'The Crown': qué es real y qué no en la cuarta temporada

Por Mireia Mullor
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Photo credit: Getty Images
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From Esquire

  • The Crown ha vuelto con una cuarta temporada, donde calculamos que hay un 90% de hechos reales. Y un 10% de mentirijillas piadosas y licencias creativas.

Sacad brillo a las coronas, que los royals han vuelto a Netflix. Y vienen fuertecitos de dramas amorosos, conflictos familiares y, sobre todo, hechos históricos. The Crown ya ha estrenado su cuarta temporada, y la historia del Reino Unido cada vez se va acercando más a nuestro presente. Igual le acaba pasando como Cuéntame cómo pasó y nos alcanza, y acaban adivinando el futuro en su octava temporada: el príncipe Guillermo intentando convencer a su anciano padre de que ya es tarde para heredar el trono y Meghan Markle publicando un bestseller sobre los trapos sucios del Palacio de Buckingham. Pero todo eso son solo ensoñaciones. De lo que venimos a hablar es de la Historia, así en mayúsculas, que aparece representada en esta nueva tanda de episodios de la serie.

Desde los conflictos armados con Irlanda del Norte y las Islas Malvinas hasta los escándalos mediáticos que rodearon a las dos figuras más importantes de esta cuarta temporada, la recién estrenada princesa Diana de Gales y la primera ministra del país Margaret Thatcher, The Crown nos lleva en una montaña rusa en la que se combina el estudio concienzudo de personajes con la crónica histórica más rigurosa. Bueno, rigurosa es, pero eso no quiere decir que todo lo que nos cuente sea verdad.

Repasamos qué es real y qué no en la nueva temporada de la serie de Netflix. Y, cuidado, que vienen unos cuantos (muchos) spoilers históricos.

Photo credit: Getty Images
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La guerra con el IRA

Con ella empieza la temporada. Vemos imágenes de archivo del gran conflicto (y eso que tuvo muchos) al que se enfrentó el gobierno del Reino Unido y, de paso, la corona: la violencia del movimiento independentista de Irlanda del Norte, especialmente con los atentados perpetrados por el IRA. Obviamente, esto es completamente cierto. Tanto como el hecho de que los muertos de un lado parecían importar más que los del bando contrario, también que The Crown no estaba tan interesada en contarnos cómo fue la represión policial (especialmente en un día traumático, y que se menciona, como el Bloody Sunday de 1972) como en utilizar el conflicto como un telón de fondo para los tejemanejes de la familia real. Bueno, son los protagonistas, quién les puede culpar.

Photo credit: Des Willie / Netflix
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El primer encuentro de Carlos y Diana

Una jovencísima Diana, de apenas 16 años, aparece vestida para actuar en Sueño de una noche de verano, con un traje color carne cubierto de hojas verdes y un antifaz que le tapa la cara. Aquí hay mucho de licencia creativa: la serie nos viene a decir que la figura de Diana Spencer será una de las más misteriosas y emblemáticas de la temporada (qué demonios, ¡de la historia de la familia real!), y quizás por eso introducen este encuentro así, negándose a enseñarnos su rostro y dejando la semilla del interés plantada en el príncipe Carlos.

Pero esto no sucedió así. En realidad, su primer encuentro fue en una cena y baile en Althorp, en el que Carlos le pidió a Diana que le enseñase la galería de la mansión. "Para una chica de 16 años, que alguien te muestre cualquier tipo de atención era increíble. ¿Por qué alguien así estaría interesado en mí?", recordaba Diana en el documental 'Diana: In her own words', disponible en Netflix. Con este momento, quizás se entiende mejor que la joven acabase obsesionada con Carlos, como nos muestra la serie.

Ah, otra cosa que no te cuenta The Crown: ¡Carlos y Diana son primos! Los royals lo hacen todo en familia.

Photo credit: Getty / Netflix
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La explosión del barco de Mountbatten

Volviendo al tema del IRA... Uno de los momentos más impactantes al empezar esta nueva temporada de la serie de Netflix llega con la explosión del barco de pesca en el que viajaba Lord Louis Mountbatten (interpretado por Charles Dance). Es un hecho real: el 27 de agosto de 1979, el primo de la reina Isabel (y una de las personas más cercanas para el príncipe Carlos) salía a pescar en la costa de la República de Irlanda y una bomba colocada en la embarcación le hacía volaba por los aires.

No fue el único: su nieto adolescente, Nicholas Knatchbull, y un niño del pueblo que estaba trabajando para la familia, Paul Maxwell, también murieron en el acto. Lady Doreen Brabourne, de 83 años, lo hizo al día siguiente en el hospital. Hubo tres supervivientes: el hermano gemelo de Nicholas, Timothy, y sus padres, John y Patricia Knatchbull. El IRA se agenció la autoría del atentado.

Photo credit: Netflix
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El test de Balmoral (y quién lo aprobó)

El segundo episodio de la nueva temporada, La prueba de Balmoral, está estructurado sobre algo que parece de ficción: la familia real, especialmente la reina, somete a los invitados que se atreven a viajar a la mansión de Balmoral, en Aberdeen (Escocia), a un examen para determinar si son uno más de la pandilla o no. En este tramo de la historia, es un mecanismo genial para marcar dos relaciones fundamentales: la aceptación de Diana Spencer en la familia y las tiranteces entre Isabel II y Margaret Thatcher. Pero por muy bien que encaje en la ficción, parece ser que se basa en una práctica habitual cierta.

Al menos, así lo contaba en el Daily Record un antiguo mayordomo de la familia real, Gran Harrold, que trabajó para ellos durante siete años. Recuerda: "Si la reina te invita a Balmoral, te está invitando a pasar tiempo con la Familia Real en un ambiente personal. Vas a estar pescando, cazando o haciendo otras actividades en el campo. Balmoral es un gran lugar para estar con la familia real y para que ellos te conozcan. Puede ser una prueba para asegurarse de que apruebas el examen. Vas a querer vestirte para el papel, hablar como debes y comportarte bien. Para la princesa Diana, eso fue fácil. Ella venía de un entorno similar, pero eso no es cierto para todos los invitados a Balmoral". Ya sabemos a quién se refiere: Thatcher definió sus visitas al lugar como un "purgatorio". Y The Crown deja constancia de ello.

Photo credit: Netflix / Getty
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Whatever love means: La extraña frase de Carlos

No me digáis que, cuando Diana y Carlos están en la rueda de prensa en la que anunciaban su compromiso ante los medios, no os preguntasteis: ¿de verdad ha tenido el valor de decir eso? Y con eso nos referimos a: Whatever love means. Lo que sea que signifique el amor. Un periodista hacía un comentario sobre lo enamorados que estaban, Diana suelta un ¡Por supuesto! y Carlos suelta esa ambigua frase que deja a su pobre prometida descolocada después. Aunque parezca increíble, sí lo dijo.

Ojo al momento real, porque su awkwardness no tiene desperdicio:

La bulimia de Diana

Uno de los temas en los que más se ha fijado esta cuarta temporada de The Crown ha sido los trastornos alimenticios de Diana tras su compromiso, y especialmente después de la boda. En efecto, Diana era bulímica, tal y como ella misma reconoció en las grabaciones que conforman el ya mencionado documental Diana: In her own words. "La bulimia comenzó la semana después de comprometernos, y tardaría casi una década en superarla", cuenta. Y recuerda una anécdota que la desestabilizó: "Mi esposo, el príncipe Carlos, puso su mano en mi cintura y dijo: 'Oh, estamos un poco gorditos aquí, ¿no?' Y eso desencadenó algo en mí".

Recién entrada a una nueva vida, asediada por los medios de comunicación, abandonada por su marido (que prefería llamar a todas horas a su gran amor, Camilla Parker Bowles) y llena de frustraciones, Diana sintió su autoestima por los suelos. "No me gustaba a mí misma, me avergonzaba no poder hacer frente a las presiones. Tuve bulimia durante varios años y eso es como una enfermedad secreta. Es un patrón repetitivo que es muy destructivo. Fue mi mecanismo de escape", contaba en el documental.

Photo credit: Des Willie / Netflix
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El hijo favorito de Thatcher se pierde en el desierto

Casi le da un pasmo a Margaret Thatcher cuando le llegan noticias de que su hijo, Mark Thatcher, está en paradero desconocido después de desviarse de la ruta que estaba haciendo en coche en el desierto del Sáhara, durante el rally Paris-Dakar. Estuvo perdido durante un total de seis días, en enero de 1982, y la primera ministra, como nos muestra la serie, estuvo al borde del colapso. Y es que hay otro dato en este aspecto de la historia que es completamente cierto: Mark era su absoluto favorito. Su hermana gemela, Carol, tuvo que lidiar toda su vida con ser una segundona en su familia, y así lo contaría más tarde en sus textos como periodista.

¿Y Mark? Lo encontraron, claro, volvió a casa sano y salvo para convertirse después en un empresario de éxito que acabó recibiendo una pena de prisión de cuatro años en Sudáfrica en 2005 por su supuesta participación en ayudar a financiar un golpe de estado liderado por su amigo, Simon Mann, en Guinea Ecuatorial. Todo un pieza.

Photo credit: Keystone - Getty Images
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El conflicto de las Malvinas

De nuevo, un conflicto por el que The Crown pasa de puntillas y que sirve a un propósito narrativo muy específico: revitalizar el gobierno de Margaret Thatcher. Pero, en fin, eso es exactamente lo que sucedió. Como ella bien supo, nada mejor que una guerra y una exaltación del orgullo de la patria para volver a tener al pueblo inglés en el bolsillo. Especialmente en un momento en el que la clase trabajadora del país pasaba un momento duro y estos sentimientos primarios se presentaron como algo por lo que estar felices.

La guerra duró tan solo unos meses, de abril a junio de 1982, pero sirvió para crear un punto de inflexión en el mandato de Thatcher, que estaba fuertemente cuestionada desde su partido. Vaya, que la querían echar ya, pero ella se sacó de la manga una guerra para unirlos a todos y parapetarse en el poder. Las encuestas, que no hacía tanto la apuntaban como perdedora, la hicieron subir como la espuma. El partido tuvo que apoyarla.

Photo credit: Mirrorpix - Getty Images
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Michael Fagan, el hombre que se coló en Buckingham

Esta es probablemente la mejor historia de esta temporada, además de unos de los mejores episodios de la serie. Hay dramas de la realeza, como uno espera de The Crown, pero también retrato social y crítica al sistema. Un episodio en el que dejan de ser tan Downton Abbey y son más Ken Loach. Pero el relato (real) que vertebra todo esto es el del hombre que consiguió colarse en el Palacio de Buckingham y pasar diez minutos charlando tranquilamente con la Reina. Bueno, igual no tan tranquilamente. ¿Qué hay de cierto en este encuentro que nadie más que los dos implicados vivió?

Su nombre era Michael Fagan, un pintor desempleado de 31 años que supo cómo esquivar a la guardia real no una, sino dos veces. El 7 de junio de 1982, Fagan entró en el palacio, pero la reina no estaba. Según contó en una entrevista, entró para mear. "Encontré habitaciones que decían 'Habitación de Diana', 'Habitación de Carlos', todas tenían nombres. Pero no pude encontrar una puerta que dijera 'WC'. Todo lo que encontré fueron algunos contenedores con 'Comida para corgi' escrito en ellos. Me estaba rompiendo el cuello para ir al baño. ¿Qué debo hacer? ¿Orinar en la alfombra? Así que tuve que orinar en la comida de los corgi. Entré en la habitación de Carlos, cogí el vino del estante y me lo bebí. Era californiano barato", le dijo a The Independent. Ese último detalle con el vino, de hecho, aparece en la serie de Netflix.

El 9 de julio del mismo año, tan solo un mes después, volvió a repetir la hazaña, y esta vez llegó hasta los aposentos de la reina, que estaba durmiendo. Lo que pasó entre ellos en un misterio. Isabel, por supuesto, no ha dicho palabra. Y Michael parecía que se las iba inventando sobre la marcha, aunque llegó a asegurar que, nada más verlo, la reina corrió hacia la puerta y eso fue todo. Pero este hecho ha creado mucha fantasía que el episodio de The Crown usa en su beneficio para tomar licencias creativas sobre un hecho del que nunca llegaremos a saber la verdad.

Photo credit: Ollie Upton / Netflix
Photo credit: Ollie Upton / Netflix

Las primas olvidadas de la familia real

Si la de Michael Fagan es la historia más curiosa, la de las primas de la reina Isabel II es increíble, en el sentido más literal de la palabra. ¿Cómo es posible que dos miembros de la familia real fuesen apartadas como si nada? La historia es más o menos (luego iremos a los menos) como la vemos en The Crown: Nerissa y Katherine Bowes-Lyon, que eran sobrinas directas de la madre de la reina, nacieron con diversidad funcional, por lo que fueron prácticamente encarceladas en 1941 en el asilo Royal Earlswood para personas con deficiencias mentales, en Surrey.

Sin embargo, frente al público, las dieron por muertas. Pero nada más lejos de la realidad. Nerissa murió en 1986 y Katherine aún está viva (es de la quina de la monarca). El escándalo se descubrió tras la muerte de la primera, cuando unos periodistas descubrieron que en su tumba solo había una etiqueta de plástico con su nombre. ¿Por qué esta condición de apestadas, completamente abandonadas por su propia familia, que ni las reconoció, ni las visitó, ni siquiera les dieron los recursos económicos para que pudiesen vivir dignamente? Según la serie de Netflix, y probablemente la realidad del asunto: no querían que se asociase a la familia real con enfermedades mentales, ya que ya habían tenido un historial previo y no querían que eso manchase la reputación de la corona. En aquella época, había mucho estigma e ignorancia sobre esta condición.

Ahora bien, no hay constancia de que la reina consorte estuviese al tanto de este tema, e incluso que fuese cómplice, tal y como sugiere la serie. Asimismo, la princesa Margarita no fue quien las descubrió. Al menos, no hasta donde sabemos. De nuevo, la serie utiliza un hecho real (eso sí, contado con bastante rigurosidad, y hasta un punto de homenaje reivindicativo) para profundizar en unos de sus personajes. Aunque si es el de Helena Bonham Carter, nos parece bien.

Photo credit: Bettmann - Getty Images
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Reina vs Primera Ministra: Condenar el Apartheid

Una de las cuestiones más exploradas en esta temporada de The Crown, y también una de las más misteriosas en la vida real, es cómo era realmente la relación entre Margaret Thatcher y la reina Isabel II. No podemos saber si se llevaban a matar o si en realidad todo eran risas en sus reuniones semanales, pero la serie de Netflix se decanta más hacia los primero. Y lo fundamenta principalmente en un hecho histórico: la condena por parte de la Commonwealth al apartheid en Sudáfrica.

¿Es cierto que la Reina filtró a la prensa sus desavenencias con la Primera Ministra? Si es así, nunca lo reconoció ni lo reconocerá. El 20 de julio de 1986, el Sunday Times publicó esta primicia: un artículo en el que afirmaba que fuentes muy cercanas a la reina aseguraban que encontraba las políticas de Thatcher "crueles, conflictivas y socialmente divisivas". Ya fuese un error del jefe de su departamento de prensa, Michael Shea (que se acaba convirtiendo en uno de los protagonistas del octavo episodio de la temporada), o una estrategia deliberada para presionar a Thatcher de que firmase las sanciones contra Sudáfrica, está claro que rectificó de inmediato, poniendo a Shea como cabeza de turco y disculpándose inmediatamente en privado con la primera ministra. Era la primera vez que la monarca "expresaba" una opinión política públicamente y le cayó la del pulpo.