó a su tiempo en cuestiones de integración y representación. Nadie se puso una medalla porque una de sus protagonistas, la agente de narcóticos Kima Greggs, fuera una mujer negra lesbiana. También ocurría detrás de las cámaras. “Siempre fue una prioridad para nosotros tener un equipo diverso, en términos de raza, género, clase y procedencia, porque tener una variedad de perspectivas siempre hace que una serie sea mejor”, explica Noble. “Y aunque ahora se considera una iniciativa por la diversidad, para nosotros era simplemente una forma de hacer televisión de calidad”. Solían contratar a personas recién graduadas de la escuela de cine de Nueva York, a menudo ignorando las recomendaciones de la cadena que solían estar llenas de directores hombres y blancos.

Había otra razón no menos importante para confiar en directores sin experiencia: el dinero. ’The Wire’ era una serie relativamente barata que tomaba ese tipo de decisiones estratégicas, como tener un reparto sin grandes nombres. Idris Elba no era la estrella internacional que es ahora cuando interpretó a Stringer Bell. Michael B. Jordan solo era un niño escuchimizado que hacía de un joven camello en las calles de Baltimore. “Nuestras localizaciones eran las más baratas”, recuerda Noble. “Creo que una de las razones por las que ‘The Wire’ siguió en cadena tanto tiempo, aunque nunca fue un éxito durante su emisión, es que nos aseguramos de que siempre nos ajustábamos al presupuesto acordado de HBO, o gastábamos menos”.

Finalmente HBO produciría cinco temporadas completas, a pesar de que ‘The Wire’ tuvo siempre audiencias ínfimas y solo fue nominada a un premio Emmy por el guion de su último episodio. Ahora que se cumplen 20 años de la emisión de su primer episodio, el 2 de junio de 2002, recordar la historia de ‘The Wire’ es explicar cómo el talento y la vehemencia de su creador, un periodista sin mucha experiencia en la televisión, hicieron posible que la serie existiera y después sobreviviera a los malos datos de audiencia y una sensación de irrelevancia. “No había una sola razón por la que ‘The Wire’ debiera seguir en el aire”, afirma Mike Lombardo, antiguo presidente de programación de la cadena. “Cinco años después, todos los guionistas con los que hablaba decían: ‘Mi serie favorita es ‘The Wire’’, y me daban ganas de contestarles: ‘¿Dónde coño estabas cuando se emitía?’”.

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