'The Eternal Daughter': un cuento gótico con Tilda Swinton y sombras de 'El resplandor'

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'The Eternal Daughter': un genial cuento góticoThe Eternal Daughter

Joanna Hogg apuesta en 'The Eternal Daughter' por un relato de tintes góticos donde los recuerdos acechan cual fantasmas y los mayores misterios son los más mundanos. El nuevo trabajo de la directora británica tras el díptico 'The Souvenir' juega con las claves del cine de terror más atmosférico para explorar un drama familiar entre una madre y una hija, ambas interpretadas por Tilda Swinton, y que se ha visto por primera vez en España dentro de la Sección Oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

Las primeras imágenes de la película bien podrían ser el inicio de un relato de terror de época: es de noche, el viento azota las ramas de los árboles y la niebla cubre el camino por donde un vehículo lleva a las protagonistas, que pasarán unos días en una mansión centenaria aislada del mundo. Ahora bien, dicho vehículo no es un carruaje de caballos, sino un taxi moderno, y las viajeras no visten vestidos con corsé ni escriben cartas con pluma, sino que llevan zapatillas y envían mensajes con sus smartphones. Estos detalles se antojan anacrónicos cuando aparecen inmersos en una ambientación más propia de un relato de Edgar Allan Poe, con la textura de las imágenes emulando a los clásicos y las formas de las protagonistas rozando la galantería decimonónica (aunque eso puede achacarse, simplemente, a la pertenencia a las élites aristocráticas tanto de Swinton como de Hogg), pero este afán de confundir al espectador y subvertir sus expectativas será una constante durante toda la historia.

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The Eternal Daughter

Así, madre e hija llegan a un hotel cargado de recuerdos. El lugar solía ser una mansión privada en la que la madre pasó parte de su vida, y donde la hija espera activar los engranajes de su memoria para conocer más sobre el pasado de su madre. No es solamente una cuestión de amor maternal: en realidad, espera que esos recuerdos le sirvan como material para su próxima película como cineasta, una intención oculta por la que se siente culpable. A lo largo de varios días, ambas compartirán habitación y conversaciones sinceras y reveladoras, en las que descubren que los tiempos felices también esconden sombras. Quizás no conocemos a nuestras madres tanto como pensábamos. Ahí reside una de las claves de la película: las madres son al mismo tiempo las personas que más reconocemos y las que más misterios guardan, al mismo tiempo un libro abierto y un enigma indescifrable. Como reconoce la protagonista, le resulta intolerable reconocer que su madre ha sufrido, que ha llorado, que ha sido infeliz. Que es una persona más allá de su rol de madre y que, como toda persona, algún día deberá decir adiós.

En gran medida, 'The Eternal Daughter' trata sobre lo duro que es ver envejecer a nuestras madres y abandonar, así, nuestra rol de hijas. Tiene sentido que la película juegue con la idea de una cineasta intentando capturar el pasado de su madre, como si así pudiese detener el tiempo y esculpirla para la inmortalidad. Es también el deseo de la propia Joanna Hogg, que se inspiró para escribir el guion en la relación con su madre, quien, de hecho, murió durante la posproducción del filme. El cine convierte la vida en algo inmortal, y por eso acaba siendo irremediablemente un medio habitado por fantasmas.

Junto al relato gótico, 'The Eternal Daughter' maneja otros referentes. Lo primero que se viene a la cabeza en las primeras escenas es 'El resplandor': el hotel aislado y prácticamente desierto en su interior, los sonidos extraños y las alucinaciones en los pasillos cubiertos con moquetas, una creadora intentando escribir mientras la atormentan los secretos que esconde el lugar, la promesa de lo sobrenatural... Por otro lado, la historia también tiene mucho de hitchcockiana. No pasa desapercibida esa luz verde intensa que ilumina algunos rincones del hotel por las noches y que conecta con la inusual historia de fantasmas que es también 'Vértigo (De entre los muertos)', con la que comparte, además, su gusto por las dualidades y el juego de espejos.

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The Eternal Daughter

En ese sentido, el hecho de que Tilda Swinton interprete los dos roles es algo más que un capricho. Los roles entre madre e hija se han intercambiado, la responsabilidad de los cuidados se ha invertido y el rol maternal se adopta ahora por una hija sin hijos. Que los dos personajes estén interpretados por la misma actriz también nos deja una verdad insoslayable: cuanto más nos hacemos mayores, más nos damos cuenta de lo mucho que nos parecemos a nuestros padres, y no solo físicamente. A medida que avanzamos en la película, nos damos cuenta de que quizás las memorias que se están despertando en esta estancia en la campiña galesa no son las de la madre, sino las de la hija, que busca desesperadamente la manera de aceptar el paso del tiempo.

Aun así, no tiene sentido buscar certezas donde solo hay ambigüedades cuando se revela el "giro" final de la historia: 'The Eternal Daughter' tiene más de retrato poético que de historia en busca de una conclusión. Así es la memoria: un conjunto de imágenes que quedan grabadas a fuego cuando los detalles ya hace tiempo que se han olvidado.