'The Dancer' subraya la esencia de lo que debería ser TVE

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Tras diez semanas de competición en Televisión Española (TVE), la primera edición The Dancer ha coronado a Macarena Ramírez (del equipo de Lola Índigo) como ganadora. La artista andaluza se ha proclamado vencedora con un 45% de los votos, erigiéndose como la mejor bailarina de nuestro país y ganando los 25.000 euros de premio de este concurso que produce Fremantle.

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Dejando a un lado que el flamenco ha sido el género triunfador de esta primera temporada, lo que a mí verdaderamente me ha llamado la atención es la reivindicativa actuación de los tres capitanes de este talent show que ha funcionado como un altavoz con respecto a cuestiones sociales. Y es que si bien este programa no ha cosechado la mejor cuota de pantalla, considero que tal vez no ha sido un bombazo de audiencias simplemente porque los espectadores no se han dado la oportunidad de ver este título. Por eso quiero hacer este alegato a favor de The Dancer ya que subraya la esencia de lo que debería ofrecer la cadena pública a partir de ahora.

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Hace un mes me sumé al fervor popular tras ver de nuevo a Rafa Méndez en la pequeña pantalla, preguntándome además qué había sido de Sergio Alcover y Marbelys Zamora (los icónicos profesores de Fama, ¡a bailar!). Desde que se estrenó The Dancer el pasado 5 de abril he seguido muy de cerca este programa por el simple hecho de que ha supuesto un soplo de aire fresco en TVE. El entretenimiento en la cadena pública atraviesa sus horas más bajas tras marcar el pasado mes de mayo su segundo mínimo histórico consecutivo, con formatos de éxito como MasterChef haciendo aguas y series de calidad como Estoy vivo hundiéndose en el prime time (recientemente Cuéntame cómo pasó también ha despedido por la puerta de atrás su vigésima primera temporada).

Y si bien se avecina una escabechina en la cadena pública, con cambios introducidos por el nuevo presidente de RTVE José Manuel Pérez Tornero, creo que el formato de baile es el que verdaderamente ha subrayado la esencia de lo que debería ser La 1.

A pesar de que The Dancer no ha conseguido un gran respaldo del público, sopeso que su escueta cuota de pantalla cada gala ha respondido más bien a la feroz competencia. Sin ir más lejos, la entrega final ha firmado un 8.7% de share, eclipsada por Supervivientes: Conexión Honduras en Telecinco, que ha marcado un 20.3%, y la serie turca Mujer en Antena 3 que ha anotado un 16.8%. No obstante, este talent show de baile marca el rumbo de la programación modélica que todos esperamos de la cadena pública.

Desde su desembarco en la pequeña pantalla, The Dancer no solo ha confirmado a Lola Índigo como mina televisiva y ha dado visibilidad a los bailarines de nuestro país, además, ha transmitido un conjunto de valores y mensajes que, personalmente, son los que me gustaría seguir viendo en TVE. En la última entrega emitida Macarena Ramírez, la apuesta flamenca de la concursante de Operación Triunfo 2017, ha conseguido el título de mejor bailarina aunque si hay algo que ha resultado verdaderamente significativo de la gala final es la actuación de los tres capitanes luchando por la reactivación del sector cultural.

Rafa Méndez ha creado una coreografía para apoyar al sector cultural en un contexto muy oportuno puesto que el ocio en general y los espectáculos en particular atraviesan un momento muy complicado debido a la pandemia del coronavirus. Tanto el bailarín canario como Lola Índigo y Miguel Ángel Muñoz, además de los finalistas del programa (todos vestidos de negro), han recogido la queja en pleno prime time con un número caracterizado por la fuerza, la rabia y, por supuesto, la reivindicación. Y es que si algo nos han transmitido es que, pase lo que pase, no van a dejar de bailar nunca.

La actuación en cuestión ha sido muy aplaudida en redes sociales lo que me lleva a confirmar que aunque The Dancer no haya liderado la programación sí que es un programa que convence a cualquiera que le dedique su atención. En este sentido, este formato ha resultado muy necesario en la cadena pública y no solo porque se ha dado visibilidad al mundo de la danza en televisión (contando con bailarines de todas las edades y todo tipo de estilos), también por los mensajes lanzados en las diferentes galas para luchar contra la transfobia y el machismo en el baile. A este respecto, todavía me acuerdo del alegato feminista de Lola Índigo para apoyar a una exbailarina del mítico Grand Prix que no trabaja por su edad.

En la gran final el motivo de The Dancer se ha sentido especialmente claro: los capitanes y finalistas han defendido que la cultura es segura, apoyando la reactivación del sector. Sin duda, el broche de oro a un programa que no solo ha destacado por el talento de los concursantes, la química entre los capitanes y el buen hacer de sus presentadores Ion Aramendi y Sandra Cervera.

En definitiva, The Dancer ha resultado una ventana abierta al mundo de la danza, reflejando valores como la disciplina y el esfuerzo, pero también coronándose como una apuesta cuyos mensajes rezuman verdad. Y es que la audiencia no ha terminado acompañado del todo al talent show, pero yo me quedo con que al menos ha generado conversación en redes sociales y que, por tanto, TVE debería seguir en esta línea de apostar por formatos que eleven la calidad de su oferta.

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Imagen: ©RTVE

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